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Papa Francisco en Cuba: Aproximación de las creencia religiosas y no religiosas

Por Humberto Gómez García/

Pasaron 17 años desde el anuncio oficial de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba Socialista el 21 de enero de 1998, tras la invitación que le hiciera al máximo jefe de la Iglesia Católica y del Estado Vaticano, el presidente cubano Fidel Castro.

El tema fue explotado entonces negativamente por las más conspicuas plumas del periodismo tarifado transnacional, por los medios de opinión escrita, radial, televisiva de las grandes capitales de las naciones del primer mundo, quienes a su vez las envían a los más diversos periódicos tercermundistas en manos de las oligarquías. Poca fue, entonces, la referencia ‘local’ al tema que diera pie, obviamente, a una objetiva investigación periodística y a señalar las lecturas que la referida visita entrañaron.

Obviamente que dicha visita tuvo una importancia singular si se parte, en primer lugar, de la jerarquía del invitado, lo que él como Jefe Político podía hacer con su presencia en el país menos católico de América y coincidir y apoyar la lucha cubana contra el bloqueo económico de los Estados Unidos contra Cuba. Estuvieron, pues, por una parte, los intereses particulares tanto del Estado Vaticano interesado el deshielar las relaciones iglesia/revolución, los del Estado cubano, como los de la propia jerarquía de la Iglesia Católica dentro de Cuba, cuya religión perdió espacio ostensible en el seno de ese pueblo en el decursar de los últimos 56 años, sectores sociales que se inclinan por otras opciones, desde la no creencia en ninguna religión hasta la primacía del sincretismo mágico-religioso de origen africano o el mismo protestantismo.

Señaló entonces Lisandro Otero: “Cuba no es un país esencialmente católico como pueden serlo Colombia o México, en América Latina. No tiene la arraigada fe que profesan los españoles ni instituciones tradicionalmente ligadas al poder político. El catolicismo nunca penetró en la base popular”.

Limar con la visita de Francisco, las asperezas, si quedan, entre la jerarquía católica y el Estado cubano, asperezas que comienzan con el inicio mismo de la revolución el 1º de Enero de 1959, cuando la alta jerarquía católica hace separación del proyecto revolucionario en el momento mismo que comienza la revolución su período de justicia social con el inicio de las nacionalizaciones y a afectar los intereses de los poderosos y privilegiados cubanos y norteamericanos. El antecedente más cercano eran las estrechas relaciones oficiales que tenía la alta jerarquía de la iglesia y el sátrapa Batista y la burguesía cubana; el ser instrumentalizada la alta jerarquía católica por los factores poderosos de la sociedad que moría con el nacimiento de la revolución para enfrentar esta.

Citemos nuevamente a Lisandro Otero, quién al referirse al tema señala que: “El conflicto de la iglesia católica con el poder revolucionario se produjo, inicialmente, cuando tras el triunfo revolucionario de 1959 se movilizó a los fieles en manifestaciones públicas y los templos se convirtieron en ágoras de debate político.

Las homilías eran diatribas virulentas contra el nuevo orden social. En algunos templos se escondieron contrarrevolucionarios”.

No era aquella iglesia católica cubana igual a la venezolana más arraigada al pueblo por contar con un padre Witak, un padre Camuñas; los jesuitas revolucionarios, las monjas de la ‘Teología de la Liberación’; la colombiana con un Camilo Torres; la nicaragüense con Ernesto Cardenal o la salvadoreña con el Monseñor Arnulfo Romero. Hombres y mujeres que hacían un verdadero trabajo social a nivel popular. No tenía en Cuba la religión católica el arraigo que puede tener en otros países de América. El pensamiento religioso de un sector importante de la población está permeado con otras creencias de origen africano: la Virgen de la Caridad del Cobre, San Lázaro y otras divinidades, son la mezcla, la fusión, por así decirlo, de las creencias y divinidades africanas y católicas.

En el período del capitalismo no había iglesias en los campos cubanos donde vivía el 70% de la población, ni en las montañas había un sacerdote o una monja predicando el credo revolucionario de Cristo, de justicia social. La evangelización se daba en los colegios católicos donde asistían los hijos de los poderosos; las parroquias estaban en las urbanizaciones más privilegiadas de las principales ciudades y el clero católico era en un alto porcentaje españoles de ideas políticas derechistas, reaccionarios muchos, de ideas franquistas, neo fascistas. Para esa época fueron expulsados 130 sacerdotes y 470 se fueron voluntariamente.

