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¿Sería sensato legislar a espaldas del pueblo?

Carlos Machado Villanueva

Al gobierno del presidente Nicolás Maduro, al igual que como ocurre EE.UU, Argentina y Portugal, después de los resultados del 6 de diciembre, le corresponderá cohabitar con una oposición con mayoría parlamentaria, lo cual avizora tensiones crecientes si en ambos sectores no prevalece la suficiente madurez y voluntad política para el diálogo, pues la confrontación abierta entre los dos modelos en pugna, el socialismo bolivariano en minoría, y el neoliberal y de derecha, significaría la parálisis del país y el retroceso en los avances, sobre todo sociales, alcanzados en 17 años de Revolución Bolivariana.

La izquierda mayoritaria en el parlamento

En el caso de Portugal y Argentina, las fuerzas progresistas moderadas y de izquierda comprometida –no eso que se hace llamar izquierda estilo PSOE o Partido Socialista Francés-, dominan actualmente el poder legislativo en ambos países.

Mientras que, si bien en Estados Unidos existe la llamada cohabitación, ésta opera entre un Partido Republicano mayoritario en las dos cámaras frente a un minoritario Partido Demócrata, que por la disputa entre ambos para ver cuál de los dos es más de derecha neoliberal, terminan coincidiendo en la mayoría de los temas que legislan, con tan solo pequeñas diferencias de estilo.

La excepción de dicha coincidencia se presenta solo cuando de aprobar leyes favorables a los más pobres se trata, como en el caso de la ley de asistencia médica gratuita a los más pobres, bandera electoral del presidente Barack Obama, que ha sido bloqueada por los republicanos, quienes en esta materia se destacan por su neoliberalismo rabioso e inhumano, según el cual solo recibe salud quien tenga con qué pagarla.

En el caso de Portugal, es de reciente ocurrencia la situación de mayoría parlamentaria de la izquierda, y por tratarse de un sistema parlamentario al que le toca nombrar y destituir al primer ministro -que en la práctica es quien ejerce la función ejecutiva-, recientemente debió ser destituido Pedro Passo Coelho por su compañero de partido en función, el presidente Antonio Cavaco Silva, ambos del mismo partido derechista PDC.

Cavaco Silva debió nombrar entonces, como lo decidió esta mayoría, un primer ministro socialista, Antonio Costa, opuesto a las políticas neoliberales de austeridad impuesta a los lusitanos por el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional, que incluyó recortes salariales y de pensiones.
El catecismo neoliberal

Aun cuando al nuevo presidente derechista recién electo de Argentina, Mauricio Macri, le corresponde asumir el gobierno el próximo 10 de diciembre, ya ha anunciado algunas medidas de corte neoliberal como el incremento de las tarifas de algunos servicios públicos como la electricidad y el transporte. Ello estaría contemplado en la Constitución Argentina, a través de la figura del Decreto Presidencial. Solo que éste debe ser renovado y ratificado 90 días después por el congreso argentino, por lo que se espera que el kirchnerismo lo rechace de plano.

Como es harto conocido, esta política es un catecismo seguido por todos los partidos de derecha en el mundo, por lo que es de esperar que la derecha venezolana no sea la excepción; e incluso, antes de este su segundo triunfo electoral importante en 17 años de Revolución Bolivariana, ya en el parlamento saliente este bloque de la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se pronunció en contra de aprobar más recursos para pensiones, así como para otras áreas de atención social en varias sesiones como es público y notorio.
Perder una oportunidad

Los voceros de la MUD, en particular su ala más radical, no se cansan de insistir en que su objetivo principal es sacar al presidente de Nicolás Maduro cuanto antes de la presidencia, aunque para ello deba lograr la mayoría absoluta de 112 escaños y de ese modo poder activar la convocatoria a un referéndum revocatorio a partir del 14 de abril de 2016.

En tal sentido, hay analistas que consideran que eso sería un error de las fuerzas de derecha, pues si esta postura extremista prevalece y se intenta utilizar el triunfo con la idea de que hay que sacar al gobierno de inmediato, y que esto es un plebiscito y hay que ir a las calles a desestabilizar, la oposición habrá perdido una oportunidad de oro para consolidarse.

El presidente Nicolás Maduro ha dicho que está dispuesto a mantener e impulsar el diálogo político con las fuerzas de derecha ahora mayoritarias en la Asamblea Nacional, pero que si la actuación de esta a partir de su instalación el próximo 5 de enero es de negar recursos para garantizar derechos sociales, con la Constitución en la mano se lanzará junto al pueblo a las calles para impedirlo.

Ciertamente, si la derecha mayoritaria en el parlamento intenta aprobar medidas antipopulares, podría desafiar la fuerza de los numerosos movimientos sociales que han surgido al calor de la Revolución Bolivariana.

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