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Venezuela: entre amenazas imperiales, inflación, elecciones y “brujas que vuelan”

Por Carlos Machado Villanueva

Caracas, 0 4 oct.- Estos primeros días  de octubre transcurren en Venezuela entre el malestar colectivo ocasionado por una alta  inflación inducida  y las expectativas del ciudadano común, relacionadas unas  con la solución definitiva a este drama, tarea confiada por los electores  a la Asamblea Nacional Constituyente con urgencia, y otras,  con que  los resultados de las elecciones regionales de gobernadores traigan definitivamente  la paz y la estabilidad política al país.

Se trata de la elección número 22 en 18 años de revolución bolivariana, de las cuales el chavismo ha perdido hasta ahora sólo dos eventos comiciales, el referéndum por la reforma constitucional de 2007 y en el 2015  las elecciones parlamentarias.

En este contexto, si bien la  mayoría de las personas identifican el problema inflacionario como la consecuencia de una guerra económica bien orquestada  y  dirigida a socavar las bases de apoyo popular el gobierno bolivariano, no se puede ocultar que cada es vez más creciente el descontento por lo que, a todas luces, constituye una tardanza excesiva en “tomar el toro inflacionario  por los cachos” y derribarlo, más aún ante otro escenario electoral a la “vuelta de la esquina”.

Por lo que  hay analistas,  como el inglés Allan Woods, cercano al proyecto chavista, que considera que tal lentitud es producto de querer aplicar paralelamente políticas económicas de corte socialista  y otras de corte neoliberal.

Los temores

Vale decir que  los incrementos  en los precios de los productos de primera necesidad -sobre todo alimentos, artículos de higiene y medicinas-,  se producen semanalmente y  los temores de que el país se deslice inevitablemente hacia una hiperinflación, con su desquiciante incremento diario en los precios de los bienes de consumo masivo, tienen asideros reales.

En medio de tan enervante situación económica, la presión estadounidense contra el gobierno Bolivariano  encabezado por el presidente Nicolás Maduro,  se incrementó con el arribo del magnate Donald Trump a la presidencia de ese país; tanto es así,  que el pasado 11 de agosto  éste se refirió por primera vez en la historia de las relaciones entre ambos países a la posibilidad del uso de la fuerza militar  contra el país suramericano.

Por aquello de que”las brujas de que vuelan, vuelan”, en un primer momento,  el gobierno del presidente Maduro ha reaccionado  -aunque con su sello original-, como lo indica el manual en estos casos; es decir,  intensificando la retórica antiimperialista, anti injerencista y antibelicista, hasta el extremo de pagar la publicación  un comunicado  dirigido al pueblo estadounidense en  diarios de alta circulación de este país.

La historia -por lo menos en el caso de Cuba- parece indicar que este accionar de naciones asediadas por el imperialismo estadounidense,  puede tener cierto efecto disuasivo en el mediano,  e incluso largo plazo, más aún si se logra sensibilizar a la opinión pública internacional y a otros  gobiernos en contra de cualquier agresión, incluida la militar, de lo que la  última votación en la ONU en solidaridad con Venezuela parece dar fe de ello.

Impedir otra victoria

Que en medio de esta coyuntura, específicamente en su arista electoral -pues están pautadas para este 15 de octubre unas elecciones de gobernadores que el chavismo aspira  ganar en su totalidad-, el presidente Trump salga con esta impostura amenazante, ocultaría  una desesperada reedición de la  estrategia del “miedo” que apunte a  la desmovilización electoral a favor del chavismo, luego de que este recuperase su caudal electoral en el voto constituyente.

Se trata para los sectores opositores de derecha, tanto internos como externos, de impedirle al chavismo otra victoria electoral y revolucionaria de su proyecto de democracia participativa y protagónica, mucho más cuando esta se produce de manera tan seguida, sobre todo, si se toma en cuenta que apenas hace dos meses obtuvo 8 millones 600 mil votos en la elección de la  constituyente.

Para los enemigos de la revolución bolivariana constituye una señal nada deseable para sus intereses, pues es una muestra contundente  de la fortaleza de que goza el proceso revolucionario venezolano y su viabilidad pacífica, sobre todo a los ojos y oídos de otros pueblos del mundo hoy  en lucha por más democracia y justicia social

Al respecto, no se debe olvidar que en el plano geopolítico hoy opera un poderoso lobby internacional contra la revolución bolivariana que involucra tanto  transnacionales petroleras como la Exxon, como a corporaciones mediáticas capitalistas y  a  otrosgrupos de poder fáctico como el que encabeza el senador conservador cubano-estadounidense Marcos Rubio.