Se produce en aquel lejano período de la revolución un conflicto entre los sectores creyentes de origen popular y sectores de la clase media que están comprometidos con la revolución y la jerarquía católica que enfrenta a la misma y asume las posiciones de los grupos poderosos afectados por la revolución. De aquella época surge una organización femenina, integrada por creyentes, que se llamó ‘Con la Cruz y con la Patria’, que defendía abiertamente a la revolución y también sus ideas religiosas.

La nacionalización posterior de las escuelas y liceos católicos que se producen en Cuba, son motivados por los enfrentamientos políticos, nunca como una práctica de persecución religiosa o de las ideas, ni siquiera por ser instituciones privadas. En dichas escuelas estudiaban, como se dijo, los hijos de los ricos y de la clase media, de los sectores afectados y eran fuente de actividades contrarrevolucionarias, pero ni aún así puede presentarse un solo caso de un sacerdote fusilado o asesinado como si lo fue el Monseñor Romero por los paramilitares salvadoreños en pleno ejercicio litúrgico o las monjas y curas en la Argentina o El Salvador de atroces dictaduras.

Ni siquiera los tres curas que participaron en la invasión de Playa Girón en 1961 acompañando a los mercenarios enviados por Kennedy, delito tipificado como el de traición a la Patria, por estar al servicio de una potencia extranjera. Cuando se los apresó fueron, como la inmensa mayoría, canjeados por medicinas y alimentos pues ya había comenzado el bloqueo norteamericano a Cuba. Después algunos religiosos, curas, participaron en actividades contrarrevolucionarias y ninguno fue fusilado, fueron condenados y salieron mucho antes del tiempo de condena. Papel fundamental para evitar esas situaciones tuvo el Monseñor Zacchi, Nuncio del Papa en Cuba, quien contribuyó a la distensión entre la Iglesia católica y la dirigencia revolucionaria.

Mucho se especuló y manipuló sobre la persecución a la iglesia, sobre todo en los mayores momentos de la Guerra Fría, pero en estos 56 años nunca se cerró en Cuba ninguna iglesia católica ni otro culto permitido. Fueron expulsados sacerdotes españoles abiertamente contrarrevolucionarios en los inicios de la Revolución, pero fueron sustituidos por otros de su misma nacionalidad.

LA CONSTITUCIÓN Y EL DERECHO A CREER O NO CREER

Comencemos por señalar que la Constitución cubana establece, dentro de los derechos del ciudadano, que éste puede profesar la religión que desee o no profesar religión alguna, es decir, se admite constitucionalmente el libre pensamiento comúnmente estigmatizado en occidente como ateo. No se le da primacía a ninguna religión, todas son consideradas iguales ante el Estado.

La Constitución cubana sufrió una importante reforma y el Estado dejó de ser ateo para ser laico. Es decir, pese a haber una mayoría no creyente, se objetivizó aún más el cuadro de los derechos del hombre o del ciudadano cubano en su opción filosófica.

La libertad de culto es totalmente permitida y nunca está por encima de las leyes vigentes. El culto se entiende es exclusivamente religioso, por ello no se acepta la utilización de la fe para encubrir actividades, posiciones políticas o conductas que vayan contra la Revolución.

LOS CULTOS RELIGIOSOS EXISTENTES EN LA CUBA DE HOY

Aproximemos una visión, incompleta naturalmente, sobre la realidad religiosa hoy en Cuba, ya que tanto se especula en el exterior con la visita del Papa Francisco.

Cultos de origen africano.

La Virgen de la Caridad del Cobre, Ochún, “Cachita” a nivel de la familiaridad popular, es el prototipo religioso femenino; mujer mulata hermosa, como todas las de Cuba, protectora de la familia y diosa del amor y todos sus ingredientes eróticos y sexuales, dueña del agua de los ríos, del oro, del coral y del ámbar. Suyo es el poder de solucionar los conflictos amorosos, retener al amante que se va o salir de momentos difíciles.

¿Ella es la síntesis del sincretismo mágico venido con los esclavos del África, de la fusión u ocultamiento de las creencias ‘paganas’, mágicas de los esclavos africanos en una religiosidad católica impuesta por la fuerza del látigo, el castigo y la muerte incluso ante la herejía?

Es, pudiera decirse, un ser bifronte, con una cara la ven quienes tienen arraigada secularmente y en sus raíces históricas la magia y el sincretismo de los cultos africanos. Con otra cara, la de la cultura occidental, la ven quienes no admiten en su totalidad el sincretismo africano, es la Virgen de la Caridad, pero morena, mulata no blanca como otras vírgenes que simbolizan la madre de Jesús, María.

