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San Cristóbal, la urbe andina donde el odio político golpeó la proverbial cordialidad (I)

Muchos de sus habitantes coinciden en que los cambios que se observan hoy  en el ser tachirense se produjeron en muy corto tiempo y que en ello la influencia de los  canales  de televisión colombianos RCN y el Caracol por cable  jugaron un papel determinante antes de su salida del aire al ser sancionados por Conatel.

Por Carlos Machado Villanueva

Caracas, 27 oct.- A primera vista la ciudad de San Cristóbal se le antoja al visitante  como una acogedora  capital del estado andino de Táchira en la que la cordialidad y la parsimoniosa espiritualidad de sus habitantes reflejada en su hablar “cantaíto”,  son dos de los  estandartes de su orgullo gentilicio.

Aunque rápidamente,  la realidad  de hoy de esta urbe provincial venezolana ocasione una ruptura en ese imaginario de bucólico paisaje  que se forma inicialmente , y lleve a descubrir cómo la inoculación del odio político por vía mediática y la importación de prácticas humanas alejadas de la honradez  y el amor al trabajo de su gente,  impacta la fisonomía moral, anímica y cultural de un pueblo.

La pirámide social

Lo primero que resalta es descubrir el empinado trazado urbano con sus  empinadas calles y avenidas que van descendiendo hasta el Río Torbes, eternizado en un bambuco (ritmo suave tachirense)  para encontrarse inmediatamente al norte con una suavemente ondulada colina ya sabanizada y de un verdor amarillento.

Apretujadas viviendas de bloques rojos sin frisar  dispuestas una sobre la otra que hablan de la condición social de sus moradores, se divisan al noroeste,  se trata de la comunidad de El Valle del Torbes, en su parte más baja, el mencionado curso de agua opera como límite natural entre  esta y la ciudad.

No obstante, la configuración urbana del casco central cristobalense semeja una pirámide social,  puesto que los sectores populares, las mayorías,  habitan en los “bajos” de la ciudad, como el popular barrio 23 de Enero,  mientras que  los más pudientes, las minorías, lo hacen en el sector “alto” de la ciudad, paradójicamente conocido como “Barrio Obrero”.

Tan es así que las exclusivas urbanizaciones y condominios  clase media alta suelen incluir este cognomento en su nombre, hasta el extremo de llegar a llamarse “Los Pirineos, por encontrarse en la cota más alta de la empinada ciudad.

La condición pudiente de este microambiente social en las “alturas” se pone de relieve rápidamente al observar, por ejemplo, la concentración de sitios alto consumo, llámense estos, restaurantes,  discotecas, centros comerciales o tiendas, incluso las  de “buen vestir”.

Como en el caso una con sonoro nombre anglo con su característico apóstrofe seguido de la letra “s” y cuya notoria presencia de esquina se debe sobre todo a sus vitrinas mostrando costosísimas vestimentas de moda, y cuyas ganancias por lo visto le permiten mantener una publicidad en la “parilla” de la TV por cable local.

Esta expresión de supuesta modernidad de la otrora conservadora y muy  religiosa capital andina  queda al descubierto en la “liberalidad” de su juventud, esa que viste sin ningún asomo de rubor a la usanza impuesta por el “fashion” consumista de hoy, esa de zarcillos en orejas masculinas, “piercing” (pircin) y  tatuajes atrevidos en las partes más “insinuantes” tanto de chicos como de chicas, pantalones jean raídos a más no poder; e incluso,  hasta en el pasar frecuente de chicas conduciendo sus motocicletas tipo “scooter”.

Ciertamente, la presencia de un numeroso parque automotor, incluso de reciente adquisición en sus ya congestionadas  avenidas, muestra un San Cristóbal pujante y con alta capacidad de movilidad ciudadana tanto pública como privada, algo que sobre destaca por estos días, dado el insurgir de un “fenómeno” sólo atribuible a la “guerra económica” instalada contra toda Venezuela.

La carga letal

A partir de entonces el combustible automotor  pasó a ser  una codiciada  mercancía en vista del altísimo valor que ha venido adquiriendo, dado que un litro de gasolina puede llegar a costar entre 2.500 y 3 mil bolívares, siendo que su precio oficial es hoy de apenas un bolívar o  algo más.

