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Tres campanadas (y un campanazo)

Por Clodovaldo Hernández/ Cuatro F

Primera campanada: sobre fiscales e infiltrados
En abril de 2011 tuve la oportunidad de entrevistar a Sander Chanto, el abogado que fue jefe de Danilo Anderson durante buena parte de la trepidante trayectoria del Fiscal Valiente por el Ministerio Público.

Chanto siempre estuvo –y sigue– de bajo perfil, pero ostenta la distinción de haber sido el tercer personaje que apareció en la borrosa pantalla de VTV, cuando este canal volvió al aire, el 13 de abril de 2002, tras el corte ordenado por los golpistas. Los otros dos fueron Anderson y el entonces presidente del canal, Jesús Romero Anselmi.

Al momento de la entrevista (realizada para Ciudad Ccs), Chanto acababa de jubilarse de la Fiscalía (aunque tenía 54 años, edad temprana para los retiros) y desde esa posición más serena soltó la siguiente advertencia: “Nueve años después, el Ministerio Público sigue infiltrado por funcionarios, algunos de muy alto nivel, que no dudarían en darle un zarpazo al Estado de derecho si se presentase una circunstancia parecida a la del 11 de abril de 2002”.

Hoy ya no son nueve años, sino más de trece, y no sabemos si la situación planteada ha cambiado, pero algunos síntomas indican que sigue igual.

En esa misma ocasión, Sander Chanto habló sobre el proceso electoral que se aproximaba (las elecciones presidenciales de 2012) y dijo lo siguiente: “En las próximas elecciones hay que tener mucha conciencia y memoria. Uno ve con asombro como gente que durante esos días violentó los más esenciales derechos humanos, recurre ahora a instancias internacionales porque supuestamente les están violentando los de ellos. Los ves en las plazas públicas con ese discurso… ¡y ellos salieron a cazar a la gente! Si actuaron así sin que los legitimara una elección ¿cómo se comportarán si tienen un poder emanado del voto?”.

Vale la pena releer estas advertencias (¡talán, talán!) de quien conoció muy bien el monstruo por dentro.

Segunda campanada: reflujo desde la Patagonia
¿Existe un reflujo histórico de las fuerzas de la derecha en América Latina? Así parece. Lo ocurrido en las elecciones presidenciales argentinas son una señal clara de este fenómeno. Vamos a ver si lo encontramos familiar: los grandes beneficiarios de las políticas de inclusión social del período kirchnerista votaron contra el candidato gubernamental, comprometiendo gravemente la continuidad de tales políticas.

Según los estudios, la clase media (que estaba casi extinta al iniciarse el gobierno de Néstror Kirchner), los pequeños empresarios (que no veían luz ante la ola de libre mercado), las minorías sexodiversas (que obtuvieron su ley de matrimonio igualitario) y un importante sector del pueblo pobre (que ha recibido numerosas reivindicaciones) aportaron votos para el derechista Mauricio Macri, quien representa exactamente todo lo contrario. Es como si secreta o abiertamente quisieran regresar a estadios anteriores, cuando eran azotados por el neoliberalismo más ramplón y despiadado.

¿Esa conducta suicida de las masas argentinas podría replicarse en otras naciones que han tenido en los últimos años gobiernos socialistas o, al menos, con sentido social? ¿El reflujo que viene desde la Patagonia podría subir hasta el trópico? Es una posibilidad muy concreta. Oigan las campanas, por favor.

Tercera campanada: enemigos observando
La oposición aparece muy empeñada en exigir la observación internacional de las elecciones del 6D. Su visión del tema está plenamente alineada (cuándo no) con la del imperio: los observadores más que observar deben venir a intervenir, a certificar, a dar el visto bueno, pues somos una democracia subdesarrollada que debe experimentar la tutela de países más avanzados.

Por fortuna, el Consejo Nacional Electoral mantiene firmemente una posición soberana y autónoma, en la que los invitados extranjeros son acompañantes de alto nivel técnico, pero sin atribuciones injerencistas, pues se trata de un asunto interno del país que el Poder Electoral está en total capacidad de resolver.

Sin embargo, es más que evidente que la oposición y sus secuaces internacionales no cejarán en su propósito de insertar en el país, en las horas cruciales (antes, durante y después del proceso electoral) a un grupo de reconocidos enemigos de la Revolución Bolivariana, disfrazados de observadores electorales (con chalequito y gorra) con el deliberado fin de perturbar al país y transmitir hacia el exterior versiones manipuladas de supuestas irregularidades y un gran fraude. En ese plan contarán, naturalmente, con el apoyo de las grandes cadenas de noticias imperiales y de los nefastos socios del Grupo de Diarios de América (para los americanos). Guerra campaneada no mata soldado.

Y el campanazo
El parasitismo se atribuye a la burguesía y el bachaquerismo al lumpenproletariado, pero en todas las clases sociales surgen expresiones de esos fenómenos que, además, no conocen fronteras ni geográficas ni ideológicas.

Una prueba es que hay gente haciéndose millonaria mediante la práctica de raspar cupos en Cuba. El negocio abarca la organización de los tours, la gestoría de papeles y pasajes y la operación de trampa cambiaria en la isla. En la trastada hay funcionarios de la banca pública, operadores turísticos, “emprendedores” cubanos y rolo e’vivos venezolanos.

Es particularmente triste por todo lo que implica, desde el punto de vista ético, en dos países hermanados por los superliderazgos de los Comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez. ¿Alguien oirá el campanazo?

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