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El Congreso de Angostura: “Balanza de nuestros destinos”

José Gregorio Linares

A menudo los sectores más conservadores y privilegiados de la sociedad se niegan a entender el trascendental significado de los eventos políticos que les toca presenciar de cerca. No comprenden las acciones populares que se desarrollan a su alrededor. Piensan que la sociedad donde viven es eterna y no perciben las señales que anuncian las profundas transformaciones que el pueblo es capaz de ejecutar. No entienden los acontecimientos en curso que cambiarán el rumbo de la Historia. No se percatan de los cambios radicales; piensan que son perturbaciones pasajeras y superficiales. Subestiman a los actores que defienden proyectos políticos contrarios a los suyos; se imaginan que nada importante pueden lograr. Como viven en torres de marfil, se aíslan del movimiento real y crean un mundo ficticio desde donde lanzan sus opiniones. Cuanto más tarde se percatan de su error, peor para ellos. Ya no tienen tiempo ni poder para recuperar su paraíso perdido. Ilustremos estas ideas.

En el año 1819, el Libertador convoca un Congreso Constituyente en Angostura, hoy Ciudad Bolívar. Sesionó desde febrero de 1819 hasta enero de 1820. Era el segundo Congreso Constituyente de la República de Venezuela, después del de 1811. Su idea era: 1) crear un Estado Republicano sobre bases raizales porque “nuestro pueblo no es el europeo ni el americano del norte”; y 2) fundar una gran nación suramericana (integrada por Venezuela, Nueva Granada y Ecuador), ya que este “ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas”.

La “Ley Fundamental” o Constitución Nacional que surgiera de allí debía orientar la vida del país y de su pueblo. En la sesión inaugural Bolívar dijo a los constituyentistas: “No olvidéis que vais a echar los fundamentos a un pueblo naciente. En vuestras manos está la balanza de nuestros destinos”. En ese momento, los patriotas aún estaban en guerra con los españoles, quienes controlaban gran parte del territorio. Sin embargo Bolívar veía lejos. En este Congreso Constituyente se daría santa sepultura al colonialismo español; arrebatarles el poder por la vía militar era cuestión de tiempo. Lo fundamental era delinear un programa político que garantizara “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social, y la mayor suma de estabilidad política”.

Esta era el arma de la razón. Lo que impulsaría al pueblo a luchar y a morir si era necesario por una causa justa. Ahora tenía un proyecto actualizado que defender: “la creación de un cuerpo político y aun se podría decir la creación de una sociedad entera”, destaca el Libertador. Para ello “multitud de beneméritos hijos tiene la patria, capaces de dirigirla”. Además el pueblo en rebelión apoya este proceso constituyente. “Aquí – ratifica Bolívar- fuera de este soberano cuerpo se encuentran ciudadanos que en todas épocas han demostrado valor para arrostrar los peligros, prudencia para evitarlos y el arte, en fin, de gobernarse y de gobernar a otros”.

Los españoles en el poder no entendieron nada de esto. Su soberbia no les permitía aceptar que un pueblo insurrecto diseñara un proyecto político y promulgara una constitución por la cual estaba dispuesto a regirse. Se burlaron de Bolívar y su Congreso Constituyente. Con sorna preguntaban en la Gaceta de Caracas (31 de marzo de 1819): “¿Qué pueblos nuestros han dado poderes a esos cuatro miserables para que huyendo de nuestra fidelidad se reúnan en uno de los ángulos más distantes de nuestro territorio: formen una junta extravagante y ridícula; la denominen Congreso General de Venezuela; se titulen representantes de sus diversos distritos; se llamen sus legisladores; y aparezcan ante todas las naciones arrogándose un carácter, cuyo origen era tan falso?”. Afortunadamente la burla se les convirtió en tragedia… al poco tiempo perdieron el poder: en 1819 en Nueva Granada, en 1821 en Venezuela, en 1822 en Ecuador, y en 1824 en todo el continente. Cinco años bastaron desde la instalación del Congreso de Angostura para que “cuatro miserables” irradiaran su luz libertaria por todo el hemisferio.

Hoy la nueva Asamblea Constituyente se plantea como tarea prioritaria culminar las labores que el Congreso Constituyente de Angostura dejó pendientes. En ese sentido lo primero que hay que garantizar es la estabilidad política: “si no hay un respeto sagrado por la patria, por las leyes y por las autoridades, la sociedad es una confusión, un abismo; es un conflicto singular de hombre a hombre, de cuerpo a cuerpo”. Allí el Padre de la Patria exigió castigo para aquellos “cuyos únicos móviles son la espada exterminadora y las llamas”, aquellos que no quieren “ciudades, sino ruinas”. Ese es el primer mandato del pueblo legislador. ¡Hay que ejecutarlo!

Fuente Cuatro F

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