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¿Gobierna Uribe en Santader del Norte?

Humberto Gómez García

No habían transcurrido 24 horas de la decisión presidencial de cerrar la frontera con Colombia y decretar el estado de excepción en varios municipios del estado Táchira, cuando el gran Capo paramilitar Álvaro Uribe llegó de manera apresurada e intempestiva a intentar levantarle la moral al vapuleado mini ejército narcoparamilitarcontrabandista por los contundentes golpes que le produjera el gobierno revolucionario al descubrir y desbaratar bases militares y armamento de diverso tipo y células terroristas; prostitución masiva y esclavitud de niñas colombianas y venezolanas; casas habilitadas para esconder personas secuestradas y torturarlas; centro de acopio y distribución masiva de alimentos sustraídos al pueblo venezolano contrabandeados por trochas y un enjambre de bachaqueros.

Pero Uribe no fue sólo a cuantificar los daños de las operaciones militares, el cierre de la frontera, el despliegue de importantes contingentes militares venezolanos en la zona, las bajas sufridas por sus soldados paramilitares arrestados, heridos o muertos en combate por el Ejército venezolano, la pérdida de un millón de litros de gasolina diarios sólo desde San Antonio del Táchira que se llevaban 40 mil vehículos que diariamente venían de Cúcuta.

Evidentemente el jefe supremo del paramilitarismo colombiano, que le ha declarado la guerra a muerte a la Revolución Bolivariana desde el año 2000, ayer al comandante supremo Hugo Chávez, hoy al presidente Nicolás Maduro y tiene (él y la facción de la oligarquía que comanda) entre sus objetivos y planes secesionar la llamada ‘media luna’ venezolana (Zulia, Mérida, Trujillo, Táchira y Apure), crear una “república” independiente para luego anexarla a Colombia, no estaba preparado para este demoledor golpe cuando tenía y tiene preparada una ofensiva militar contra Venezuela pese a la derrota de 2014, la invasión que derrotó y le frustró el pueblo venezolano cuando desde Colombia promovió, financió e impulsó las guarimbas y el plan de ‘la salida’ de López, la Malinche Machado, Borges y el vámpiro Ledezma y las bandas terroristas de los grupos PJ y VP, que dejó un saldo de 43 venezolanos muertos en su mayoría por sus terroristas francotiradores y paracos. Táchira era clave en aquel plan, ya se lo había escrito al mercenario J J Rendón y había que ocuparla. Entonces, ante la gravedad de aquellas insurrección artificial provocada por los Alcaldes (Ceballos y cía), propusimos el Estado de Excepción.

De un papetismo insoportable, Uribe el paraco mayor, con su decadente histronismo, en un improvisado show, hablando por un megáfono, rodeado de un grupo de sus subordinados, paramilitares, bachaqueros, empleados de las casas de cambio, narcotraficantes, periodistas tarifados, etc., etc., enfiló su ataque contra Venezuela, la Revolución y el Presidente Maduro. Desde instar a Santos al rompimiento de relaciones con Venezuela, pedir la salida de Colombia de la Unasur. Con las más insoportables lágrimas de cocodrilo convirtió al bandidaje paramilitar que huyó corriendo por el río limítrofe de las dos naciones en sufridos ciudadanos que les habían violado brutalmente sus derechos humanos. Nada dijo, naturalmente, de las más de 300 niñas menores de 15 años que sus paramilitares explotaban como prostitutas y tenían esclavizadas o de los humildes bachaqueros, pimpineros y comerciantes amenazados y también esclavizados o de los comerciantes de esa ciudad que tienen que pagar vacuna al paramilitarismo para poder funcionar.

