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Victoria diplomática en el frente guyanés

Por Franco Vielma

Maduro y Granger tuvieron una interlocución de la mano de Ban Ki Moon, Secretario General de la ONU, llegando a resultados favorables y que habían sido impulsados por la parte bolivariana: reinicio de relaciones diplomáticas y la activación de los mecanismos previstos en el Acuerdo de Ginebra de 1966, hasta ahora, único documento refrendado y vigente sobre la controversia por el Esequibo venezolano.

Situaciones recientes

Las declaraciones han ido y venido desde Georgetown hasta Caracas. Venezuela se ha basado en la construcción de una agenda constructiva que en el hecho, implica superar los estancamientos recientemente patrocinados por Guyana y factores transnacionales. La República Cooperativa, al prever el inicio de labores de explotación petrolera en aguas venezolanas en reclamación, asumió una postura de desconocimiento del Acuerdo de Ginebra, negación al diálogo y dilación de cualquier acuerdo dentro de ese instrumento.

A finales de julio el diario zuliano Panorama hizo saber el retiro de las aguas venezolanas ocupadas por Guyana de la plataforma “Deepwater Champion”, propiedad de Exxon y que se aprestaba a realizar labores de explotación petrolera en el campo denominado “Stabroek”. En solo días el ejecutivo de Exxon, Jeff Simons, anunció para el Guyana Times que el repliegue del buque se debía al cumplimiento de labores a la fecha, anunciando el retorno del mismo a las aguas del Esequibo en enero de 2016. Esto sucedía al tiempo en que Guyana daba como hecho su retiro de Petrocaribe, en detrimento a sus productores de arroz quienes han tenido a Venezuela como mercado seguro, siendo el arroz además, la actividad agrícola más importante y sensible de ese país.

Guyana asumió la postura pública de que la única vía en la cual ellos se sentarían con Venezuela para discutir la controversia del Esequibo, sería por medio de las instancias del arbitraje en el Tribunal Internacional de la Haya. Situación planteada en simultáneo a varias visitas de Granger a EE.UU y de ejecutivos de Exxon a Guyana.

El presidente Maduro a mediados de septiembre anunció el gesto positivo de Guyana de enviar a la Cancillería venezolana la solicitud de los buenos oficios para la aceptación de una nueva embajadora de Guyana en Venezuela, gesto que sería correspondido otorgando el beneplácito a la delegación guyanesa y reenviando a la embajadora venezolana en ese país. Al cabo de unos días Granger declaró ante medios que “Venezuela ha obstruido de manera consistente y persistentemente nuestro desarrollo económico (de Guyana) en los últimos cincuenta años”. Esta vez, por poco no se refiere a Venezuela como “un mono en la espalda” como ya lo había hecho antes. Agregó además que “Venezuela se está comportando de manera agresiva, lo cual es inaceptable en este milenio. Su gobierno (el venezolano) quiere un territorio que no es su país. Yo no diría que es el imperialismo, pero sin duda es algo que va en contra de las leyes”. Con esto Granger dio al traste con los gestos de reinicio de relaciones y con la invitación de regreso de Guyana a Petrocaribe que Venezuela ya estaba estudiando.

Venezuela desarrolló una agenda internacional caribeña y centroamericana. Nuestro vicepresidente Jorge Arreaza, y nuestra canciller Delcy Rodríguez, recorrieron varios países explicando personalmente a presidentes y primeros ministros la postura de Venezuela frente al Esequibo, alertando además de los peligros de la injerencia transnacional en esta histórica reclamación.

Durante los últimos tres meses Venezuela ha solicitado con fuerza, la intermediación de la ONU en esta coyuntura, pues la ONU es la instancia encargada de activar los instrumentos previstos en el Acuerdo de Ginebra. Luego de haberse reunido en Nueva York con Ban Ki Moon, el presidente Maduro anunció que la intransigencia guyanesa seguía afectando cualquier reinicio de relaciones.