Su principal objetivo: ponerle la mano a la riqueza petrolífera de Venezuela para así así cerrarle el paso al posicionamiento de China como un socio con enfoques de reciprocidad más justos  para la región latinoamericana en materia de intercambio comercial y de transferencia tecnológica, al igual que a Rusia, cuyo poderío tecnológico en esta materia vendría apuntalar los proyectos actuales y futuros de aumento de la producción hidrocarburífera.

Ello sin  mencionar el interés que despierta en estos grupos de poder capitalistas la emergencia de Venezuela como una potencia aurífera y de otros minerales estratégicos como el coltán.

De nuevo la estrategia del miedo

De allí que  el chavismo esté ganado para hacer todo lo que esté su alcance y  repetir al menos una votación similar a la del  30 de julio pasado, de cara a las ya  cercanas elecciones regionales mencionadas, aun cuando no se puede negar que  el  síndrome del 15 d diciembre de 2015, cuando perdió  aplastantemente la mayoría en la elección de la asamblea nacional frente a la derecha,  revolotea  en lo alto de su cabeza y hace inviable cualquier asomo de triunfalismo.

Y es aquí donde emerge de nuevo la estrategia del miedo. Esta derecha coaligada en lo  internacional, regional y nacional, aspira a  sacarle provecho a su nueva campaña de desmotivación política,  en la que  ocupa lugar privilegiado el desestímulo del voto de los llamados indecisos, que en su mayoría se inclinaron por la Constituyente, guiados fundamentalmente por sus anhelos de paz, pero también confiando en que el gobierno bolivariano tiene voluntad real de detener la inflación y especulación.

De no cubrirse estas expectativas,  algo en lo que de seguro trabaja intensamente la derecha nacional e internacional –bloqueo comercial y financiero de por medio para obstaculizarle al país compra de  alimentos y medicinas en el exterior, desabastecimiento programada-,  no es difícil vaticinar lo que sucederá con este voto,  que en el mejor de los casos se inhibirá, o sea,  ni a favor del chavismo, ni de la derecha violenta: la abstención.

En este mimo orden de ideas, cada día son más los casos de jóvenes que emprenden la salida del país estimulados por una perversa campaña bien estructurada por las redes sociales, según la cual este sector social no tiene futuro de seguir gobernando el chavismo; y quién puede asegurar que esta campaña no tendrá su efecto negativo en la votación chavista, y que muchos jóvenes se inclinen a favor de los candidatos derechistas.

Otra vertiente

No puede, en este sentido, menospreciarse cómo otra vertiente de la campaña antichavista, la sostenida ridiculización y banalización de las denuncias antiimperialistas, impacta en el ánimo de la  juventud votante, entre la cual gana cada día más terreno una especie que circula, igualmente por las redes sociales, como es la de que  con éstas el presidente Maduro lo que pretende es ocultar la ineficiencia y la corrupción de su gobierno, pero sobre todo el fracaso del modelo socialista bolivariano.

Este 15 de octubre el chavismo está obligado  entonces a por lo menos alcanzar de nuevo la votación obtenida en la elección de la asamblea nacional constituyente, lo cual pudiera mantener  el cuadro actual de control de las gobernaciones existentes, de las cuales 20 están en sus manos y apenas 3 en manos de la oposición derechista, Lara, Miranda y Amazonas.

La joya  de la corona

En este contexto, Miranda es la joya de la corona a alcanzar por ambas parcelas, por sobre todo para el chavismo, que  juega todas en este empeño con el joven dirigente del Psuv, Héctor Rodríguez.

La entidad fue convertida por el gobernador derechista Henrique Capriles Radonski en una base de operaciones de desestabilización violenta al estacionar en su territorio a paramilitares y mercenarios, así como a poderosas bandas criminales mercenerizadas con dólares de la guerra no convencional.

La estrategia propagandística electoral chavista busca pues posicionar que  todas las gobernaciones bajo su control es garantía de paz para el país, y además le permitirá mayor fuerza para derrotar en el territorio  acciones de guerra económica tales  como el contrabando de extracción y  el sabotaje eléctrico, algo que no se puede negar, pues los gobernadores  de derecha, si no están comprometidos en ello,  sí es evidente que se hacen de la vista gorda para obtener réditos electorales responsabilizando  al Gobierno nacional de esta situación.

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