A nuestro modesto juicio dentro el plano de las creencias en Cuba el sincretismo mágico-religioso de origen africano, no vinculado a la religión católica ni a ninguna otra, son las que tienen mayor arraigo, cuánticamente hablando, en un importante sector del pueblo cubano, mayor que el catolicismo o los cultos protestantes o evangélicos.

Las creencias y prácticas mágico-religiosas son el resultado de la fusión de los ritos llegados con los esclavos africanos y su mimetización con el catolicismo impuesto por la fuerza y la violencia por los conquistadores hasta adquirir una fusión donde perviven elementos de una y otra. Eso referido a las creencias cristianas, pero hay las creencias africanas en absoluto estado de pureza al punto de la que la ciudad de La Habana es considerada ‘La Meca’ universal de la santería, con el poblado de Regla donde está asentada su gran iglesía.

Entre los cultos mayoritarios y más extendidos en el pueblo cubano se pueden mencionar: la Santería o Regla Ocha, Palo Monte o Regla Conga y los Ñáñigos o Asociación Secreta Abakuá.

Debemos señalar que además del hecho religioso, la cultura africana tiene en Cuba una presencia determinante. La abolición, con el triunfo de la Revolución, de la discriminación racial eliminó las barreras culturales y el sincretismo religioso y las creencias de origen africano no sólo tienen una connotación mágica sino también cultural y ello las hace mucho más poderosas. Se rompieron las barreras raciales y las creencias santeras se extendieron a blancos, mulatos, negros, chinos, etc.

Catolicismo.

Ya hemos explicado que la iglesia Católica en el período de la república mediatizada, después de la invasión norteamericana en 1898, el abortamiento de la independencia ya ganada por los cubanos, la imposición de la Enmienda Platt, no concentró su esfuerzo evangelizador, la catequización extensamente a nivel popular, sino a nivel de los sectores dominantes y medios. Después del triunfo de la Revolución, su influencia disminuyó aún más, entre otras causas debido a la emigración hacia el exterior de los sectores de las clases pudientes (burguesía y pequeña burguesía) afectadas por la revolución y que eran su principal base social. El enfrentamiento que tuvo la jerarquía católica la aisló de muchos creyentes que estaban y están con la revolución.

El cubano típico difícilmente puede ser calificado de religioso. A pesar de que normalmente la población es católica romana, la Iglesia tiene muy poca influencia. Aunque el cubano común sea abiertamente agnóstico y sólo ligeramente vinculado a la tradición romana, los cultos religiosos y sus manifestaciones se mantienen muy activos en Cuba”, escribió el norteamericano John Merle Davis, reforzando lo escrito en 1942 por el jesuita cubano Manuel Maza, en su libro ‘El clero cubano y la independencia’, donde señaló: “No es ningún secreto que en grado de catolicismo del pueblo cubano siempre ha sido motivo de discusión”.

Un cálculo aproximado del numero de creyentes cristianos los ubicaría, para 1998, en el orden de los 700 mil entre católicos y protestantes, es decir, menos del 7% de la población cubana que alcanzaba entonces un poco más de los 11 millones de habitantes. La cifra de nuevos creyentes se ha elevado ostensiblemente en los últimos 16 años.

Reunidos todos los cultos cristianos en 1998 nos encontramos que existían dos mil novecientos templos, dos mil son del culto católico, el resto, novecientos, son protestantes en sus variadas expresiones.

El número de monjas y sacerdotes alcanzaba la cifra de 450 mujeres de diferentes órdenes, incluidas las seguidoras de la Madre Teresa de Calcuta, y 250 sacerdotes, la mitad o más, entonces, extranjeros. La participación de nativos cubanos como curas y monjas fue, ante y después de la revolución, muy menguada hasta el año 1998. No se conocen las actuales cifras pero evidentemente creció en todos los sentidos.

Protestantismo.

La presencia militar, política y económica norteamericana a principios del siglo XX en Cuba llevó el protestantismo en sus diferentes expresiones al seno de la sociedad cubana. Incluso el proceso evangelizador a nivel popular era más sostenido por los protestantes que por los católicos.

El protestantismo asumió una posición diferente con relación a la Revolución que el catolicismo, incluso a nivel oficial eran fluidas y cordiales las relaciones. Con la única que llegó a tener problemas la revolución fue con tres iglesias de los ‘Testigos de Jehová’, por irrespetar los símbolos patrios, la escuela, la salud, la defensa, en momentos en que los norteamericanos hostigaban y agredían a Cuba y precisamente, a esos valores. Los problemas no fueron por sus ideas religiosas sino por sus concepciones que eran más políticas que religiosas.