La presencia militar venezolana en ejercicios militares en la zona fronteriza de Guayana se hizo saber. Venezuela está lidiando con posibilidades de escaramuzas militares y paramilitares en dos flancos de manera simultánea: Colombia y Guyana. Las alarmas sonaron alto y fuerte en Georgetown y el desdén diplomático de Guyana contra Venezuela se rompe para abrirle paso a las amenazas y al discurso belicista. Guyana anuncia que capturarían a cualquier efectivo militar en “su” territorio y llamó a sus tropas a ir a dar la cara en los difusos bordes fronterizos que separan al estado Bolívar del Esequibo venezolano.

El asunto desemboca a la reciente reunión en la ONU. Granger y quienes mueven sus hilos tras él, terminan contra las cuerdas.

La cuestión estratégica de la victoria venezolana

Para Venezuela la diplomacia se basa en la noción estratégica, más bien en el arte de la negociación y la desactivación de cualquier frente de guerra. Descolocar a Guyana empujándola a la vía diplomática es, sin dudas, una victoria.

Sumado a esto, tenemos que esta no fue una reunión cualquiera, básicamente los acuerdos realizados entre Maduro y Granger han sido aquellos que Venezuela ha propuesto e impulsado. Estos son:

El reinicio de relaciones diplomáticas entre ambos países con el envío de embajadores a las capitales. Que por decisión del Secretario General de la ONU dicha organización enviará a una Comisión Técnica Especial en el contexto del Acuerdo de Ginebra, con el propósito de “hacer un trabajo integral sobre las circunstancias y la situación actual de este contencioso, este reclamo venezolano de la Guayana Esequiba”, señaló Maduro.

El Secretario General, como había anunciado Maduro, se ha comprometido a realizar un estudio de todas las opciones que ofrece el Acuerdo de Ginebra y el artículo N° 33 de la carta de Naciones Unidas, sobre el arreglo pacífico de controversias. “Venezuela ha insistido en la necesidad de activar los buenos oficios que es la última decisión de consenso entre Guyana, Venezuela y el Acuerdo de Ginebra, y la Secretaría General. Ponerle tiempo para los buenos oficios, tiempo límite. Habría que estudiar y que de los buenos oficios surjan los canales políticos, diplomáticos, internacionales para la resolución definitiva dentro de la doctrina del Acuerdo de Ginebra de buscar un acuerdo aceptable por las partes, que sea justo”, enfatizó Maduro.

Maduro descolocó a Exxon Mobil y a los actores detrás de una conspiración regional al solicitar a David Granger el compromiso a la comunicación directa y el acompañamiento de los países del Caribe. Reafirmando a su vez la postura de Venezuela como un país en revolución antiimperialista, de carácter internacionalista.

Venezuela desactiva momentáneamente un acto de intimidación y provocación de proporciones regionales, con el potencial tremendo de dividir los consensos políticos de Venezuela y el Caribe. Guyana por sí sola no está en facultades para asumir con contundencia la agenda regional, les es difícil eludir el peso político de Venezuela, su rol de encomendados de la Exxon Mobil para propiciar un conflicto regional, es limitado, es parco y es incongruente a la habilidad y capacidad de interlocución de Venezuela.

El frente guyanés en el asedio contra Venezuela entra en una nueva etapa de definición que puede ser prolongada. No obstante, el marco de maniobra venezolana adquiere proporciones no solo tácticas, sino más bien estratégicas. Si los mecanismos del Acuerdo de Ginebra se activan, Guyana simplemente no puede patear la mesa. Si estos mecanismos se activan por un lapso determinado de tiempo, Venezuela tendrá la oportunidad de desarrollar el más acompasado pulso político de cara a la región y de cara a Guyana. En este contexto la negociación es fundamental, el planteamiento creativo sobre el abordaje del territorio es crucial y necesario. Los precedentes de Guyana y sus beneficios en Petrocaribe son un antecedente de peso que miden en el concierto de naciones del Caribe, la postura de Venezuela sobre el desarrollo, la integración y el hermanamiento regional.

