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El curso torcido de los chavistas sin Maduro


                                                                         “Cuando el clarín de la patria llama

                                                                           hasta el llanto de la madre calla”

                                                                                          Simón bolívar

 

miguel_ugas *Miguel Ugas

Dentro de ciertos círculos políticos es común la expresión soy chavista pero no madurista, con la cual se alude al hecho de que quien así se asume se identifica con el ideario del Comandante Chávez pero no con el accionar del actual Presidente, es decir, con ello se quiere significar que, por estar, la práctica política de Nicolás Maduro, según sus particulares punto de vista, distanciada de lo que se ha dado por llamar el legado chavista, hay razones como para no sentirse comprometido y hasta enfrentar la gestión del actual Presidente.

 

Por supuesto, quienes así piensan están en el legítimo albedrío de ostentar la posición política más acorde con sus interpretaciones de la realidad política nacional. Pero, ello no obsta a que critiquemos esa posición que, desde nuestro particular enfoque, en las actuales circunstancias por las que atraviesa el país, le hace un flaco servicio al proyecto político liberador bolivariano.

 

Comparsas

 

Es más, nos atrevemos a sostener que tal postura, independientemente de la trayectoria de la que estén revestidos algunos de quienes la sustenten, objetivamente, tiene un carácter contrarrevolucionario, y, quieran o no, se colocan de espaldas a los intereses del pueblo; haciendo el papel de comparsas, de los sectores que pretenden recolonizar a la Patria, la de Bolívar y Chávez.

 

Entendemos que hay fallas y que se han cometido errores, que, en fin, hay diversas motivaciones para asumir una posición crítica frente a la conducción del proceso, y no de ahora, sino, incluso cuando lo dirigía el propio Comandante Chávez; lo cierto es que ninguna revolución está exenta de cometer errores, como no lo está ninguna obra ni creación humana, y, como tal, es propensa, a su vez, de corregirse y enmendarse para avanzar.

 

Pero también es cierto que tales desviaciones no tienen la magnitud como para negar el inmenso esfuerzo transformador que se ha venido desarrollando en la sociedad venezolana con la revolución bolivariana y chavista; allí está el cúmulo de indicadores que lo sustentan y en los cuales, por limitaciones de espacio, no nos vamos a concentrar, en todo caso, hay suficiente registro de los logros alcanzados.

 

Amenazas

 

Ahora, en lo que sí estipulamos necesario concentrarnos, en esta oportunidad, es en las amenazas nada fortuitas que gravitan sobre el país y frente a las cuales, hay que cerrar filas, de manera militante, en torno a un solo centro de dirección política, en este caso, bajo la conducción de Nicolás Maduro Moros, independientemente de las críticas que consideremos menester formular. Amenazas que, permanentemente, hay que relievar y denunciar.

 

En primer lugar, la amenaza primaria que constituye la pretensión del imperialismo yanqui de reposicionarse de las grandes riquezas nacionales que el proceso bolivariano supo rescatar y que, para tal propósito, ha venido montando un múltiple escenario intervencionista que abarca desde el extremo de una latente acción armada directa para lo cual ha estructurado un atemorizante arco de bases militares con el que prácticamente tiene cercado al país en los cuatro puntos cardinales.

 

Hasta el dispositivo jurídico que se ha articulado con las Órdenes Ejecutivas que tienen carácter de decretos-leyes promulgadas y reiteradas por el “premio nobel de la guerra”, presidente Barack Obama, en las que acusa a Venezuela de ser una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, poniendo en evidencia la intencionalidad de utilizarlas, tal espada de Damocles, como parapeto legal para justificar la intervención si las circunstancias así lo requirieran.

 

Pasando, claro está, por el empleo de los alfiles que dispone en la OEA (Almagro y congéneres) y en la derecha internacional que apuntan a la activación de la carta democrática interamericana con la cual declarar una “crisis humanitaria” en nuestro país y con ello cohonestar la intervención internacional. Toda esta patraña aderezada con la consabida campaña mediática de desprestigio que tiene su epicentro en el eje Madrid- Miami- Bogotá que no desestima ocasión para señalar al Estado venezolano como violador contumaz de derechos humanos, y  con el cerco financiero con el que se nos pretende cercenar el acceso al crédito internacional.

 

Un malévolo y orquestado plan, reforzado, en el orden interno, con la caída abrupta de los ingresos petroleros, en parte, provocada por la manipulación imperialista del mercado petrolero y con la guerra económica que las compañías transnacionales y la burguesía lacaya parasitaria han desatado dentro del ánimo de crear una situación de anarquía y desesperanza en el pueblo, proclive a generar un ambiente que les haga posible el desencadenamiento de cualquier desenlace, conducente al derrocamiento del gobierno constitucional e incluso más allá, como sería la generación de una guerra civil y la intervención armada de un ejército internacional. En la historia contemporánea situaciones similares se han presentado con el manto impúdico de la acción imperial.

 

Curso torcido

 

En este escenario, la opositora y antipatriótica Mud, francamente, juega el papel de instrumento acomodaticio del plan imperialista; y aquellos que se desgajan del proyecto bolivariano bien por ingenuidad o bien con el cálculo de que, pescando en río revuelto, pueden erigirse en una alternativa, han torcido el curso y ello, irremediablemente, los conducirá al antehistórico  camino de la contrarrevolución y de la antipatria. En esta hora clave para el país se impone la consigna-fuerza formulada por el Comandante Chávez en su última alocución al pueblo venezolano, aquel premonitorio 8 de diciembre de 2012: UNIDAD-LUCHA- BATALLA y VICTORIA.

 

 

*miguelugas@gmail.com

 

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