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Constituyente: ¿Necesidades o intereses particulares?

Por Alí Ramón Rojas Olaya

Dos temas que trata Simón Rodríguez deben ser considerados por la Asamblea Nacional Constituyente: la teoría de las necesidades y su lección sobre los intereses particulares. El primero establece que las necesidades básicas son: “darle de comer al hambriento, vestido al desnudo, posada al peregrino, remedios al enfermo y alegría al triste”. Son estas cinco las que determinaron la creación de las misiones sociales y el impulso de los quince motores. Son ellas, por tanto, el blanco de la burguesía para desestabilizar la obra del Gobierno Bolivariano.

El segundo tema es el relacionado con los intereses particulares. “La idea de república, explica Rodríguez, es el resultado de muchas combinaciones, es la más simple expresión a que el estudio del hombre ha reducido todas las relaciones sociales. Su fórmula es: pueblo multiplicado por intereses particulares dividido por intereses particulares es igual a república”. La didáctica de la que se vale Rodríguez es de una contundencia tal que con esta fórmula nos explica lo peligroso que resulta el egoísmo en la sociedad: “los hombres se reúnen por sus intereses porque buscan cada uno su conveniencia sin consultar la de otro”.

La conclusión a la que llega es a su vez una propuesta socialista: “el único medio de establecer la buena inteligencia, es hacer que todos piensen en el bien común, ya que este bien común es la república”. No hay mejor definición de socialismo que la que subyace en los planteamientos robinsonianos: “Debemos emplear medios tan nuevos como es nueva la idea de ver por el bien de todos, donde la misión del gobierno sea cuidar de todos, sin excepción, para que cuiden de sí mismos después, y cuiden de su gobierno”.

Simón Rodríguez explica que “una revolución política pide una revolución económica”. El gobierno, por consiguiente, no sólo debe instalarse en Miraflores sino en los medios de producción. De lo contrario podría pasar lo que ocurrió en Suráfrica: Mandela erradicó el Apartheid, pero el capital siguió anclado. El capitalismo ordenó la economía y la montó en una estructura para que subsistiera por los siglos de los siglos. Los dueños del capital son lobos disfrazados de corderos. “No hay peor mal que el que se hace bajo las apariencias del bien”, alerta Rodríguez. Una revolución no da limosnas. “En el sistema económico actual, continúa Rodríguez, las grandes propiedades son brazales, de donde salen las regueras que van a humedecer los planteles”. Por esto “lo primero que se desordena en una revolución es la economía”. La oligarquía nos hace ver que sus empresas son imprescindibles, que sin ellas, manejadas por ellos, no podemos vivir, “hace depender todo de los grandes, ellos son señores del suelo y dueños del trabajo”.

Los intereses particulares no son exclusividad de la burguesía parasitaria. No olvidemos lo que nos dice Mao Tse Tung sobre el corazón burgués que habita en algunos revolucionarios, sobre todo en el sector empresarial que forma parte del cuerpo constituyente y de algunos personeros que han hecho negocios en cargos públicos. Ambos grupos intentarán proponer artículos, párrafos, oraciones e ideas que favorezcan y cuiden sus actividades comerciales. Por ello, la actitud de las voceras y voceras de los movimientos revolucionarios debe ser radical. Debe dejarse a un lado la tibieza política. Sólo la radicalidad es garantía para emprender la verdadera transformación que, como lo dice Rodríguez, debe arrancar desordenando la economía que sigue anclada a viejas estructuras burguesas, entre éstas el código de comercio.

Para que los intereses particulares sean neutralizados y las cinco necesidades de Simón Rodríguez sean satisfechas, debe: (1) Desarrollarse una política agroalimentaria eficiente. (2) Nacionalizarse la banca privada. (3) Producirse las materias primas necesarias para no depender de divisas. (4) Reemplazarse los seguros privados de hospitalización, cirugía y maternidad por una política eficiente de atención hospitalaria pública. (5) Sustituirse la exportación de petróleo por sus derivados, (6) profundizarse los 15 motores productivos para romper con el rentismo. (7) Enseñarse la historia de Venezuela y la de América Latina y el Caribe en relación con la injerencia estadounidense en todos los programas de formación de los distintos subsistemas de educación formal y no. (8) Apoyar y promover el parto humanizado porque nacer no es un negocio, es una bendición. (9) El transporte urbano y rural deben ser públicos. (10) Embargarse todos los bienes de empresarios que hayan participado en la guerra contra el pueblo así como la expropiación de sus empresas. (11) Trazarse una nueva geometría del poder: consejos comunales, comunas (toparquías), corredores, estados y regiones. (12) Cambiar los nombres de los estados Barinas, Portuguesa, Falcón, Monagas y Vargas, por los de Zamora, Maisanta, Chirino, Avanzadora y Guaira, respectivamente. (13) Tomarse las universidades públicas. Que la Universidad Central de Venezuela haya negado vender la tinta indeleble al Consejo Nacional Electoral y se haya negado a inscribir a los estudiantes asignados por el CNU, hayan parado las actividades presenciales y hayan fomentado las guarimbas y demás acciones terroristas, son indicativos de qué acciones debe tomar el poder constituyente originario en relación a las universidades que no sólo están de espaldas al país, sino que son laboratorios de transculturización y alienación que agreden la doctrina bolivariana. Para tener una idea de este agravio, respaldado por el prostituido concepto de “Autonomía universitaria”, basta ver el alarmante éxodo de estudiantes egresados de nuestras universidades gratuitas, toda una fuga de cerebros, a otras latitudes, sin dar nada a cambio. (14) Crearse políticas sobre los bienes inmuebles ya que los altos costos de estos son un negocio que atenta contra la seguridad de la patria. Sólo quiénes viven del narcotráfico, la corrupción y el paramilitarismo pueden adquirir viviendas, oficinas o terrenos en el país. (15) Iniciarse el proceso para la conformación de una gran nación, a semejanza de la República de Colombia que ideó Bolívar en Angostura el 17 de diciembre de 1819 y reformuló Augusto César Sandino con su “Plan de Realización del Supremo Sueño de Bolívar”. Esto significa concretar el supremo plan bolivariano y chavista para hacer de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) esa nación formada por 34 repúblicas y un estado plurinacional. Se extenderá desde parte del polo sur y la Patagonia hasta la parte que fue mexicana hasta 1848. Incluirá la República de Florida que fundara McGregor por órdenes de Simón Bolívar en 1817. Por principios bolivarianos de soberanía, defensa y autodeterminación de los pueblos, se creará la Fuerza Armada Bolivariana (Ejército, Armada, Aviación y Milicias), el Banco Central Bolivariano y las bases militares estadounidenses tendrán un plazo de un mes para ser retiradas.

Ya tenemos 545 voceras y voceros del pueblo prestos a redimensionar la Carta Magna que declare al Estado Comunal que debe sustituir al Estado rentista y que pulverice al Estado Liberal Burgués, única forma de garantizar la propuesta de Kléber Ramírez Rojas, “producir alimentos, ciencia y dignidad” y la de Aquiles Nazoa, enaltecer “los poderes creadores del pueblo”.

Fuente Cuatro F

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