Venezuela consuma una victoria diplomática, pero esta ya está respaldada por más de 10 años de fluido relacionamiento con el Caribe, lo cual constituye una reserva moral de hecho político. Nuestra reclamación no excluye a Guyana de su derecho al desarrollo, por el contrario, Venezuela ha asumido con Guyana superar el estancamiento histórico del subdesarrollo de la nación guyanesa, herencia del coloniaje británico, el causante del despojo del Esequibo y de la controversia. Venezuela tiene con qué negociar, tenemos como negociar. La historia y la razón nos asisten y nos respaldan.

No en vano Venezuela ha desarrollado la agenda diplomática más dinámica de la historia regional en años recientes. Pasando de un lugar de actor de tercera en la escena política, Venezuela es hoy junto a Estados Unidos y Brasil, los actores políticos de mayor peso en el continente. Venezuela encara la coyuntura en el espacio de las decisiones internacionales donde se definen las grandes cuestiones políticas de los países y en simultáneo a varias situaciones y modalidades de asedio contra la Revolución Bolivariana.

No en vano Maduro duró 6 años en la Cancillería, siendo destacado alumno del más hábil relacionista internacional de nuestro tiempo: Hugo Chávez. Ahora Maduro nos muestra de qué está hecho.Maduro y Granger tuvieron una interlocución de la mano de Ban Ki Moon, Secretario General de la ONU, llegando a resultados favorables y que habían sido impulsados por la parte bolivariana: reinicio de relaciones diplomáticas y la activación de los mecanismos previstos en el Acuerdo de Ginebra de 1966, hasta ahora, único documento refrendado y vigente sobre la controversia por el Esequibo venezolano.

Situaciones recientes

Las declaraciones han ido y venido desde Georgetown hasta Caracas. Venezuela se ha basado en la construcción de una agenda constructiva que en el hecho, implica superar los estancamientos recientemente patrocinados por Guyana y factores transnacionales. La República Cooperativa, al prever el inicio de labores de explotación petrolera en aguas venezolanas en reclamación, asumió una postura de desconocimiento del Acuerdo de Ginebra, negación al diálogo y dilación de cualquier acuerdo dentro de ese instrumento.

A finales de julio el diario zuliano Panorama hizo saber el retiro de las aguas venezolanas ocupadas por Guyana de la plataforma “Deepwater Champion”, propiedad de Exxon y que se aprestaba a realizar labores de explotación petrolera en el campo denominado “Stabroek”. En solo días el ejecutivo de Exxon, Jeff Simons, anunció para el Guyana Times que el repliegue del buque se debía al cumplimiento de labores a la fecha, anunciando el retorno del mismo a las aguas del Esequibo en enero de 2016. Esto sucedía al tiempo en que Guyana daba como hecho su retiro de Petrocaribe, en detrimento a sus productores de arroz quienes han tenido a Venezuela como mercado seguro, siendo el arroz además, la actividad agrícola más importante y sensible de ese país.

Guyana asumió la postura pública de que la única vía en la cual ellos se sentarían con Venezuela para discutir la controversia del Esequibo, sería por medio de las instancias del arbitraje en el Tribunal Internacional de la Haya. Situación planteada en simultáneo a varias visitas de Granger a EE.UU y de ejecutivos de Exxon a Guyana.

El presidente Maduro a mediados de septiembre anunció el gesto positivo de Guyana de enviar a la Cancillería venezolana la solicitud de los buenos oficios para la aceptación de una nueva embajadora de Guyana en Venezuela, gesto que sería correspondido otorgando el beneplácito a la delegación guyanesa y reenviando a la embajadora venezolana en ese país. Al cabo de unos días Granger declaró ante medios que “Venezuela ha obstruido de manera consistente y persistentemente nuestro desarrollo económico (de Guyana) en los últimos cincuenta años”. Esta vez, por poco no se refiere a Venezuela como “un mono en la espalda” como ya lo había hecho antes. Agregó además que “Venezuela se está comportando de manera agresiva, lo cual es inaceptable en este milenio. Su gobierno (el venezolano) quiere un territorio que no es su país. Yo no diría que es el imperialismo, pero sin duda es algo que va en contra de las leyes”. Con esto Granger dio al traste con los gestos de reinicio de relaciones y con la invitación de regreso de Guyana a Petrocaribe que Venezuela ya estaba estudiando.

