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Venezuela 2018: Cualquier parecido con Nicaragua 1990, ¿mera coincidencia?

Por Carlos Machado Villanueva

Caracas, 16 feb.- Lo sucedido el pasado 6 de febrero  con la derecha  en Venezuela,  al negarse esta a firmar finalmente el acuerdo de paz con el gobierno del presidente Nicolás Maduro,  desconociendo así  un anhelo de más del 80 por ciento de los venezolanos según los estudios de opinión,  confirma de nuevo  una  máxima histórica: que este sector político  no “da puntada sin hilo” cuando de usar la violencia política para imponer su proyecto  capitalista explotador y excluyente en un determinado país se trata

Viéndolo con más detenimiento, lo que hoy queda en evidencia es que lo hecho por este sector político en estos últimos dos años  de encuentros públicos y privados con los voceros del gobierno bolivariano en República Dominicana para acordar la paz y la gobernabilidad en el país suramericano,  no fue otra cosa sino la de ganar tiempo suficiente para posicionar  entre su seguidores  –sin éxito a decir de las encuestas,  al lucir estos  cada vez más decepcionados de su desempeño-  que el diálogo  fracasaría definitivamente por culpa del chavismo.

Ello  a pesar de la reiterada disposición  de éste al diálogo, y de la que dejan constancia los casi 400 llamados hechos por el mandatario venezolano en ese lapso

Cipaya sintonía

Aun así la derecha venezolana no ha dejado de acusar en todo momento  al presidente Maduro de ejercer una cruel  dictadura, y tal postura lo que deja al descubierto  es su cipaya sintonía  con los planes injerencistas estadounidenses.

Estos  contemplan,  como lo indican informes develados, si no  la calificación de Estado fallido contra la nación suramericana, sí una “nueva” estrategia,  como es la de la llamada “crisis humanitaria”  ya aplicada  a Libia en el 2011 con la anuencia del Consejo de Seguridad de la ONU y pasándole por encima al  veto de Rusia y China.

Ello,  con tal de ponerle nuevamente las manos a su riqueza petrolera venezolana, al igual que lo sucedido en el país árabe, para el momento de la agresión militar  con el Índice de Desarrollo Humano más alto de África,  a un altísimo costo en pérdidas de vidas y en destrucción ocasionados por una coalición de países miembros de la OTAN, liderada por EE. UU.

Por lo que se ha ido conociendo recientemente, en voz del mismo presidente Maduro,  han sido  muchas las garantías acordadas con la oposición derechista en este último intento de acuerdo de reconciliación nacional, sobre todo las  de carácter electoral; por lo que esta decisión de  la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) sólo puede obedecer a  su plena subordinación a este plan y a esta modalidad  de agresión extranjera.

Aunado ello  al hecho de no contar con los votos suficientes para derrotar en las urnas electorales al presidente Maduro en las elecciones adelantadas convocadas para el 22 de abril, fecha que por lo demás que también  formó parte del último documento de  acuerdo que se negó a firmar este bloque.

La razón principal de la negativa

Y que esta es la razón principal  lo confirma el hecho de que en las última tres  elecciones del 2017, tanto la de la asamblea nacional constituyente, como las de gobernadores y las de alcaldes -convocadas estas dos últimas por el Poder Constituyente electo-, las fuerzas de la derecha resultaron ampliamente derrotadas por el chavismo,  que se movilizó masivamente a votar e estos tres eventos, todo lo contrario de lo hecho por las y los  seguidores de aquella.

Quienes así castigaron  la recurrente torpeza política de la llamada MUD, expresada sobre todo en  su empeño de no deslindarse definitivamente de los sectores violentos y fascistas  amparados en su seno y su obsesión de  derrocar violentamente a un gobierno constitucionalmente establecido, como es el caso de los partidos Voluntad Popular y primero Justicia

Incluso esta derecha errática fue derrotada por sectores de la población votante que, sin ser precisamente simpatizantes abiertos de este,  al votar por el chavismo dio muestras fehacientes de lo que venía expresando en las encuestas,  como es su deseo de paz,  y por ende  su rechazo a las acciones de violencia de la extrema derecha.

Estas  ensangrentaron las calles de apenas 8 municipios de Venezuela, de un total de335,  donde esta  ejercía el poder local, entre febrero y junio  del 2017 con un saldo de más de un centenar de personas asesinadas por los ataques terroristas  “guarimberos, y unas 800 heridas.

El juego a dos bandas

De modo que lo observado por las y los venezolanos es que  la derecha ha  jugado su tradicional juego a dos bandas, mientras que por un lado trata de venderse como adalid de la lucha democrática pacífica y cívica,  por el otro impulsa y cohonesta cualquier plan violento de desalojar del poder al chavismo.