Para 1998 funcionaban en Cuba 54 denominaciones protestantes, cinco de ellas ubicadas dentro de las denominadas iglesias tradicionales o históricas (Bautista, Cuáqueros, Presbiteriana, Episcopal, Metodista); 25 pentecostales; las restantes están incluidas dentro del llamado protestantismo tardío (Adventistas del Séptimo Día, Iglesia del Nazareno, Testigos de Jehová, Iglesia Científica de Cristo. etc.).

Hace 15 años existían, además, 800 pastores protestantes (algunos de los cuales han sido elegidos diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular) y cerca de 900 templos.

Espiritismo.

En Cuba existe el espiritismo diversificado en tres vertientes. El espiritismo científico. El espiritismo de cordón y el espiritismo cruzado; las dos últimas son el producto de la fusión de elementos propios del espiritismo científico con elementos de los cultos africanos ya mencionados.

Creencias en solitario o sin activar en iglesias organizadas

Unidas todas las religiones existentes en Cuba no puede afirmarse que estas abarcan o acaparan la audiencia mayoritaria de creyentes que no tienen filiación en ninguna de las instituciones religiosas existentes. Hay en un alto número de personas con una creencia y una fe digamos que solitaria, individual que pueden unos preferir el catolicismo; otros, el sincretismo africano; que admiten las supersticiones o el misticismo. Muchas pueden ir anualmente a una iglesia católica, a un templo evangélico, a la conmemoración de San Lázaro, la Caridad o Santa Bárbara, las religiones hindúes tienen, incluso, seguidores.

Libre pensamiento o ateísmo

El libre pensamiento, el no creer en religión alguna, el profesar una concepción materialista-científica de la vida es, quizás, el producto más genuino de la Revolución. Su peso específico, aunque occidente no lo admita, es determinante en la nación antillana. Pensamiento abrazado por las viejas y las nuevas generaciones. Siempre se asoció el libre pensamiento a los sectores intelectuales, científicos, el pensamiento socialista ateo se practicó en Cuba durante todo el siglo XX, no sólo los militantes marxistas, comunistas. Durante ciertos períodos de la Revolución la Revolución se expresó un izquierdismo sectario contraproducente y torpe hacia algunos sectores. El libre pensamiento es considerado una importante conquista del pensamiento y de la libertad del individuo. Al principio eran ideas, como dijimos, en exclusivo de los militantes revolucionarios, tomadas del marxismo, del pensamiento socialista; con el desarrollo de la Revolución durante más de cinco décadas el libre pensamiento se fue extiendo por todo el país y en el seno del pueblo, producto del estudio y el aprendizaje de las ciencias sociales, del debate de las ideas, de las enseñanzas a nivel de la escolaridad media y superior a más y más importantes segmentos de la sociedad cubana.

La lucha en Cuba no es religiosa, de materialismo contra idealismo, es política.

Una de las armas ideológicas esgrimidas por la contrarrevolución polaca fue la cuestión religiosa, de enorme arraigo en ese país, para enfrentarla al pensamiento marxista del dogmático partido comunista gobernante. Jugó un papel importante en el derrocamiento del socialismo en Polonia.

¿Es posible igual situación en Cuba en la actualidad?

Es una aspiración acariciada de siempre por la contrarrevolución de origen cubano. Por años el imperio norteño diseñó matrices de opinión en contra de la Revolución Cubana. Todas las truculencias inimaginables, desde aquellas que el Estado le quitaba los hijos a las madres para enviarlos a Rusia, hasta el incendio de iglesias y el fusilamiento de curas, fue utilizado. Crear un conflicto espiritual entre los creyentes para enfrentarlos a una revolución humanista fue uno de los nortes; pero nunca lo lograron, pues el problema religioso nunca fue, en verdad, un conflicto entre la revolución y los creyentes pese a como señalamos, podía dar la impresión en un momento que la Iglesia Católica estaba enfrentando la Revolución, ‘que la iglesia era la reserva moral y espiritual de un pueblo oprimido por el totalitarismo rojo’. El creyente al principio, el no creyente después, siempre estuvieron unidos por una razón fundamental: la Revolución, con su enorme carga de justicia social que encarnaba muchos de los postulados evangélicos sin presentarse como un proceso confesional sino eminentemente político.

