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Se solicitan economistas, que digo: comunistas

Pedro Gerardo Nieves/ Especial Cuatro F/

Se solicitan comunistas, socialistas, cristianos auténticos, humanistas, bolivarianos, fidelistas, chavistas o cualquier otro sinónimo. Se requieren si es posible con moto (ideas) propias; buena atención al público (compromiso patriótico con el pueblo y mejor aún: con la realidad); y capacidad para trabajar bajo presión (echándole bolas desde ahorititica, porque el bien más escaso en esta coyuntura es su majestad el tiempo). Abstenerse capitalistas clásicos, neoliberales o rentísticos, comeflores idealistas, tiranosaurios de manuales ortodoxos y protegidos de aparatos importadores, sean del color que sean.

Los necesitamos urgente para que se echen al hombro, junto a nosotros el pueblo, la tarea descomunal de abatir el capitalismo puro y duro, espetarle cuatro verdades al capitalismo de Estado que se disfraza de buen señor, dejar sin trabajo a todo cazaguire raspacupo y bachaquero de cualquier nivel y movilizar a las fuerzas productivas para que produzcan a la velocidad del rayo sin estupideces ni llorantinas.

Deben echar tierrita también, y no jugar más, a todos los políticos que aún cuando se autodenominen socialistas no se den cuenta que la política es la síntesis concentrada de la economía y que si queremos dominar las ideas debemos comenzar por dominar la economía, la producción de bienes en la sociedad.

Socialdemócratas que suponen que todo termina con la distribución discrecional de la gota petrolera, deben salir corriendo a hacerse socialistas para ver si alcanzan a montarse en el autobús del socialismo.

Profesionales que viven de solicitar créditos al Estado que nunca pagan, gerentes de empresas que no producen, corruptos de viejo o nuevo cuño y políticos panfletarios que no preñan a nadie, favor ubicarse cómodamente en el bus que los debe llevar bien largo al carajo, o a la cárcel, según sea el (de)mérito.

Bueno si algún mechúo explica que si podemos hacer convenios con petroleras del mundo, gringas inclusive, para explotar el mineral, también podemos hacer alianzas internacionales para producir aquí alimentos y bienes de todo tipo. Sin prejuicios, ni dogmas, ni pajas locas.

Que conste que la presente solicitud que hace este escribidor, civilmente hábil y de este domicilio, no se hace luego de haber estudiado complejas fórmulas económicas con machetólogos de oficio; ni después de viajes a ninguna academia china, ni después de revisar desvencijadas bibliotecas de la antigua Unión Soviética.

Sí, hemos de admitir con algún rubor que hoy, cuando nadie lee a Marx ni a Engels (o por lo menos así pareciera), los barbudos nos gritan con la vena del cuello brotada que tenemos que entender primero para poder rectificar, que la historia es la documentación de las luchas humanas por mejorar sus condiciones de vida; que el socialismo es científico, o no es; y que si quiere saber más debe darse una vueltica por sus textos o al menos por el Anti-Dhüring o La Ideología Alemana.

Nace también la solicitud del aburrimiento que me causa el hecho que el pelucón de Lorenzo Mendoza cacaree que como Estado tenemos plantas de maíz que pueden producir más que su grupo monopólico, pero están esperoladas. Además de bostezo, alguna arrecherita da que lo que dice el guisador de la Patria con Ricardo Hausmann tenga algo de cierto.

Tiene esta solicitud además el convencimiento de que no solo podemos producir lo que comemos y usamos en la vida diaria. También tenemos gente con ganas, recursos naturales, tierras y todos los juguetes para satisfacer las necesidades de otros pueblos del mundo, mientras producimos divisas para nosotros: dólares, euros o yuanes, pero no guisado, sino trabajados y sudaítos dignamente y materializados en bienes de primera calidad.

Pero la causa real, exacta, completa, como luna llena, verdá verdaíta, es que esta vehemente solicitud fue impulsada por las duras palabras que me dijo don José, un indio cuiba asentado en Puerto de Nutrias, a orillas del río Apure.

Había sido designado enlace del Equipo Político Estadal del PSUV Barinas en el Municipio Sosa. Eran las 6 de la tarde del 6D y el CNE acababa de avisar que se prolongaba una hora más el acto de votación.

-¡Todos a buscar volando a los chavistas que aún no ha votado!, grité al pocotón de llaneros que me rodeaban.

-Don José, el cuiba, no ha votado aún, dijo una patriota.

-Vamos a convencerlo, dijimos.

Cuando llegamos a su vivienda, el viejo tomaba café con aire despreocupado y tranquilo.

-Buenas buenas, don José. Venimos a buscarlo para que vote por los candidatos de la Patria.

-No mijo, ustedes no ayudan a los indios, dijo el hombre.

-¿Cómo que no? Si Chávez protegía con amor a todos nuestros hermanos indígenas, le respondí con dureza.

-Sí hijo. Chávez sí, pero ustedes no. ¿Cómo es posible que una Harina Pan cueste 200 bolívares?

Ahí yo, que me la tiro de intelectual, de pensador y de productor de ideas, quedé patidifuso y descuchufletado. El viejo no quería argumentos, muela, cotorra, labia, ni lora. Solo quería harina pa´las arepas y como no podíamos dársela como proceso político, era atracado por una feroz cadena de explotación del pueblo que comenzaba con el bodeguero especulador e iba a parar a las oficinas en Nueva York de Lorenzo y su pandilla.

Como dijo Maduro, la guerra económica nos propinó una derrota electoral. Y bien fea.

Y al dirigente político que nos mandaba a explicar con argumentos la guerra económica en plena cola donde el pueblo sufría para procurar sus alimentos, le digo que la gente en general lo entendía, pero el común lo que quería era caernos a piedra.

Porque si al pueblo le roban la harina, tenemos que darle harina. Y no se lo preguntemos a Marx, a Lenin o al Che. Veamos la pirámide de Maslow, o jerarquía de las necesidades humanas, y entenderemos.

Por eso saludamos y nos plegamos y desplegamos para que como Gran Polo Patriótico, como Partido Socialista Unido de Venezuela, asumamos la vanguardia de un gran proceso de producción masiva nacional que le parta el espinazo al morbo de la guerra económica que no solo roba artículos de primera necesidad al pueblo sino que también nos pretende envilecer moralmente replicando sus malas prácticas.

Buscamos economistas, comunistas, patriotas, pueblo todo, que sepa que mientras el capitalismo premia al capital y sus tenebrosidades, es el socialismo la ciencia del trabajo y de la abundancia que este genera como hecho social dignificador.

Asumamos entonces que no podemos llamarnos socialistas ni comunistas, ni chavistas, si no producimos. Acto seguido, arremanguémonos la camisa y pongámonos a producir como soldados en una guerra cuya victoria será la victoria del pueblo contra el imperialismo opresor.

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