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People queue up outside a supermarket in Caracas on January 13, 2015. Venezuela suffers a shortage of almost a third of commodities, inflation of 64% in 2014 and an economic recession caused in part by drought currency since 2013 is limiting essential imports. AFP PHOTO/FEDERICO PARRA

OPINIÓN/ Los asquerosos corruptos

Verónica Díaz Hung

La guerra económica se nutre de la corrupción que fomenta la escasez, las colas y el bachaqueo, porque si aquellos que pueden luchar contra estos flagelos no lo hacen, son tan aborrecibles como los empresarios que se lucran con el hambre del pueblo.

Nunca como ahora fue tan repugnante un corrupto que usa un cargo para proteger a una derecha que busca generar condiciones similares a las que contribuyeron al golpe contra Salvador Allende y sumergieron a Chile en una larga y sangrienta dictadura.

Cada verdadero revolucionario debe llenarse de valor para luchar contra las poderosas fuerzas que permiten que una señora de la tercera edad deba pasar horas en una cola, o que en los ancianatos los viejitos no tengan comida a causa de la guerra económica, o que se nos haga imposible alimentar a nuestras mascotas, por lo que algunas han sido expulsadas y condenadas a morir poco a poco en las calles.

Yo soy cada día más chavista porque valoro al líder que nos enseñó a sentir orgullo por ser venezolanos y a defender lo que es nuestro, y por esa razón escribo estas líneas que me salen del alma, porque me duele en las entrañas ver cómo tratan de destruir a la Revolución que por más de 17 años se ha ocupado de incluir a los excluidos.

Pero en las crisis, así como aflora la gallardía de un pueblo que resiste una despiadada guerra económica, también emerge lo peor.

Si se aplicaran las leyes seguramente muchos empresarios no actuarían con el absoluto descaro con que hoy acaparan y especulan con la comida y con la mayoría de los bienes básicos.

No es posible que tantas cadenas de supermercados hayan institucionalizado las colas y sea imposible hacerles una auditoría para saber lo que ocurre con los bienes subsidiados una vez que traspasan las puertas de sus locales.

Porque aunque existen las leyes para proteger al pueblo, no se explica por qué no se aplican  como se debería en este escenario de la guerra del hambre. Ya nos hemos acostumbrado a que son los bachaqueros quienes compran y he llegado a escuchar que los ampara el derecho a comprar, tristemente el de ellos, y no el del pueblo que no se lucra con el hambre ajena.

No quiero decir que todos los que hacen colas son bachaqueros, hay un pueblo que debe convivir con estos profesionales de la usura, pero el solo hecho que existan las colas promueve la reventa de números e incluso la violencia entre quienes se ven obligados a perder horas preciosas de su existencia en estos centros de tortura que se han convertido en la principal arma para tratar de derrocar a nuestro Presidente Maduro.

El bachaqueo es un sistema que todo lo corrompe bajo el lema del ¡sálvase quien pueda!

Yo me pregunto qué pasaría si a muchos de los supermercados y panaderías que fomentan las colas y el sufrimiento del pueblo les aplicaran medidas severas y esa comida que hoy se vende a precios bachaqueados, comenzara a distribuirse a través del revolucionario modelo de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Pero cada vez que paso y veo que la cola sigue y que el usurero también sigue lucrándose, me pregunto es qué acaso aquellos que pueden hacer algo no se dan cuenta que nos estamos jugando la paz y la patria de nuestros hijos.

Por eso felicito a la Gran Misión Abastecimiento Soberano, bajo la conducción del general en jefe, ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López y al director de la Sundde, William Contreras, por ese gran esfuerzo por desenmascarar a los corruptos que protegen a los mercaderes del hambre.

 

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