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Paz para Colombia lo más pronto posible

Ramón Martínez M.

El jefe máximo de las FARC, Rodrigo Londoño (Timochenko), advirtió que sellar la paz en Colombia puede llevar más de los seis meses de plazo que esa guerrilla y el gobierno anunciaron al comprometerse a poner fin a medio siglo de conflicto armado.

“Los seis meses pueden ser cortos. Podemos hacerlo antes si hay voluntad, pero los seis meses también nos pueden quedar cortos, es decir, que no logremos el acuerdo final”, dijo el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (EP), FARC-EP.

Rodrigo Londoño, conocido por sus nombres de guerra Timoleón Jiménez o Timochenko, se refirió así a la fecha límite del 23 de marzo de 2016, señalada tras una histórica reunión con el presidente Juan Manuel Santos el miércoles pasado en Cuba, durante la firma de un pacto de justicia crucial para el avance del proceso de paz.

“Son temas que se van a poder definir si hay una real decisión política de afrontarlos, pero que nos van a llevar mucho tiempo de discusión si hay trabas”.

La sociedad siempre puede encontrar solución a los problemas si la gran mayoría se compromete, insistió Timochenko. “Lo difícil es si vamos divididos”, agregó e indicó la disposición de las FARC, principal y más antigua guerrilla de Colombia, a discutir cualquier tema.

“El ejemplo más claro: yo era tajantemente enemigo de poner fechas. Pero bueno, me convenció y listo. Vámonos pa’esa. Es más, vámonos, incluso pa’antes de esa fecha”, subrayó, tras afirmar que quiere la paz para Colombia “lo más pronto posible”.

Las afirmaciones del comandante Timochenko, suenan muy claras y precisas, las FARC-EP, quieren y tienen la voluntad de paz, colocar fechas al fin del conflicto es un paso muy determinante y colocan a la oligarquía colombiana en el dilema de cumplir lo pactado o no.

El tema no es fácil, lo que se firmó en La Habana es solo el inicio de la posibilidad del fin del conflicto, el hecho de llegar a un acuerdo en lo que se refiere al tema de justicia y reparación plantea elementos desde el punto de vista jurídico, que permiten a los miembros de la insurgencia tener cierta seguridad de que no van a ser imputados por supuestos delitos cometidos, no obstante, es necesario tener claro que este acuerdo está asediado por los enemigos de la paz, por ello es necesario que se garantice el verdadero desmontaje del aparato paramilitar, lo cual se convierte en el principal problema a resolver, en ello los grandes jefes del ejército colombiano son los principales responsables.

Tenemos un ejército insurgente, que no es derrotado, al contrario, ha logrado llevar al Estado a la mesa de negociación desde su posición política y accionar militar, demostrando al mundo entero que su lucha no ha sido en vano, sino que desnuda la posición de una oligarquía sumisa al imperio y que se ha convertido en la primera actriz de la defensa de los intereses de las transnacionales.
El acuerdo de La Habana permite una salida legal al conflicto, hay un actor en disposición de hacerlo, presumimos que el otro también, y eso esperamos todos los que apoyamos la paz con justicia social en Colombia.

Nos preocupa, eso sí, que el Estado sea garante real del desmontaje del paramilitarismo, teniendo en cuenta su desarrollo y el dominio que ejerce en el momento sobre el narcotráfico y actividades conexas a la delincuencia como son lavado de dólares, contrabando, bachaqueo y otra serie de negocios que generan ingresos altísimos a un sector de la sociedad colombiana.

Los acuerdos firmados en La Habana son el comienzo del fin de décadas de violencia y la justificación del por

Fuente Cuatro F

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