Venezuela desarrolló una agenda internacional caribeña y centroamericana. Nuestro vicepresidente Jorge Arreaza, y nuestra canciller Delcy Rodríguez, recorrieron varios países explicando personalmente a presidentes y primeros ministros la postura de Venezuela frente al Esequibo, alertando además de los peligros de la injerencia transnacional en esta histórica reclamación.

Durante los últimos tres meses Venezuela ha solicitado con fuerza, la intermediación de la ONU en esta coyuntura, pues la ONU es la instancia encargada de activar los instrumentos previstos en el Acuerdo de Ginebra. Luego de haberse reunido en Nueva York con Ban Ki Moon, el presidente Maduro anunció que la intransigencia guyanesa seguía afectando cualquier reinicio de relaciones.

La presencia militar venezolana en ejercicios militares en la zona fronteriza de Guayana se hizo saber. Venezuela está lidiando con posibilidades de escaramuzas militares y paramilitares en dos flancos de manera simultánea: Colombia y Guyana. Las alarmas sonaron alto y fuerte en Georgetown y el desdén diplomático de Guyana contra Venezuela se rompe para abrirle paso a las amenazas y al discurso belicista. Guyana anuncia que capturarían a cualquier efectivo militar en “su” territorio y llamó a sus tropas a ir a dar la cara en los difusos bordes fronterizos que separan al estado Bolívar del Esequibo venezolano.

El asunto desemboca a la reciente reunión en la ONU. Granger y quienes mueven sus hilos tras él, terminan contra las cuerdas.

La cuestión estratégica de la victoria venezolana

Para Venezuela la diplomacia se basa en la noción estratégica, más bien en el arte de la negociación y la desactivación de cualquier frente de guerra. Descolocar a Guyana empujándola a la vía diplomática es, sin dudas, una victoria.

Sumado a esto, tenemos que esta no fue una reunión cualquiera, básicamente los acuerdos realizados entre Maduro y Granger han sido aquellos que Venezuela ha propuesto e impulsado. Estos son:

El reinicio de relaciones diplomáticas entre ambos países con el envío de embajadores a las capitales. Que por decisión del Secretario General de la ONU dicha organización enviará a una Comisión Técnica Especial en el contexto del Acuerdo de Ginebra, con el propósito de “hacer un trabajo integral sobre las circunstancias y la situación actual de este contencioso, este reclamo venezolano de la Guayana Esequiba”, señaló Maduro.

El Secretario General, como había anunciado Maduro, se ha comprometido a realizar un estudio de todas las opciones que ofrece el Acuerdo de Ginebra y el artículo N° 33 de la carta de Naciones Unidas, sobre el arreglo pacífico de controversias. “Venezuela ha insistido en la necesidad de activar los buenos oficios que es la última decisión de consenso entre Guyana, Venezuela y el Acuerdo de Ginebra, y la Secretaría General. Ponerle tiempo para los buenos oficios, tiempo límite. Habría que estudiar y que de los buenos oficios surjan los canales políticos, diplomáticos, internacionales para la resolución definitiva dentro de la doctrina del Acuerdo de Ginebra de buscar un acuerdo aceptable por las partes, que sea justo”, enfatizó Maduro.

Maduro descolocó a Exxon Mobil y a los actores detrás de una conspiración regional al solicitar a David Granger el compromiso a la comunicación directa y el acompañamiento de los países del Caribe. Reafirmando a su vez la postura de Venezuela como un país en revolución antiimperialista, de carácter internacionalista.

Venezuela desactiva momentáneamente un acto de intimidación y provocación de proporciones regionales, con el potencial tremendo de dividir los consensos políticos de Venezuela y el Caribe. Guyana por sí sola no está en facultades para asumir con contundencia la agenda regional, les es difícil eludir el peso político de Venezuela, su rol de encomendados de la Exxon Mobil para propiciar un conflicto regional, es limitado, es parco y es incongruente a la habilidad y capacidad de interlocución de Venezuela.

