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Venezuela: una reelección presidencial con viento a favor por acumulación de fuerza popular

*** Estrategias acertadas como la de la conformación de los comités locales de abastecimiento y producción estarían en la base de unas expectativas de nuevas victorias chavistas que nadie debe subestimar

Por Carlos Machado Villanueva

Caracas, 17 dic.- El anunció reciente de que el presidente Nicolás Maduro aspirará a la reelección es visto con beneplácito dentro de lo que se puede calificar de sociedad civil bolivariana y chavista, cuando transcurridos 4 años de su arribo al Gobierno este ha derrotado en dura confrontación gran parte de los aviesos ataques a la estabilidad política orquestados por las élites de poder estadounidense y sus lacayos internos, como se sabe, dirigidos sobre todo a hacerse de nuevo con la riqueza petrolera de Venezuela y devolverla a su condición de neocolonia.

Y es que hoy no cabe duda de que uno de los más perversos ataques que ha enfrentado su gestión por parte de fuerzas desestabilizadoras coaligadas – y que tiene que ver con la subsistencia mínima-,  es el de esa modalidad de un tipo de guerra no convencional ya previamente puesta en práctica el Pentágono, y que fue determinante en el cruento derrocamiento en septiembre de 1973 del primer presidente socialista electo en Chile y Latinoamérica, el médico Salvador Allende –vilmente asesinado-, y que no es otro que el de la guerra económica.

Es tal el desespero ante la reciente cadena de triunfos electorales del chavismo, que tanto la derecha internacional -encabezada por la estadounidense- como la interna, nucleadas en la extinta Mesa de la Unidad Democrática (MUD), debió al unísono poner sus cartas al descubierto: develar de una vez por todas su complicidad directa con la guerra económica, cuando lo que les resultó en al pasado reciente –como se evidenció en las elecciones parlamentarias del 2015-, fue ocultarla.

Pretendían así que el pueblo venezolano se entretuviera – y en parte lo lograron electoralmente- con la especie de que el fracasado no es el capitalismo, sobre todo el parasitario nuestro-, sino el proyecto socialista bolivariano y chavista.

De allí que al pedir públicamente e internacionalmente unos, en este caso lacayos como Julio Borges, sanciones económicas contra Venezuela -y lo más grave y crimina aúnl, el bloqueo a la adquisión internacional de alimentos y medicinas-, y anunciar otros su inmediata implementación, como lo hiciera el presidente Donald Trump, permitió que la mayoría de las y los venezolanos confirmasen que su país enfrenta una criminal guerra económica que tenía nombres y apellidos de los responsables directos.

 Encontrar una salida

Percatado de lo grave de este ataque, el liderazgo colectivo de la revolución bolivariana con Maduro a la cabeza encontró en los llamados comités locales de abastecimiento y producción una salida a tiempo que, aunque provisional, atenuó sensiblemente los deletéreos efectos tanto del desabastecimiento programado de productos de primera necesidad, llámense alimenticios o medicinas.

A lavez que atenuó los provocados por la odiosa inflación inducida por medio de un arma de esta guerra “no declarada” -que también tiene fines desmoralizadores y por tanto desmovilizadores en lo pectoral- y que hasta ahora luce invencible, como es la manipulación convenientemente arbitraria del tipo de cambio de la divisa estadounidense con respecto al bolívar

En vista de ello la opinión pública nacional comenzaría con el correr de los días y meses a cambiar su percepción acerca de quiénes en realidad son los que están detrás de este ataque a su derecho a la alimentación y a la salud.

Y mientras por un lado el conglomerado nacional observaba un cada vez mayor y veloz incremento criminal de los precios al consumidor, por el otro reflexionaba sobre el sincero esfuerzo de un Gobierno que como el bolivariano se esfuerza en garantizarle estos bienes a precios solidarios, o en todo caso justos, ello según su política de facilitar que empresarios con conciencia nacional operasen en unas condiciones manejables mínimas en cuanto a la tasa de ganancia esperada por su inversión y su esfuerzo productivo, dentro de un marco como el actual signado por el derrumbe de los precios petroleros.

La desconfianza en esta estrategia -producto más que nada de la guerra mediática contra el Gobierno del Presidente Maduro- de este modo iría cediendo, y más y más personas se han ido sumando en las comunidades beneficiadas con este programa a la distribución solidaria de la llamada “caja de los Clap”.

Un poderoso movimiento

Hoy por hoy ha emergido, producto de este accionar, un poderoso movimiento social barrial que, organizado calle a calle y con liderazgos de base popular, atraviesa toda la geografía venezolana, y que ya comienza a llenar de contenido quizá el objetivo más estratégico contra la guerra económica para el que fue diseñado este mecanismo, que no es otro que la producción tanto de alimenticios como productos de higiene personal por y para las comunidades organizadas.

Hasta la fecha 6 millones de familias venezolanas hoy serían impactadas -hasta ahora una vez por mes- por este programa del Gobierno Bolivariano, hecho este que no debe ser menospreciado políticamente si bien la derecha venezolana por momentos cabalga sobre esta criminal y provocada distorsión ocasionada a los canales regulares de distribución de bienes tan esenciales como estos.

Con el agravante de que en más de un 70 por ciento éstos está en manos de empresarios privados, no pocos de los cuales son cómplices de esta estrategia al incurrir en prácticas de desabastecimiento programado, ralentización y simplificación de la producción, desvío hacia el contrabando de extracción y caotización del circuito convencional de distribución con el que había operado siempre y que los llevó a entregarle su producción a verdaderas mafias, que son las que fijan hoy el precio de los alimentos a su entera conveniencia, que como sabemos es el de la máxima ganancia con el menor esfuerzo y en el menor tiempo posible.

Se trata, según sus orquestantes, de juntar caída de la productividad con desvío de productos hacia el sistema especulativo llamado bachaquerismo, que es lo que sucede cuando productos esenciales de alta demanda son vendidos al mayor a personas inescrupulosas quienes luego colocan precios de hasta mil por ciento a estos bienes, tal es el caso de la leche en polvo, los cereales, etc.

La subestimación sale cara

Ante este cuadro, la derecha pentagonista y sus lacayos internos deberán pensar muy bien cualquier intento de agudizar en los venideros meses aún más esta crisis económica inducida de manera criminal que, ciertamente, ha pulverizado el poder adquisitivo del salario de las grandes mayorías nacionales.

Ello en virtud de que a estas alturas y dado lo éxito de los llamados comité locales de abastecimiento y producción (Clap), el pueblo organizado no dudará ni un momento en movilizarse combativamente cuando escuche el llamado de su liderazgo nacional a radicalizar las acciones que garanticen su derecho a la alimentación y a la salud del noble pueblo venezolano, pues si en algo coinciden no pocos analistas es reconocer el alto nivel de conciencia alcanzado por éste en 19 años de revolución bolivariana y chavista.

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