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Ilustración Elbio Ramírez

¿Por qué Polar no se va de Venezuela?

Por Víctor Hugo Majano

Con una dependencia extrema de insumos importados, y en consecuencia de las divisas que obtiene Venezuela de la venta de su petróleo, el conglomerado de alimentos y bebidas Polar ha logrado que el gobierno bolivariano le garantice, a lo largo de los últimos once años, ingentes cantidades de divisas asumiendo un comportamiento extorsivo en su discurso y con su acciones.

Así, cualquier intento oficial por verificar, controlar y vigilar la producción y el uso eficiente de las divisas preferenciales que se le adjudican, ha venido siendo mostrado como una agresión orientada a provocar una expropiación, paralizar la producción o, inclusive, obligar al grupo irse de la nación sudamericana y establecerse en sus, supuestamente, inmensos centros de producción en Colombia y en EE.UU.

La verdad, tras una revisión de los activos, volúmenes de producción, ventas e inversiones de Polar a nivel global, indica que el conjunto de empresas envasadoras de la familia Mendoza se tendrán que quedar en Venezuela, a pesar de su hostilidad hacia el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Una primera gran razón para seguir en Venezuela es justamente el inmenso caudal de divisas que alcanzó la cifra de casi 6 mil millones de dólares desde 2004, y que le permitió repotenciar sus plantas de Chivacoa y Turmero para pasar de una producción que no superaba las 500 mil toneladas en 2010 a poco más de 600 mil a partir de 2015.

Asimismo pudo desarrollar a finales de 2012 una nueva línea de productos, Migurt, en sociedad con el grupo español Pascual, incluyendo el montaje de una planta en Valencia a un costo declarado de de 150 millones de dólares.

Y hasta le permitió en menos de tres años, en septiembre de 2015, recuperar la inversión y cancelarle a Pascual su participación accionaria y hacerse con la totalidad de los activos de Migurt, un producto de origen lácteo que ofrecen como si fuera yogurt.

Y solo en el último mes el grupo, que se declara acosado por el gobierno bolivariano, ha presentado dos nuevas marcas y productos, la cerveza Solera Black y el novedoso helado Toddy que se ofrece hasta en la red estatal de abastos Bicentenario.

Internacionalización desde Caracas

En el inicio de la década, Polar concretó una parte de un plan de internacionalización que le permitió integrarse como socio con el 30% en la operación del negocio de bebidas de Pepsi en México, con una inversión de cerca de 180 millones de dólares forma parte de la alianza de Pepsico y Cultiba.

Para la fecha de esa negociación Polar reveló que había registrado en 2011 ventas globales por la suma de 6 mil 500 millones de dólares, y así lo expuso Pepsico al informar oficialmente sobre la alianza, es decir, eso fue antes de que los pesos mexicanos comenzaran a caer en las cajas registradoras de los 950 mil puntos de venta.

Para la ejecución de esta operación la corporación desnacionalizó el capital a invertir a través de la creación de cinco firmas fiduciarias entre 2008 y 2009 en Nueva Zelanda, donde los fideicomisos para proteger activos o las compañías offshore, disfrutan de baja tributación, pero sin que se considere que se trata de un “paraíso fiscal”, con las connotaciones negativas que tiene el término.

Una de estas, denominada Gambrinus, fue utilizada para controlar, a través de la figura de administrador único, la compañía española Polmex Holdings, con la que se cerró la alianza mexicana. La firma española ya existía previamente como una empresa “cascarón vacío” (Belotana Servicios y Gestiones SL) y le fue cambiado el nombre en noviembre de 2011, coincidiendo con la fecha del convenio en la nación azteca.

80 mil toneladas se producen en Venezuela

Las principales plantas de Polar se encuentran en Venezuela, donde su producción de alimentos básicos se ubica entre 75 mil y 80 mil toneladas al mes, según las cifras de la propia organización. Eso no incluye bebidas, cerveza y snacks entre otros.

En contrapartida su única planta en el exterior, ubicada en el departamento de Cundinamarca, en Colombia, tiene una capacidad de poco más de 8 mil toneladas, incluyendo alimentos para mascotas, lo que equivale al 10% de la producción en territorio nacional.

En el caso de la harina precocida la comparación es similar: mientras la producción local supera las 600 mil toneladas, en Colombia apenas superan las 50 mil toneladas, según un reportaje de Konzapata.com firmado por el periodista Javier Conde.

En EE.UU el grupo tiene una planta de malta en el sur del estado de Florida y el año pasado, en una especie de outsourcing en Texas con International Grains Cereal, comenzó a producir harina de maíz a escala local.

Así que ¿para dónde te vas a ir, Lorenzo?

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