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¿Se impondrá la estabilidad política o los negociantes del pan en Venezuela?

Carlos Machado Villanueva

Cada vez parece más evidente que en Venezuela hay una real huelga de brazos caídos de una parte nada desdeñable del aparato industrial privado, más evidente cuando como lo denuncian trabajadores cada vez con más frecuencia, no pocos de sus propietarios  actualmente  utilizan   tácticas, tales como la de disminuir la producción cada vez que se presenta un contexto de agudización de la confrontación chavismo-oposición,  para mermar la confianza del electorado en el proyecto bolivariano próximo a alcanzar dos décadas con más victorias que derrotas.

Pero si algún sector empresarial parece no temer las consecuencias de  su labor de desestabilización, ese no es otro el que el sector panadero. En Venezuela, consecuencia de la imposición de hábitos de consumo,  estimulados por el rentismo petrolero, una gran porción de su población se ha hecho consumidora de harina de trigo en sus diferentes presentaciones, pero en especial el pan, a pesar de que éste no se cultiva en sus suelos a gran escala.

Y aun cuando el consumo de harina de maíz, convertido en  la demandada arepa, domina en el gusto de los sectores populares, o de menores ingresos, en vista de su mayor aporte nutricional en relación con el pan, la drástica caída de la producción de harina de maíz precocida, también prevista  dentro del paro empresarial en marcha o “guerra económica”, lanzó a este mayoritario segmento de sus consumidores hacia el mercado del pan de trigo, lo que inevitablemente colapsó  su capacidad  de satisfacer la repentinamente acrecentada demanda.

Como no se cansan de denunciarlo los especialistas y afectados, el caos se impuso,  y una de de sus múltiples consecuencias y la vez  la más evidente fue la generación de  largas filas de ciudadanos agolpadas a las afueras de las panadería de las grandes ciudades de Venezuela en horas  pico,  en fatigosa y enervante espera, sin garantía de que finalmente pueda adquirir un “mendrugo” de pan luego de horas de espera y  con la indignación que tal circunstancia implica.

Que  por allá por 1789, año de inicio de la revolución francesa,  el Rey Luis XVI no se percatase de las consecuencias que le acarrearían a su reinado  el aumento exorbitante del precio del pan para una población en ese momento  no dispuesta a aceptar una agresión más en su contra de la oligarquía terrateniente entonces dominante, es posible y aceptable; pero que hoy no lo sepan quienes están detrás de la a todas luces odiosa estrategia desestabilizadora contra la institucionalidad democrática venezolana,  los grandes empresarios del negocio del pan y sus derivados en Venezuela,  no es jamás de los jamases creíble, y por supuesto para nada ni nadie aceptable.

Veamos nomás la seguidilla de acciones que se suceden diariamente a las afueras de las panaderías para que no  nos quede ninguna duda del avieso plan de los inescrupulosos empresarios del pan en Venezuela (importadores de trigo, de levadura,  de otros insumos y tecnologías de manufactura).

 O mejor preguntémonos,  cómo se lo preguntan muchos de los que ya resienten esta irregular e insoportable situación: Por qué los panaderos no cumplen con el precio regulado acordado con el Gobierno nacional; o por qué no venden pan todo el día como antes y evitan las filas de compradores en las puertas como se les ha indicado; por qué en muchos casos los dependientes maltratan verbalmente  a los consumidores, muchos de ellos adultos mayores y beneficiarios de la política de previsión del Gobierno bolivariano..

Finalmente, necesario es aclarar que la conspiración a la que nos referimos no vendría  de  parte de los pequeños empresarios panaderos , en su mayoría portugueses, quienes son personas de trabajo y lucha -aunque  dentro  de este gremio haya muchos especuladores- , sino de poderosos conglomerados empresariales que vienen medrando desde hace décadas de la adquisición de dólares preferenciales para sacarlos fuera del país y así garantizar sus niveles de acumulación de capital agiotista y apátrida.

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