Al tocar ese aspecto en su trabajo, Lisandro Otero dirá: “No hay que olvidar que Cuba no es Polonia y que en la isla ocurrió una auténtica revolución que llegó a las bases sociales, en tanto que en Polonia el socialismo llegó con las bayonetas del Ejército Rojo (soviético)”.

La revolución, dirigida como es sabido por el Partido Comunista de Cuba, en el 4º Congreso de esa organización (octubre de 1991) produjo, en el plano ideológico, un importante y trascendental salto: eliminó la exclusividad militante para los no creyentes. A partir de ese Congreso los creyentes: católicos, protestantes, ñáñigos o de la regla de Ocha, que cumplieran los requisitos éticos, morales, programáticos y políticos exigidos para el ingreso a la organización proletaria, podían hacerlo sin menoscabo de su religión. ¿Qué significaba esa decisión en el marco de un gran debate en dicho Congreso?

Que la lucha no era de los que no creen en Dios y quienes si creen; que la lucha no es entre religiosos y no religiosos; que la lucha es un problema fundamentalmente político, ético, de una concepción más humana y justa del hombre y de la vida que precisa la unidad férrea de todos los cubanos, indistintamente de sus creencias o no, en torno a los objetivos fundamentales: preservar la independencia, la soberanía, los avances y las conquistas de la Revolución, impulsar el desarrollo del país y salir de la crisis que dejó la caída de la URSS.

Ese importante hecho, que une lo mejor del marxismo humanista con la iglesia de los pobres que fundó Cristo, con la belleza mágica de las religiones africanas en torno al gran objetivo de la redención social, auténtica, verdadera, sin demagogia, que fue el objetivo cardinal de la Revolución que nació en 1959, para enfrentar el común enemigo imperialista. Por eso se soslayó por parte de las transnacionales de la información quienes con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II en 1998, la del Papa Benedicto XVI (2012) y el Papa Francisco (2015) buscan, vanamente, un artificial enfrentamiento, pretendiendo asignarle a esos grandes hombres, que condenaron la deuda externa yanqui contra Cuba, y condenaron las guerras, las injusticias y la miseria, un papel subversivo y contrarrevolucionario.

En todo caso es la Iglesia Católica la que tiene que revisar su conducta, aún hoy con la visita del Papa Francisco, y ver si en un dilatado período de años ha cometido errores o no en Cuba, en su papel de llevar la espiritualidad y el evangelio a quienes creen que lo necesitan. Es decir, pulsar los niveles de participación del pueblo cubano en los ritos y toda la liturgia católica, la fe hacia los postulados cristianos, etc. que se han perdido o abandonado, al margen del manejo mediático, no exento de manipulación.

La visita del tercer Papa a Cuba expresa, en suma, no sólo el reconocimiento a un gobierno institucionalizado hace más de cincuenta años. Como los dos anteriores Papas visitantes, Francisco ve con vergüenza el criminal bloqueo que dura casi ese período y afecta los derechos de un pueblo soberano que practicando el derecho a la libre autodeterminación se dio el sistema político que le garantiza más soberanía y dignidad, conocimientos y salud, deportes y estabilidad, paz, felicidad, sin violencia ni traumas, sin delincuencia ni injusticias, salvo las que emanan del bloqueo.

El Papa Francisco, miembro de la Patria Grande, hombre sencillo y bueno, agudo político, enemigo de la guerra y las injusticias imperiales, fue con humildad a compartir y celebrar con un pueblo que lleva casi seis décadas luchando contra su poderoso vecino y al final lo venció y literalmente lo obligó a reconocerlo y restablecer las relaciones diplomáticas. Lo venció un pueblo que sabe donde está parado y lo que quiere y hacia donde va. Francisco fue, más que a llevar a Cuba, a recibir porque él sabe que de ese pueblo y de su liderazgo, de Fidel y Raúl en primer término, de su Revolución hay mucho, pero mucho que aprender; ese es un pueblo al que se le debe también mucho. Como hombre bueno y solidario con Cuba, dejó una estela de amistad inconmovible.

Bibliografía

1) Fidel y la Religión, conversaciones con Frei Betto. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, Cuba, 1985.

2) MARQUES FARIÑAS, José M. La Situación religiosa en Cuba, Prensa Latina, La Habana, octubre 1997.

3) OTERO, Lisandro, Los enigmas de la visita de Juan Pablo II, periódico El Globo, Caracas 17-01-98.

4) MAZA, Manuel, El Clero cubano y la independencia, citado por Julio Portillo, en su artículo: Cuba; ahora el negocio del alma. El Nacional, 22-01-98.

(24/09/15) (humbertocaracola@gmail.com) (@hgcaracola)

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