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Clodovaldo Hernández: Cuatro Paradojas

Paradoja 1: En la frontera, normalizar no es anormalizar

Fue muy importante la explicación que el presidente Nicolás Maduro dio acerca de lo que debe entenderse por la expresión “normalización progresiva de la frontera”, que resalta como uno de los compromisos suscritos por el jefe de Estado y su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, en su encuentro en Quito.

Fue importante porque en su uso más corriente, la idea de volver a la normalidad se refiere a que las cosas sean como habitualmente son, como siempre han sido, sin que necesariamente esto suponga que se hagan de manera correcta. En el caso de la frontera, esto conduce a una paradoja: Casi todo lo que pasa cotidianamente en esos espacios es anormal, anómalo, aberrante, de modo que si normalizar significa el restablecimiento de ese orden de cosas, equivaldría a “volver a la anormalidad”, es decir, que la normalización podría terminar siendo una anormalización…

La explicación del Presidente despejó esta inquietud, pues dejó claro que el gobierno bolivariano no va a permitir que se reanude el estado general de anomia que se había instaurado en los puntos de contacto más calientes entre Colombia y Venezuela. Sin haber realizado mediciones científicas, por mera intuición política, puede afirmarse que el apoyo popular a las medidas de saneamiento integral de la frontera tenderán a consolidarse si se cumple escrupulosamente ese lineamiento presidencial.

Paradoja 2: Mientras más ventaja, menos gente

Dicen ciertas encuestadoras, ciertos analistas y ciertos medios que la oposición está –en términos hípicos– desprendida en la punta en la carrera hacia las elecciones parlamentarias del 6D. Algunos han llegado a asegurar que la ventaja será de veinte puntos porcentuales, es decir, una paliza que para qué te cuento.

Lo paradójico es que mientras más se habla de esa enorme ventaja, las manifestaciones opositoras se vuelven más chiquitas. La del sábado 19, en Caracas, batió récord de poca asistencia. Se vio escuálida (en el sentido recto de la palabra) a pesar de que los organizadores tomaron la precaución de ubicarla en una calle de Chacao, rehuyendo los espacios más grandes como las plazas Alfredo Sadel de Las Mercedes, o Brión de Chacaíto.

Es de esperarse que una fuerza política que está en camino a protagonizar una gran avalancha electoral se encuentre en estado de efervescencia y exprese su descontento mediante contundentes manifestaciones callejeras. Pero este no es el caso de la coalición opositora que, según las mentadas encuestadoras, analistas y medios, tiene los votos asegurados, pero no es capaz de convocar ni a dos mil personas en la actividad que iniciaba –informalmente- la campaña electoral. ¿Raro, no?

Paradoja 3: Peinar al espejo

Mi politóloga predilecta número 2, Eva Ritz Marcano, asegura que el chavismo sigue dándole vueltas a la autocrítica, pero sin llegar todavía a algo concreto en ese difícil campo.

Ella tiene una explicación metafórica. Dice que la autocrítica es como verse al espejo. Calcula, al ojo por ciento, que aproximadamente la mitad de los dirigentes y militantes no quieren ni siquiera pensar en eso de mirarse ellos mismos a los ojos. A algunos les da miedo y a otros, pena.

En la mitad que queda, hay algunos individuos a los que les ocurre algo muy extraño: pasan horas mirándose a sí mismos, pero las conclusiones que sacan no se refieren a sus propios errores, sino a los de los demás.

También hay unos cuantos casos de personajes que lo han intentado, pero lo que ha ocurrido es que se han enamorado de sí mismos. El embelesamiento, innecesario es aclararlo, acaba con cualquier plan de autocriticarse.

Otro grupo sí ha logrado superar el Efecto Narciso, es decir, que ha utilizado el espejo para mirarse a fondo, con sentido cuestionador, pero lo importante –dice Eva– no es el ejercicio en sí mismo, sino lo que se hace con la información obtenida. “Hay gente que se percata de que está despeinada y pretende corregir el error pasándole el peine a la imagen en el espejo y no a su propia cabellera”. ¿En qué grupo cae usted?

Paradoja 4: Con mi matrícula no te metas…

Durante años, madres y padres de niños, niñas y adolescentes de la clase media han llevado adelante una lucha que puede parecer cosa de locos: han defendido a capa y espada el derecho de los dueños de los colegios a imponer los montos de inscripciones y matrículas que mejor les parezcan. Esto lo han hecho bajo el supuesto de que así defienden a sus criaturas del adoctrinamiento castrocomunista que pretende inculcarles el rrrégimen.

El lema “Con mis hijos no te metas” mutó en la práctica a “Con mi matrícula no te metas”, que era, en realidad, “con la matrícula que me cobra, no te metas”. Ha sido una manera de reivindicar su sagrado derecho a pagar caro, una actitud prepotente típica de cierto segmento del antichavismo. Pues bien, los aumentos aplicados para el año escolar que se está iniciando, sumados a los estragos generalizados que ha causado la guerra económica en la clase media, han obligado a unas cuantas familias a retirar a sus hijos de los colegios más costosos y a inscribirlos en otros más económicos, lo cual, a muchos les ha causado una gran depresión.

De esta manera, el libre mercado por el que batieron lanzas, los está triturando sin misericordia. ¡Vaya paradoja!

Un comentario

  1. Lo que escribe Clodovaldo no tiene desperdicio. Aprovecho la ocasión para expresarle mi respeto. Debo decir que leyéndolo a él me viene a la memoria, nada menos que “Puerta de Caracas” o “Aquí Hace Calor”, en aquel añorado diario que fue El Nacional. Esos sabios de la escritura que fueron los hermanos Nazoa: Aquiles y Aníbal nuestro reconocimiento eterno…bueno lo único que le cuestiono a Clodovaldo Hernández, y es de la Paradoja 4, donde dice que se llevan sus hijos para colegios donde cobran “más económico”. ¡Yo no digo así! Hace muchos años abandoné ese vocablo. ¡Lo cambié por “menos caro”! o menos costoso!.

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