El frente guyanés en el asedio contra Venezuela entra en una nueva etapa de definición que puede ser prolongada. No obstante, el marco de maniobra venezolana adquiere proporciones no solo tácticas, sino más bien estratégicas. Si los mecanismos del Acuerdo de Ginebra se activan, Guyana simplemente no puede patear la mesa. Si estos mecanismos se activan por un lapso determinado de tiempo, Venezuela tendrá la oportunidad de desarrollar el más acompasado pulso político de cara a la región y de cara a Guyana. En este contexto la negociación es fundamental, el planteamiento creativo sobre el abordaje del territorio es crucial y necesario. Los precedentes de Guyana y sus beneficios en Petrocaribe son un antecedente de peso que miden en el concierto de naciones del Caribe, la postura de Venezuela sobre el desarrollo, la integración y el hermanamiento regional.

Venezuela consuma una victoria diplomática, pero esta ya está respaldada por más de 10 años de fluido relacionamiento con el Caribe, lo cual constituye una reserva moral de hecho político. Nuestra reclamación no excluye a Guyana de su derecho al desarrollo, por el contrario, Venezuela ha asumido con Guyana superar el estancamiento histórico del subdesarrollo de la nación guyanesa, herencia del coloniaje británico, el causante del despojo del Esequibo y de la controversia. Venezuela tiene con qué negociar, tenemos como negociar. La historia y la razón nos asisten y nos respaldan.

No en vano Venezuela ha desarrollado la agenda diplomática más dinámica de la historia regional en años recientes. Pasando de un lugar de actor de tercera en la escena política, Venezuela es hoy junto a Estados Unidos y Brasil, los actores políticos de mayor peso en el continente. Venezuela encara la coyuntura en el espacio de las decisiones internacionales donde se definen las grandes cuestiones políticas de los países y en simultáneo a varias situaciones y modalidades de asedio contra la Revolución Bolivariana.

No en vano Maduro duró 6 años en la Cancillería, siendo destacado alumno del más hábil relacionista internacional de nuestro tiempo: Hugo Chávez. Ahora Maduro nos muestra de qué está hecho.

Una ayudita para Granger

Por Luis Dávila

Apuntando por elevación al “excelentísimo presidente de la República Cooperativa de Guyana” (como le gusta que lo llamen) el presidente Nicolás Maduro aseguró que sus discursos ante la Organización de las Naciones Unidas responden a los intereses del pueblo venezolano y no son entregados por terceros para su lectura, aludiendo al comportamiento errático del primer mandatario guyanés, quien asistió a la reunión organizada por Ban Ki-Moon, aceptando tácitamente la vigencia del Acuerdo de Ginebra firmado en 1966 entre Gran Bretaña, el gobierno de Guyana y Venezuela; el cual establece mecanismos para la solución de la controversia, mientras en su discurso ante la Asamblea General del organismo multilateral aseguraba que las fronteras de su país habían sido fijadas definitivamente en 1899, fecha en el que tuvo lugar el Laudo Arbitral de París, denunciado reiteradamente por Venezuela debido a los vicios implícitos contenidos en la decisión de los jueces.

Primero, el diario El Nacional en un editorial donde asegura que Maduro fracasó en sus gestiones ante la ONU , a pesar de que se retoman las gestiones basadas en el Acuerdo de Ginebra, y luego, el semanario Tal Cual sostiene en un reportaje que el Primer Mandatario “perdió la oportunidad” de poner el tema sobre el tapete en la reciente reunión de la ONU celebrada en Nueva York, mientras ilustra el texto con una foto en donde se puede ver al presidente venezolano conjuntamente con el secretario general de la ONU y el presidente de Guyana, una gráfica realizada al final de la reunión en la que se decidió el intercambio de los embajadores de ambos países y un conjunto de iniciativas para llevar a feliz término el diferendo limítrofe.

Ante el errático comportamiento de Granger, acuden entonces los medios en auxilio de la imagen del presidente guyanés intentando recomponer los entuertos ante la opinión pública venezolana, a la cual se le quiere imponer el criterio de que el gobierno bolivariano no defiende la soberanía sobre el Esequibo, pese a las evidentes victorias de la estrategia de diplomacia de paz puesta en marcha bajo la dirección de Nicolás Maduro.

Fuente Cuatro F

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