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Paraoposición y juego trágico

Miguel Ugas*

Para quienes practican el juego de billar les resulta familiar la expresión jugar a tres bandas, que se refiere a hacer una carambola teniendo como condición, tocar, previamente, con la bola que le corresponde al jugador, tres de las bandas que conforman el rectángulo de la mesa de billar, para poder concretar la carambola; naturalmente, se requiere de mucha habilidad  y precisión para intentar tal osadía.

Combinan formas de lucha y organizativas

Pues bien, jugar a tres bandas o practicar la política en diversos escenarios, simultáneamente, es lo que ha intentado siempre el imperialismo y la oposición venezolana en la confrontación de más de tres lustros con el movimiento chavista bolivariano; el problema ha sido que no han contado con la habilidad ni con la sabiduría requerida para desarrollar tan exigente juego.

También se podría decir para explicar tal conducta, apelando, ahora, a la terminología de la táctica política, que han intentado desarrollar, una combinación de diversas formas de lucha con sus respectivas formas organizativas, que, a todas luces, les ha resultado ineficaz.

Han sido dieciséis años de fracasos, con múltiples intentos, todos, signados por una demostrada inhabilidad, pero, más que eso, por una reiterada incapacidad de una oposición que ha resultado incompetente para interpretar la realidad social y política presente en la Venezuela bolivariana; es evidente que la desesperación les ha opacado la sensatez.

Qué no han intentado

En este orden de ideas, habría que preguntarse qué no han intentado el imperialismo y su engendro paraopositor para derrotar y/o derrocar a la revolución bolivariana, prácticamente, desde el mismo momento en que el Comandante Chávez tomó las riendas del país y, sobre todo, ahora, en esta etapa de conducción que le ha correspondido asumir al Presidente Nicolás Maduro Moros.

Golpe de Estado, paro empresarial, huelga petrolera, guarimbas, boicot electoral, manipulación mediática local e internacional, presión política internacional, amenazas imperiales veladas y abiertas, guerra económica, manipulación cambiaria, escasez premeditada de productos, inflación inducida, intentos de magnicidio, desconocimiento de instituciones, guerra psicológica, manipulación eclesiástica, contrabando de extracción, asesinatos selectivos de luchadores sociales y de dirigentes revolucionarios, acciones abiertas y encubiertas de terrorismo, etc., y hasta la  importación del paramilitarismo colombiano, de sus técnicas y prácticas asesinas y la incubación de bandas criminales, sembradoras de miedo y de zozobra colectiva y potenciadoras de inseguridad en la sociedad.

Todo ello aderezado con participación electoral pero descalificando de manera reiterada y sistemática al CNE, rector del sistema electoral que goza, si acaso, con  el mayor de los reconocimientos a nivel mundial.

Desesperación y pesadumbre

En fin, toda una gama de acciones a cual más perversas e ineficaces que han redundado, objetivamente, desde 1999 hasta la fecha, en el más rotundo de los fracasos, a pesar de que ha contado, esta derecha maltrecha, con ingentes recursos y expedito y copioso financiamiento del exterior, proveniente, principalmente, de  encubiertas agencias estadounidenses, que no escatiman en brindarles todo tipo de apoyo y asesoramiento; pero, aún así, no han podido torcerle el brazo al bravo pueblo venezolano.

Todos los manuales de desestabilización e injerencismo que el imperialismo ha puesto en práctica, exitosamente para sus fines, en diversas latitudes, acá en Venezuela, no le han reportado el resultado esperado; de allí que la desesperación que envuelve a los enemigos de la revolución bolivariana no es privativa de la derecha opositora vernácula sino que también apesadumbra a los más conspicuos y cenaculares voceros imperiales.

Tres bandas

Revisando lo acontecido, sólo en el presente año, en sus inicios, con el decreto de Obama declarando a Venezuela como una amenaza a la seguridad de los Estados Unidos, acompañado de lo planteado por jefes militares del Comando Sur, que cual pitonisas auguraron grandes protestas, a nivel popular, dada la situación de (supuesta) inestabilidad interna presente en nuestro país, se puso en evidencia que todo ello no era más que el manto protector con el que se pretendía cobijar un golpe de estado, en el que participarían unos pocos oficiales de la fuerza aérea bolivariana orquestados con sectores radicales de la desesperada derecha paraopositora (léase Antonio Ledezma y su combo), que oportunamente denunció el gobierno nacional, que incluía el ataque con un avión tucano estacionado, vaya casualidad, en Colombia que bombardearía sitios estratégicos de la ciudad de Caracas, incluyendo un acto en el que estaría participando el Presidente Maduro, con lo que se pretendía su asesinato para sembrar el caos en el país y, con ello, propiciar un desenlace que justificara, de alguna manera, la intromisión injerencista de los yanquis. He allí una banda del juego.

El fracaso de este malévolo plan, conllevó a los yanquis (Shanon y compañía), a aceptar el diálogo propuesto por la dirección revolucionaria y a la maltrecha derecha a acentuar su participación en las elecciones parlamentarias, es decir, a jugar en la otra banda.

Y todo ello, en el marco de la tercera banda, la del desarrollo de la guerra económica y la manipulación cambiaria, sazonada con las prácticas paramilitares; buscando la consabida generación de angustia y zozobra en la sociedad.

Ni agua

Pero, como siempre, al desconocer el papel del actor fundamental de esta trama, al pueblo venezolano concientizado por Hugo Chávez como sujeto histórico de su destino, nunca concretan la carambola. Si no fuese por los muertos y consecuencias trágicas de las malas jugadas del imperialismo y de su paraoposición, no quedaría otra que apoltronarse en el palco a presenciar la tragicomedia de los enemigos de la revolución bolivariana y chavista; de allí que hay que seguir el consejo del amigo Diógenes: al enemigo, ni agua.

 

miguelugas@gmail.com

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