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PANAMA-PROTESTA

Venezolanos ¡go home!

Pedro Gerardo Nieves

Si en las redes sociales usted ve en la descripción del perfil de alguien nacido por ejemplo en el caserío Chuponal de Pedraza, estado Barinas, que dice: Fulano de Tal, hijo de español, nieto de escoceses, sobrino de neocelandeces y admirador de Kurt Kobain, puede tener la seguridad de que nos encontramos ante un vago que abjura de su Patria y que, en acto o potencia, tarde que temprano, irá a otro país a elevar la inocultable diáspora de venezolanos persiguiendo el muy mediático e incierto “sueño americano”, con sus versiones correspondientes a cada país siempre y cuando este no sea el propio.

Desde tiempos de la colonia se ha sembrado en buena parte de la población venezolana la idea de que lo nuestro malo, tierrúo y poco inteligente y lo extranjero es precisamente lo contrario. Esta maniobra no es ninguna rareza sociológica, habida cuenta de la llegada por oleadas de extranjeros que vinieron a hacerse prósperos huyendo de la pobreza y la guerra a este país lleno de paz y de recursos. Muchos de ellos, una mayoría, felizmente lo consiguieron.

Otros de ellos también saquearon y tendieron puentes con las oligarquías apátridas históricas para entronizarse como jefes políticos, económicos, culturales en desmedro y desmadre de la población nativa.

Porque, contrariamente a otros países, donde el inmigrante es un personaje de segunda o tercera categoría, sometido a penurias y prejuicios raciales, económicos, políticos y culturales, en nuestro país los extranjeros son quienes mandan en sus ámbitos de influencia. Los tipos y tipas se baten un champú con el venezolano de alpargata y dan expresión, a veces con la ayuda de políticos ignorantes o corruptos, a la perpetuación del guión del autodesprecio.

Y lo que es peor, usted puede advertir cómo estos mismos extranjeros (no todos, porque en las generalizaciones se oculta el diablo) echan por tierra las mismas causas que los hicieron avencindarse en nuestro país a ellos o sus ancestros. Así ve usted a colombianos echados de su país por la desigualdad, la pobreza y la guerra que defienden al monstruo de Álvaro Uribe y sus narcoparamilitares; a sirios de segunda o tercera generación que hablan pestes del gobierno y del presidente Bashar Al Asad y quisieran vivir en una disneylandia gringa; a argentinos o chilenos que quieren en nuestro país una dictadura militar como la que los mató por miles; a españoles que sueñan con católicas y devotas dictaduras franquistas o italianos buchones que se adhieren en nuestro país a los equivalentes partidos fascistas de los tenebrosos Camisas Negras que tanta muerte y diáspora le causaron.

Hay, no se puede negar, una digna representación de estas colonias que han venido a echarle bolas al lado de nosotros, que se incorporaron culturalmente sin perder el amor por su lar nativo, que parieron venezolanos y venezolanos e inclusive, algunos escribieron heroicas páginas en defensa de nuestra nacionalidad venezolana.

Hoy cuando se verifican en algunos países actos de desprecio contra los connacionales que viajaron creyendo que el paraíso está en otra parte, es oportuno recordarnos como un país más que hospitalario, amoroso, que dio y da cobijo a los oprimidos del mundo y los hace sus iguales.

Y a los atolondrados que andan llevando rosca gratis en otro país, les reformamos el dicho antiimperialista gritándoles con solidaridad: Venezolanos ¡go home!

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