Uribe no perdió tiempo para, además de expresar su profundo odio hacia nuestro pueblo, país y gobierno, sino que con sus secuaces armó una campaña de odio, criminal y profundamente xenofóbica contra Venezuela, eso se tradujo en la sistemática campaña no sólo mediática a nivel de todo Santander del Norte y el resto del país sino incluso a nivel “popular”, “humildes pobladores” que fueron pasando, en un acto público televisado en un parque, por un micrófono abierto al mejor estilo fascio y allí repetían el libreto de odio previamente ensayado, es decir, desearle la muerte al presidente venezolano, atacar a las Fanb, al proceso socialista y desearnos todos los males habidos y por haber. Asquerosos mini discursos de personas incultas, malhabladas que no ocultaban su resentimiento porque Venezuela dio un paso soberano. Evidenciaban que se sentían dueños no sólo del barrio al que le pusieron el nombre de lo que estaban haciendo: “La invasión”, se sienten dueños del Táchira todo.

Eso fue allí en Cúcuta y en el resto del Departamento de Santander. Ahora, como no hay gasolina bachaqueada (a los pimpineros los alcaldes de la región les cobran un impuesto a la gasolina contrabandeada pero no le decomisan ésta que es adquirida ilícitamente, ¿qué tal?), las colas son de pronóstico pues más del 80% de la gasolina provenía ilegalmente de Venezuela y al menos un escaso 10% la aporta Ecopetrol. Mientras en Bogotá, Uribe movió sus bandas armadas a las sedes diplomáticas de Venezuela, y desde lujosos carros y motocicletas, “niños bien” de la clase media bogotana y un pequeño grupo fascista compuesto por elementos del lumpen, atacaron las sedes diplomáticas, “defendiendo” a sus pobres compatriotas injustamente repatriados. Era evidente el objetivo de Uribe y su combo, crear un estado emocional de odio contra Venezuela en sectores medios y derechistas preparando las condiciones de un golpe paramilitar de gran envergadura en nuestro país.

Algo queda totalmente claro, Uribe y el paramilitarismo controlan y gobiernan en el Departamento del Santander, base de operaciones de toda la guerra económica y militar contra el pueblo de Venezuela. Desde allí sale la guerra para destruir nuestra moneda al imponer el cambio a 4 pesos por bolívar cuando en verdad el cambio monetario es superior a los 220 pesos por bolívar. El año 2000, bajo el gobierno criminal de Uribe, el Banco Nacional decretó que las casas de cambio de la frontera tenían luz verde para manejar a su arbitrio el valor de la moneda venezolana, ello se agudiza con la guerra económica internacional que se desata contra Venezuela a la llegada de Nicolás Maduro al poder el año 2013. Desde Miami, utilizando la página ‘Dólar Today’, en complot con Bogotá, Cúcuta y Madrid, ante la mirada complaciente del gobierno de Santos que ni cuida la frontera ni controla, el masivo comercio ilegal con productos contrabandeados de Venezuela, aquel mini Estado o Estado paralelo que es Departamento Santander del Norte, desde donde se prepara la destrucción de un país vecino que le ha dado albergue a la friolera de casi 6 millones de sus ciudadanos colombianos que huyendo de la guerra, de las persecuciones de latifundistas y paramilitares para robarles las tierras; huyendo del hambre y la miseria han recalado en Venezuela, es decir, un genocidio cometido por la oligarquía colombiana, por sus gobernantes, especie de maltusianismo moderno, reducir la población del país, o exterminándola como hizo Uribe Vélez y sus ‘falsos positivos’ y las masacres de sus tropas paramilitares o empujándolos al éxodo incontrolado hacia Venezuela, en primer lugar, Ecuador, Panamá y otras naciones donde sí las maltratan, humillan y explotan.

El genocida de Uribe, autor de incontables crímenes, siniestro personaje sobre el que recaen todas las cosas negativas imaginables, no sólo no podrá con Venezuela, su pueblo, el presidente Maduro y nuestra Revolución. Seguiremos derrotándolo y más temprano que tarde la justicia lo hará pagar tantos crímenes contra Colombia y su pueblo, contra Venezuela y Latinoamérica.

(humbertocaracola@gmail.com) (@hgcaracola)

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