Obsesión esta que ya dura 19 años, desde cuando el líder  y ex militar bolivariano Hugo Chávez arribó al poder por vía electoral aun con un ente comicial en su contra manejado por la derecha (diciembre de 1998),  dando inicio a la Revolución Bolivariana, que desde  un primer momento este  definió como pacífica y democrática, “aunque no desarmada”.

Incluso,  si es necesario solicitar para tan nefasto fin  la ayuda directa de factores externos, como la de solicitar sanciones y bloqueos económicos, ya aplicados por EE. UU y Canadá,  hasta  una intervención militar contra su propio país.

No otra sería la intención oculta detrás de la conformación del  llamado Grupo de Lima con países latinoamericanos (Colombia, Brasil, Paraguay, Argentina, Perú y México) totalmente subordinados a los designios imperialistas estadounidenses,  dispuestos  por tanto a movilizar una fuerza militar conjunta una vez reciban la orden desde Washington.

De nuevo  la estrategema del miedo

En este contexto no hay que perder de vista que fue en la Nicaragua de 1990 donde el Pentágono desarrolló una estrategia de agudización de la confrontación armada por parte de la guerrilla  contrarrevolucionaria  nicaragüense, o “contras”,  en las fronteras de Costa Rica y Honduras, así como también  de sabotaje terrorista,  justo cuando el Frente Sandinista en el poder había acordado con la Unión Nacional opositora (UNO) ir a unas  elecciones que finalmente ganó este bloque de fuerzas derechistas del país centro americano, con su candidata Violeta Chamorro.

Los análisis posteriores sostendrían que esta victoria derechista cabalgó sobre esa guerra de tipo no convencional (bloqueo económico, inflación  y escasez inducidas y  sabotajes eléctricos),  nuevamente utilizada en Latinoamérica esta vez – y como antes en Cuba-  en la tierra del poeta Rubén Darío, y sobre  la táctica de estos grupos de anunciar  cada cierto tiempo el incremento de sus criminales acciones terrorista y de guerra irregular con su secuela de muerte contra el gobierno sandinista.

Y, por supuesto,  la obligación  del gobierno revolucionario sandinista ante esta escalada militar de enviar su ejército a combatirlos, y su necesidad de llamar a conscripción de más jóvenes al ejército nacional  para poder derrotar la escalada bélica oposicionista,  que incluso  amenazó  por momentos con imponerse,  gracias al sostenido  apoyo en armas y municiones del gobierno estadounidense del vaquero Ronald Reagan.

Esta estratagema finalmente logró su objetivo:  que cundiera el miedo entre las  y los electores nicaragüenses, quienes cayeron en la trampa de que la única manera de acabar con esta guerra impuesta desde afuera  era votar en contra del sandinismo, que fue lo que finalmente ocurrió, para finalmente volver al poder 16 años después al recibir un contundente apoyo de ese  pueblo que sufrió en ese lapso las consecuencias de las políticas económicas de corte neoliberal y empobrecedoras aplicadas por la coalición derechista en este tiempo.

Alertas y solidaridad internacional

Aquí, las preguntas surgen inevitablemente: ¿Una nueva versión de esta estrategia imperialista es la que buscan imponer en Venezuela? ¿Ejecutará el gobierno del  presidente colombiano Juan Manuel Santos una operación de “falso positivo”  que le permita justificar e iniciar una agresión militar contra Venezuela en la frontera común? ¿En este posible contexto d agresión militar, será finalmente el empresario Lorenzo Mendoza el candidato unificador del voto oposicionista que le impondrá el Pentágono a la derecha Venezolana?

Ya el presidente Nicolás Maduro ha alertado acerca de la detección vía inteligencia solidaria y posiblemente internacional, en este caso de Rusia o China,  que cuentan con sofisticada tecnología de interceptación de llamadas, de un plan desde Colombia para generar un conflicto militar.

Plan que entre otro detalles contempla el reclutamiento de ciudadanos venezolanos por el ejército colombiano y su entrenamiento para ejecutar una acción de “falso positivo”, como pudiera ser un supuesto ataque de supuestos soldados del ejército venezolano contra ciudadanos de ese país que habitan esta frontera, así como la entrada en operaciones de los paramilitares colombianos contra objetivos venezolanos, simulando un ejército de la oposición democrática venezolana, tal y como sucedió en Nicaragua en aquel entonces.

Cabe recordar que fue gracias a este tipo de solidaridad de la ex Unión Soviética que el ejército argentino pudo evitar a tiempo ser víctima de ataques más demoledores en su contra.

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