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El constituyente Bolívar

Alí Ramón Rojas Olaya

La visión del Libertador Simón Bolívar de unir la Capitanía General de Venezuela y el Virreinato del Nuevo Reino de Granada en una gran república se realizó el 17 de diciembre de 1819 en el Congreso de Angostura en el cual se dictó la ley fundamental de la República de Colombia. Inmediatamente Bolívar llamó a un proceso constituyente para elaborar la constitución. Esto se concretó el 6 de mayo de 1821 cuando se instaló el Congreso Constituyente. De esta Carta Magna destaca (1) la nueva geometría del poder: Colombia quedaba dividida en departamentos (Cundinamarca, Venezuela y Quito), provincias, cantones y parroquias, bajo el mando de intendentes, gobernadores y alcaldes y cuya capital era Bogotá; (2) la adopción de un gobierno centralista; y (3) el Poder Público dividido en Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

Los hechos de 2002 y 1828 tienen muchos parecidos. En el año 2002 la burguesía parasitaria apuñaleó la constitución de 1999 con el decreto de Carmona Estanga que derivó en que nos encontráramos sin Estado el 12 y 13 de abril. En el año 1828 la historia no es muy distinta. En aquel febrero, Luis Vargas Tejada viajó a la ciudad de Ocaña como parte de la cofradía de diputados federalistas que apoyaban a la Asamblea Constituyente propuesta por Francisco de Paula Santander que se llevaría a cabo entre el 9 de abril y el 10 de junio de 1828 en Ocaña y cuyo objetivo era reformar la Constitución de Cúcuta para abonar el terreno de un golpe de Estado al presidente Bolívar. El padre de la Patria le escribe al historiador José Manuel Restrepo el 3 de abril: “Estamos en situación muy crítica y no debemos dormirnos. Nuestra apatía y la de los buenos es un veneno mortal. El opio es menos dañoso. Yo recomiendo a todos los sustentáculos de la patria más que celo entusiasmo y exaltación porque de otro modo no hay salud”. Luego le escribe al diputado José María del Castillo el 11 de abril: “Crea usted, el hombre es hijo del miedo, y el criminal y el esclavo aún más… ellos saben que mi magnanimidad es muy superior a cuanto exige la política… La imprudencia de algunos de mis amigos no es comparable con los atentados enormes de esa facción… Amenazan destruir nuestra obra cuando nosotros representamos la fuerza del león y ellos la malicia de la zorra”. Al día siguiente le escribe al general Páez: “No veo entre mis amigos ese calor fanático que tienen nuestros enemigos, y si la Convención se deja arrastrar de los malvados muchos males caerán sobre la patria,… porque desde el momento que le falta la legitimidad a una institución nueva, todos sus enemigos se consideran con derecho y potestad para arruinarla y los hombres honrados muestran poco interés por ella y aún califican de justo el proyecto de destruirla… de ninguna manera aceptaré el tÍtulo de ciudadano en un país inconstituido y por consiguiente discorde y débil… el proyecto de la oposición es hacer tan débil al gobierno central que sea ingobernable… mientras seamos viciosos no podemos ser libres… Montesquieu lo ha expresado. Por lo tanto nuestra lucha será eterna y nuestros males se prolongarán en busca de lo imposible”. Después le escribe al doctor Miguel Peña el 14 de abril: “Los santanderistas tienen en sus manos todos los resortes del mal. Ellos se ligarían con los españoles con tal de destruirnos”. El constituyente Bolívar le escribe al general Pedro Briceño Méndez el 23 de abril: “No veo más que derrotas y desaires, los contrarios están erguidos llenos de satisfacción,.. Ustedes por el contrario parece que defienden un crimen esperándolo todo de la compasión y de la humanidad… Ustedes se van a transar porque no tienen bastante fuerza para sostener lo útil y lo justo y porque la virtud es modesta y el crimen violento. ¿Pero qué patria se puede salvar en medio de tantos monstruos que lo dominan todo, cuando la virtud se llama servil y el parricidio liberal, y cuando el más atroz de los ladrones es el oráculo de la opinión y de los principios? Siempre nos han de calumniar y a la magnanimidad no la ven los criminales sino como flaqueza. No es justo sacrificar la república a las charlatanerías de los maldicientes”. Finalmente le escribe al general O’Leary el 8 de mayo: “No quiero ser más la víctima de los perversos ni de los moderados tímidos”.

Tal sería la acción constituyente del presidente Bolívar que la intentona golpista fue truncada por la imposibilidad de un acuerdo conciliatorio entre los sesenta y cuatro diputados reunidos. Los bolivarianos defendían una república centralista y los santanderistas virreinales abogaban por un sistema federalista que desintegrara la unión para entregar lo que quedara de ella a la planta insolente del extranjero. Al término de la convención Luis Vargas Tejada, notoriamente iracundo, escribió al borde de la mesa: “Yace aquí la convención del pueblo colombiano que muere con honor después de actuar en vano, su corazón vi herir con puñal asesino por el mismo enemigo que a su recinto vino, pero ¡renacerá!, no pierdo la esperanza más grande y más ilustre……del día de la venganza”.

Ese mismo año Vargas Tejada acompañó a Santander como delegado de Colombia ante el gobierno de los Estados Unidos, y se comunicó varias veces con el cónsul inglés James Handerson a través de cartas. El 27 de agosto, ante el vacío de poder creado por la disolución de la Convención de Ocaña, El Libertador asume el mando supremo del Estado y dicta, para normar su propia actuación, un Decreto orgánico expedido el 27 de agosto de 1828 en Bogotá. Hoy como en aquel 1828 hay dos opciones: la paz de Bolívar o la violencia de Santander. Socialismo o barbarie. Entreayudarnos o entredestruirnos ¡Seamos constituyentes como el presidente Libertador! ¡Bolívar vive!

Fuente Cuatro F

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