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Rubén Darío o llegar a la épica por la ruta de la poesía

Por Francisco G. Navarro*

Managua (PL) La Asamblea Nacional de Nicaragua declaró su intención de proclamar Héroe Nacional al poeta Rubén Darío, hecho protocolar que marcará la cima de los homenajes en torno al centenario de su muerte, este 6 de febrero.

Habitará entonces el espíritu del bardo en el altar de la épica nacional, al lado de generales, coroneles, comandantes guerrilleros, un soldado campesino, el ajusticiador de un tirano o un periodista mártir de las libertades públicas.

El primer día laboral del año, el Gobierno mediante decreto presidencial estableció las líneas maestras que marcarán la conmemoración secular a lo largo de todo el 2016.

Comoquiera que la fecha natal del bardo, 18 de enero de 1867, queda muy cerca de la luctuosa, desde mediados del primer mes del año comenzaron las conmemoraciones, tanto las populares como las de marcado carácter oficial.

Entre estas últimas sobresalieron los honores, académico y parlamentario, que recibió un estudioso de la obra dariana: el director de la Real Academia Española (RAE), Francisco Darío Villanueva.

El Paraninfo de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua -en su sede primigenia de la ciudad de León, capital intelectual del país- acogió la investidura de Villanueva como doctor Honoris Causa, título concedido por esa casa de altos estudios, la última fundada por España en América (1812).

Escenario que no tuvo nada de casual, pues en esa propia aula magna fue velado el cuerpo del poeta, cuyo entierro tendría lugar justo una semana después, el domingo 13 de febrero, en la Basílica Catedral de la Asunción de León.

En la también llamada Catedral de la Luz, la escultura de un león doliente parece custodiar su inmortalidad.

Remedando los versos de Darío, a quien consideró por siempre el máximo poeta panhispánico, Villanueva agradeció la toga, el birrete y la medalla recién impuestos: “ningún regalo mejor podría ofrecerme este diamante entre flores de la América Central”.

Para el director de la RAE, este año 2016 es preciso señalarlo “en piedra blanca, por cumplirse los centenarios luctuosos, cuarto y primero, respectivamente, de dos príncipes de nuestras letras, el español Miguel de Cervantes y el nicaragüense Rubén Darío”.

A su juicio, el segundo está en la estela del primero, por ser un escritor absolutamente trascendental para la historia de la literatura firmada en castellano.

La publicación de la poesía completa del padre del modernismo literario en una colección de Clásicos de la Lengua Española figura entre la larga lista de homenajes internacionales por el primer siglo de su adiós.

Al día siguiente de su alta investidura académica y durante una jornada en la que la Asamblea Nacional lo condecoró con la Medalla de Honor en Oro, Villanueva volvió a exaltar la gloria del nacido en la mísera villa de Metapa, anteriormente llamada Chocoyos, y Ciudad Darío desde 1920.

Palabras esenciales en el tiempo, dijo al referirse a los versos darianos en la lección inaugural del XIV Simposio Internacional dedicado en León a la memoria del lírico nicaragüense por excelencia.

La importancia de Rubén para el desarrollo creativo de la lengua española y de la poesía en ella escrita no fue menor, 300 años más tarde, que la de Cervantes para la prosa y la narrativa, aseveró.

Al aludir a la renovación y características inherentes a su lírica, el director de la RAE consideró que la Generación española del 27, en la que se incluye Federico García Lorca, no hubiese existido sin el ejemplo del autor de Prosas profanas.

En la fuente poética de Rubén Darío bebieron también otros de los más altos exponentes del género en España y Latinoamérica, sostuvo el filólogo y catedrático gallego.

Y citó tres Premios Nobel: Juan Ramón Jiménez y los chilenos Gabriela Mistral y Pablo Neruda, más otros que pudieron serlo: Antonio Machado, el peruano César Vallejo o el argentino Jorge Luis Borges.

TODO COMIENZA EN AZUL

La escritora cubana Mirtha González, en diálogo con Prensa Latina, destacó cómo el significado más relevante de la obra de Darío es ser el único latinoamericano cuya obra marca el inicio de un movimiento literario: el Modernismo.

Como cota inicial de tal corriente se toma la publicación -el 30 de julio de 1888, en la ciudad chilena de Valparaíso- de su obra Azul, colección de cuentos y poemas, cuya segunda edición apareció en Guatemala dos años después.

Aquel libro trascendió en la historia de la literatura hispanoamericana y trajo a América el protagonismo del movimiento modernista en la lengua española, argumentó.

“La Generación del 98 en España estuvo fuertemente influenciada por el quehacer del autor de Cantos de vida y esperanza, otro mérito de importancia y trascendencia”.

Hay quien relaciona el nombre de este poeta con los cisnes; yo jamás dejaré de vincularlo con la princesa triste de la boca de fresa, comentó González Gutiérrez.

Y la escritora se traslada en el tiempo hasta las lejanas clases de Literatura en el instituto, cuando Darío buscaba para sus versos lugares exóticos, Ormuz o Golconda, y palabras inusuales: hipsipila y azor.

La renovación del lenguaje, la rima y la métrica, la rebeldía y el refinamiento, la sonoridad de los versos, el uso de neologismos y arcaísmos, el preciosismo en el léxico, la nostalgia por los tiempos idos y la creación de situaciones relacionadas con personajes fantásticos como hadas, gnomos y ninfas, confluyen en el cauce delModernismo.

Para la literata cubana lo más relevante fue la intención y materialización de la ruptura temática y formal, así como la perfección de esta última, consideró la especialista.

“Los aportes de Darío a la corriente están en el aspecto formal de su obra y en su sentido simbólico, profundamente filosófico; la renovación de la métrica con el uso de versos de nueve, 12 ó 14 sílabas, más otros cánones identificativos como la grandilocuencia lingüística y el preciosismo”.

“Como todo temperamento innovador tuvo detractores que encontraron manchas en el sol de su poesía: el adorno inmisericorde de la palabra, el rebuscamiento y exhibición de recursos léxicos que ellos consideraban obsoletos o inoperantes”.

Pero es genial la rima de sus poemas, esa cadencia que va desgranando las palabras sin que nada falte ni sobre, puro ritmo, la hondura lírica y la dignidad a la cual elevó la poesía escrita por autores nacidos de este lado del mundo hispano, dijo González.

Y a quien no crea en sus argumentos, invita a leer su historia de la princesa de la boca de fresa. Esa misma que se da el lujo de habitar un siglo después en una canción de Joaquín Sabina.

 

*Corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua.

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