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Venezuela y su épica batalla en la OEA

Por Charles Giuseppi

Los más recientes sucesos de la arena internacional hemisférica han dado cuenta de una batalla épica entre las oscuras fuerzas del poder hegemónico estadounidense y la República Bolivariana de Venezuela. Lejos de querer simplemente describir un suceso más de nuestra agitada agenda internacional actual, analizamos la importante batalla diplomática que nuestro pueblo tuvo que librar y de la cual se puede decir, con toda libertad, salimos triunfadores.

Antes que nada, analicemos brevemente el interior de esta entelequia organizacional, uno de los últimos reductos de la derecha internacional para tentacular el continente. Su estructura, aunque compuesta por los países miembros que se reúnen periódicamente en la Asamblea General, tiene vicios de origen, esto quiere decir que normalmente quien ocupa el cargo de secretario general de la organización, suele ser un ex canciller perfectamente alineado con los intereses de Washington, ni tan siquiera con los de la organización misma, que aunque timorata, trata de mantener cierto grado de legitimidad en sus decisiones. Ello provoca que en varias ocasiones, estos señores arremetan contra algunos gobiernos “incómodos”, como en el caso nuestro.

La OEA es un nido de intereses políticos imperiales contra los pueblos del continente. Recordemos que no hubo una declaración de condena firme contra la ocupación de Granada, como tampoco la hubo en la invasión a Panamá, y en tiempos más recientes, recordemos que no condenó el golpe de Estado en Venezuela en 2002, como tampoco lo hizo en el caso de Honduras y Paraguay, su más reciente y estrepitoso silencio, cómplice absoluto de las miserias del poder de las corporaciones se llama Brasil. Ello sin dejar de lado que ese decrépito organismo multilateral, condenó y excluyó a Cuba durante años por su sistema político y social de tipo socialista.

La Organización de Estados Americanos OEA, como es bien sabido, se debate desde hace algunos años entre su supervivencia y su desaparición. Sin embargo, estamos en presencia de un organismo decadente pero que todavía le hace el juego al imperio y le resulta muy provechoso a éste porque le sirve como instrumento para legitimar sus acciones injerencistas y militaristas en la región. Por su parte, la oposición venezolana, que a pesar de salir victoriosa en las recientes elecciones legislativas, no tiene el poder en Venezuela, siempre ha visto la OEA como su trampolín de salvación en la esfera internacional regional. Numerosas son las apariciones y alocuciones de personeros opositores en sus instalaciones, y numerosos son igualmente los intentos de esta organización para desacreditar y desestabilizar la democracia bolivariana.

No olvidemos que en varias oportunidades el tristemente célebre señor Insulza pretendió equivocadamente acusar al comandante Chávez de antidemocrático y de agresor de los derechos humanos, sin embargo, ni en aquella ni en esta oportunidad la treta tuvo resultados. La reciente invocación de la Carta Interamericana por parte de Almagro, obliga a nuestro pueblo a librar una ardua batalla diplomática para salirle al paso a tan baja acción. Incluso los Estados más recalcitrantes contra Venezuela, no se han plegado a la propuesta y recientemente la canciller de Argentina, sostuvo que el único camino era el diálogo.

Si la oposición intentó desesperadamente ampararse en una resolución del organismo multilateral, fue nuevamente derrotada. En cambio, el pronunciamiento de la resolución estuvo más en la tónica del diálogo y ofreció “Su fraternal ofrecimiento a la hermana República Bolivariana de Venezuela a fin de  identificar, de común acuerdo, algún curso de acción que coadyuve a la búsqueda de soluciones a su situación mediante un dialogo abierto e incluyente entre el Gobierno, otras autoridades constitucionales y todos los actores políticos y sociales de esa nación para preservar la paz y la seguridad en Venezuela, con pleno respeto a su soberanía”.

Aunque el manipulado y sesgado informe del señor Almagro para convocar al Consejo Permanente del Organismo y tratar de aplicar la Carta Democrática Interamericana en nuestro país está saliendo del horno, la diplomacia venezolana sigue dando una indeclinable batalla en el terreno, sin embargo, los enemigos saben bien que el organismo hace bulto como dice en criollo. Los países que votarán a favor de la aplicación del mecanismo ya son harto conocidos; EE.UU, Canadá, México, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Paraguay, Guyana, Panamá, Belice y Argentina, por su parte, nuestros hermanos del ALBA actuarán en un solo bloque en defensa de la soberanía de Venezuela como se acordó efectivamente en la reciente reunión de la Asociación de Estados del Caribe, (AEC) quienes son finalmente nuestros aliados estratégicos más firmes.

Si bien hemos recibido un necesario apoyo de nuestro aliados caribeños, que también entiende que son parte de la misma lucha por su independencia y por su soberanía, la batalla diplomática que ha venido librando Venezuela esta últimas semanas en el seno de la organización, es de proporciones épicas. Solo inspirados en nuestras luchas pasadas y presentes podremos continuar perfilando las luchas futuras. Se hace urgente seguir manteniendo la firmeza y la robustez para evitar que la canalla internacional agrupada en la OEA, pueda dar la legitimidad a una más de las pretensiones imperiales en el sagrado suelo de la patria.

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