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CLAP, clap, clap

Pedro Gerardo Nieves

“El CLAP es cosa ingrata, se pierde el amigo y la plata”, dijo un guate amigo con algún pesimismo, parafraseando el viejo refrán colombiano aplicado al acto de fiar.

Y es que la tarea de los CLAP, que trata las expectativas in crescendo de la gente, es harto difícil, habida cuenta que no hay cama pa´ tanta gente y el descontento natural alcanza incluso a quienes, objetiva y contextualizadamente, deberían darse por satisfechos.

“Si le das 2 aceites a la gente, quieren 4; si llega margarina quieren de la grandota. Y puede llegar casi de todo, pero si falta mayonesa o crema dental, se arma la sampablera”, dijo con el corazón arrugao una honesta y alta pana operaria de los CLAPs.

La vaina a algunos patriotas involucrados les parece harto ingrata y, como en toda guerra, la moral es minada por el inmisericorde y hasta masoquista pregonar escuálido.

Tienen los CLAPS como inesperada e indeseada tarea que soportar asiáticamente la catajarra de insultos, calumnias, improperios, loqueras e histerismos que emiten no pocas cacatúas y paviperros de ala fascista que añoran un inexistente pasado adecopeyano de opulencia y disponibilidad de mercancías a bajos precios.

Eso sí, hablan paja de la buena, y la echan. Pero se llevan su bolsa.

Y aunque el demiurgo Jorge Luis Borges sentencie que el pasado es tan poderoso que ni Dios puede cambiarlo; la verdad es que los aparatos de propaganda y las grandes operaciones de sicología de masas hacen ver que esta situación es inédita y primeriza en nuestra Venezuela. ¡Con los adecos se vive mejor! Parece decir una voz de ultratumba a la pata de la oreja de las muchedumbres mientras al fondo ríe tenebrosamente un Chucky de copete entrecano.

Como víctimas de la garcíamarquiana peste del insomnio nosotros, los que apenas ayer buchones con dólares petroleros hacíamos parrilla en nuestras casas con carne importada por el Estado y que hoy nos encontramos asediados por la más formidable y truculenta guerra híbrida que nos quiere dar hasta con el tobo por todas partes, olvidamos el hambre (sí: el hambre) que laceró nuestro pueblo durante la IV República, la desnutrición severa de nuestros niños, la muerte de recién paridas sin leche en las tetas, el acaparamiento y la especulación por parte de mafias de la oligarquía aliadas con los gobiernos de entonces.
Porque si la vaina estaba tan buena en la IV república, preguntamos hechos los cándidos: ¿Entonces por qué los venezolanos llevamos a Chávez al poder?

Las carencia de productos, muchos de ellos fabricados por los procónsules del imperialismo; las debilidades éticas e intelectuales propias y atribuidas y una descomunal guerra mediática tratan con algún nivel de éxito invisibilizar la heroica tarea cumplida por los CLAPS.

Porque, sí señor, como lo dijo Maduro, la diferencia entre la derrota del pueblo y los evidentes avances que se tienen contra la guerra económica han sido, definitivamente, los CLAPs.

Altos funcionarios, como Aristóbulo, han explicado que “lo peor ya pasó”, y es una realidad objetiva que paulatinamente van bajando algunos precios y reapareciendo los productos en los anaqueles. Sin que estemos sentados en un lecho de rosas.

Maduro, el partido, el GPP, mejor dicho: nuestra Revolución, puso en el pueblo la tarea de defenderse y marchar ofensiva y organizadamente contra la guerra económica y, aunque a veces flaquee la voluntad, se va ganando la guerra. El pueblo va ganando la guerra.

Por eso hemos de cruzar una valla alta que nos separa de la victoria definitiva y hemos de entromparla con bolivariana determinación. Pasemos del esquema del CLAP distribuidor (necesario en su momento) al CLAP productor. Vamos a dale guaya, camarada.

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