Razón esta por la que  no pocos aspiren  ganancias  rápidas y voluminosas con su venta clandestina en las llamadas “pimpinas” o “bidones”, con lo que al llamado “bachaqueo” (venta especulativa al detal de modo informal) de gasolina  hacia Colombia, se une ahora su expresión interna.

Y he aquí lo más grave aún: con su letal carga de desmoralización y la destrucción del tejido social solidario característico del tachirense, y al que el paramilitarismo colombiano que se mueve en esta franja fronteriza colombo-venezolana le saca mucho provecho económico, como a toda actividad comercial ilegal y delictiva

Lo que lleva a actos tales como su venta a conocidos o allegados de toda la vida  al especulativo precio,  con la excusa ya casi naturalizada por un  manipulado “sentido común” que reza: “Lo hago  por culpa de la inflación”, y que como es público, notorio y comunicacional, obedece a la arbitraria y criminal manipulación del precio del dólar en bolívares.

Labor desestabilizadora realizada  día a día por el portal Dólar Today,  perteneciente a conocidos conspiradores y golpistas venezolanos desde la ciudad  estadounidense de Miami con la complicidad justamente de mafias instaladas en Cúcuta, ciudad colombiana  fronteriza  con Táchira

Una expresión más de esa pérdida de valores lo representa el hecho de que muchos dueños de transporte privado de pasajeros urbano e interurbano dejen a la ciudad sin el servicio para apostarse en las larguísimas colas alrededor de las estaciones de gasolina o gasoil, que pueden ser de hasta 12, para luego de llenar el tanque trasvasarla en “pimpinas” de hasta 20 litros, con el agravante de que quien la demande un día domingo, cuando casi no hay “bombas” abiertas”, deba pagar hasta 50 mil bolívares por cada una.

El caldo de cultivo

No es difícil coludir entonces que esta situación enervante vivida por los tachirenses diariamente es el caldo de cultivo para exacerbar la intolerancia y la agresividad en una porción de las y los ciudadanos, incluso aquellas, incluida la de tinte de tipo político.

Observable, por ejemplo,  cuando una conductora se “colea” –adelanta con su vehículo irrespetando a los demás-, colisiona contra un motorizado e inmediatamente comienza a proferirle insultos, siendo que la infractora es ella; más aún, su hijo, que se había bajado y alejado unos metros del vehículo, al percatarse de la discusión la emprende violentamente contra aquel, que se defendía sin altisonancias y hasta con cierto respeto. “Pero señora, usted fue la que me chocó a mí, no se da cuenta”, le repetía.

Iramar, una joven madre trabajadora, sostiene en este sentido: “Cuando yo me fui hace 5 años San Cristóbal era una  y al regresar encontré otra. Aquí se han perdido los valores, el respeto, las personas por el más mínimo incidente se predisponen a agredirse entre sí, algo ya común en los altercados que ocurren entre conductores en el tránsito diario”.

Es así como un  taxista que intenta “comerse” la luz roja en un cruce de avenidas le vocifera al conductor que ejerciendo su derecho a avanzar se le interpone: “Desgraciado, seguro que eres chavista”.

Mientras que en las guarimbas (manifestaciones foquistas y callejeras violentas) de febrero-mayo de 2014, iniciadas por cierto en San Cristóbal  por militantes violentos del partido de extrema derecha Voluntad Popular, al que pertenece el ex alcalde Daniel Ceballos,  convicto por incitar estos hechos que en esa oportunidad a nivel nacional ocasionaron 43 víctimas mortales.

La Avenida Carabobo en los días de violencia ultraderechista

En las  más recientes  refriegas violentas de la ultraderecha venezolana contra el Gobierno bolivariano presidido por Nicolás Maduro entre los meses  de abril  y julio de este  año, y que costaron la vida a 120 personas, ocasionadas en su mayoría por certeros disparos de armas largas hechos  por paramilitares colombianos,.

En esta ocasión la entidad andina cobraría triste renombre de nuevo cuando un militante del partido ultraderechista Vente  de la empresaria Maria Corina Machado, asesinó de 7 disparos a una inocente ciudadana.

Continuara…

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