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Si mañana ganan las fuerzas bolivarianas y chavistas…

Por Carlos Machado Villanueva

05/12/2015

Si mañana las fuerzas bolivarianas y chavistas nucleadas en el Gran Polo Patriótico ganan la mayoría parlamentaria en las elecciones previstas podremos colocar esta victoria al lado de otras grandes victorias populares en las que el desequilibrio en el poderío armamentístico de los contendientes, en este caso mediático, es simplemente descomunal y favorable a la derecha nacional, regional e internacional que le adversa al unísono.

Estaríamos, pues, ante una especie de nuevo Vietnam victorioso frente a la aplastante maquinaria bélica imperialista estadounidense, y qué duda cabe que hoy su componente mediático-propagandístico es no menos avasallante y destructor.

Ya es harto conocido que los sectores políticos y económicos que adversan la revolución bolivariana no sólo es que tienen a su servicio el 82 por ciento de la mediática privada: radio, prensa escrita, televisión, portales Web, redes sociales, etc., etc., para imponer su visión de la realidad venezolana, sino las más poderosas corporaciones mediáticas globales (CNN, FOX News, etc.), que -un detalle para nada insignificante- entran como perros por su casa  por esa antenita parabólica de DirecTV, o cualquier otra empresa, que vemos  adheridas al techo de la vivienda más humilde de cualquier cerro de nuestra Caracas.

La prueba más reciente de ello es el referéndum para la reforma constitucional de diciembre de 2007, en la que la derecha derrotó al chavismo -la única en 19 elecciones y en 17 años- al lograr posicionar el terror de la gente ante la pérdida de su propiedad privada. Bastó para ello una  pieza  audiovisual en la que un carnicero se lamentaba por perder su negocio expropiado por esta versión de “comunistas come niños” de estos tiempos con lo cual han querido emparentar a los bolivarianos sus adversarios.

Mañana, pues, lo que de nuevo estará en juego en la elección número 20 que confronta al chavismo y a la derecha, es si la mayoría de las y los electores  venezolanos creyeron de nuevo el cuento del “comunismo come niños” o no, pero esta vez en relación a quiénes son los culpables de la escasez de alimentos y la inflación artificialmente inducida y galopante que golpea la tranquilidad de la mayoría de la población venezolana desde el alborear de 2015.

Los chavistas han hecho ingentes esfuerzos para esclarecer ante la opinión pública que se trata de una guerra económica que involucra a los empresarios privados que controlan el 70 por ciento y hasta más, no sólo del aparato productivo, sino peor aún, la distribución casi absoluta de bienes de consumo masivo, llámese alimentos o medicinas, y que es contra estos y su perversidad que debe descargar su descontento este 6 de diciembre.

Ciertamente, como sostienen algunos analistas, los mecanismos de manipulación, sobre todos los asociados al miedo y la neurotización,  desarrollados por los laboratorios de guerra psicológica del imperio estadounidense y sus aliados, incluido el sionismo israelí, han adquirido tal nivel de sofisticación que cuesta mucho neutralizarlos, más aun cuando la acción que busca este objetivo es, como también sostienen los analistas, es reactiva, podría decirse que hasta desesperada, o de última hora, en vez de preventiva.

Ello lleva a este humilde escribidor a reflexionar acerca de cómo es que el pueblo petareño, con unos dos mil barrios populares,  hoy ahogado virtualmente en basura por la mala gestión del derechista alcalde Carlos Ocariz, sigue dándole el 30 por ciento de su votación a esta derecha frente un 40 por ciento del chavismo. Por que razón, además y no menos grave, se abstiene más que los sectores  clase media.

Pienso entonces qué hubiese sucedido en la conciencia de los electores petareños si el Gobierno Bolivariano hubiese enviado una flota de cuantos camiones recolectores de basura fuese necesario a esta parroquia antes del este 6D. A lo mejor no hubiese variado mucho la tendencia electoral arriba descrita, pero como nos gusta mucho parafrasear a los chavistas: “Obras son amores”, o,  “La mejor manera de decir es hacer”.

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