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Tony Boza: “Estamos ganando la guerra económica”

Por Luis Dávila

“Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla”. La frase pertenece al mítico libro “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu, escrito seis siglos antes del nacimiento de Jesucristo, cae como anillo al dedo a la Venezuela del siglo XXI, en donde se ha aplicado una estrategia conocida como de “amplio espectro” destinada a destruir la Revolución Bolivariana.

El economista Tony Boza, uno de los primeros en acuñar el término “guerra económica” demuestra con cifras que Venezuela está hoy mucho mejor preparada para enfrentar este conflicto que hace un año. “Según las cifras de las encuestadores hace doce meses, solamente el 19% de la población creía en la existencia de la guerra económica. Hoy, más del 50% de los venezolanos está convencido de que existe un proceso coordinado por actores sociales destinado a hacer daño a la economía venezolana”, explica. El hecho, aparentemente sin importancia, de que los venezolanos tengan conciencia sobre la existencia de un “enemigo” en los actuales procesos sociales genera un fenómeno de concientización que, entre otras cosas, ha destruido uno de los principios básicos de la comercialización en los mercados capitalistas: la lealtad de marca.

Luego de que el consumidor toma conciencia acerca del origen de la escasez de productos y el incremento desbordado de los precios –en un fenómeno conocido como inflación inducida- comienza a plantearse alternativas frente a esta realidad.

Consumidores activos

Las marcas comerciales –explica Boza- gastan millones de bolívares anualmente para garantizar la lealtad de marca. Todas las campañas publicitarias buscan que el consumidor adquiera determinado producto en detrimento de sus competidores en el mercado. Por eso cuando comienzan a desaparecer determinadas marcas, el primer impacto sobre los compradores es un “shock psicológico” porque se encuentra desarticulado ante su cotidianidad. Busca entonces encontrar las razones de la falla y, con ese fin, desde los laboratorios mediáticos se tejió toda una estrategia destinada a culpar al Gobierno por las fallas de abastecimiento de los productos en el mercado.

En un primer momento esta modalidad de la guerra sobre Venezuela –que tiene otras facetas como el acoso internacional y el ataque financiero- tuvo un éxito relativo que se concretó con la victoria electoral de la oposición en la Asamblea Nacional, sobre la base de que no habría más colas si ganaban los factores de la derecha. Sin embargo, los hechos demostraron que desde el Parlamento no había ningún interés en combatir las causas del desabastecimiento y la inflación inducida, y que, por el contrario, protegían los intereses de los actores a los que el Gobierno acusaba de sabotear los procesos económicos.

Superado el shock inicial, los consumidores comienzan a explorar las opciones que tienen ante la ausencia de los productos tradicionales en el mercado. Nacen así opciones de todo tipo, desde las arepas de yuca y plátano, hasta desodorantes hechos en casa. Igualmente, como el sector empresarial no es monolítico, pequeñas y medianas empresas comienzan a ocupar el espacio dejado de lado por transnacionales y corporaciones de determinados sectores. “El Ejecutivo puede aliarse con empresarios nacionalistas para impulsar la producción de determinados rubros para ir ocupando los anaqueles que se han quedado vacíos” sostiene Boza.

Al mismo tiempo, la creación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) ha abierto un espacio de participación para las comunidades organizadas en donde canales novedosos para la distribución de productos pueda garantizar que los rubros de la cesta básica lleguen realmente a los consumidores. “Los CLAP pueden representar una opción real ante los canales tradicionales infectados por el llamado bachaqueo y en ese sentido es importante la contraloría social” explica el economista.

Lo que falta por hacer

Ante un proceso social que comenzó a hacerse realidad desde 1999 concentrado en cancelar la enorme deuda social acumulada por la Cuarta República, millones de venezolanos superaron su condición de pobreza y, en consecuencia, se convirtieron en consumidores en una Venezuela en donde anteriormente sólo el 20% de la población tenía capacidad de compra.

Bajo condiciones normales, este incremento habría generado una fuerte presión sobre una cadena productiva empresarial que nunca se había caracterizado por su eficiencia y se habría requerido de un importante esfuerzo conjunto entre los empresarios y el Gobierno para incrementar la cantidad de productos presentes en el mercado. Sin embargo, los gremios empresariales optaron por la vía política –igual que lo hicieron en el 2002- para intentar derrocar a la Revolución Bolivariana. La diferencia respecto a la intentona contra Chávez, es que lo están haciendo sin dar la cara.

Por eso, explica Boza, se necesita trabajar en mejorar los acuerdos con los sectores dispuestos a trabajar con el Ejecutivo, fortalecer el trabajo de los CLAP y mejorar la supervisión sobre el sistema financiero.

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