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Operación Balboa: Pasado y Presente

José Gregorio Linares/Especial para Cuatro F

El año 2001 marca el comienzo del siglo XXI y del tercer milenio de nuestra Era. Ese año ocurrieron una serie de hechos que hacían presagiar que a partir de entonces ya nada sería igual en todo el planeta. Las piezas del ajedrez geopolítico se fueron acomodando para una reorganización del mundo. En enero, en Estados Unidos, George W. Bush toma posesión como Presidente. Se estrena en política exterior mandando a bombardear la antiquísima ciudad de Bagdad, capital de Irak. Luego, el 11 de septiembre se perpetran los atentados simultáneos contra las Torres Gemelas y El Pentágono; y la Casa Blanca saca partido del evento. A partir de entonces la lucha contra el terrorismo será la excusa perfecta para enfrentar internacionalmente a cualquier gobierno nacionalista o antiimperialista. Así, en octubre, Estados Unidos y sus aliados invaden Afganistán en represalia por su supuesta participación en el atentado terrorista del 11 de septiembre. Afilan sus garras para atrapar cualquier presa.

Y una de sus presas más codiciadas es Venezuela y su Revolución. Para entonces, el Gobierno Bolivariano ya era percibido desde el Norte como potencial enemigo. Encabeza los proyectos integracionistas suramericanos, adversa abiertamente el proyecto de subordinación de Suramérica a Estados Unidos conocido como el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), y fomenta alianzas que repotencian la OPEP y el reposicionamiento internacional de las naciones productoras de hidrocarburos, entre ellas Venezuela.

En este contexto ocurre un hecho que los venezolanos no debemos olvidar: El Plan Balboa. Fue un operativo militar fraguado por EE.UU para invadir Venezuela y apoderarse de nuestras riquezas. La intención era derrocar al presidente Chávez, quien sería suplantado por un gobierno de facto a las órdenes de la Casa Blanca. Dicho régimen debía acabar con todo foco de resistencia popular, abolir la Constitución de 1999, destruir el Estado democrático y desmembrar la Nación venezolana.

Pero una invasión no se ejecuta sin una cuidadosa preparación y sin crear las condiciones objetivas y subjetivas que la hacen posible. Internamente había que hacer arder a Venezuela, crear desestabilidad y violencia, y responsabilizar al gobierno bolivariano de tener las manos manchadas de sangre. De esto se encargarían internamente la oposición venezolana y los medios privados, siguiendo el mandato de EE.UU. Externamente, se necesitaban aliados que estuvieran dispuestos a hacer el trabajo sucio a cambio de algunas migajas. La labor fue encomendada a tres países subordinados: España, Colombia y Panamá.

Ahora bien, ¿cómo fue orquestado el asalto a nuestro país? El operativo comenzaba como un imaginario ejercicio didáctico en el seno de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas Españolas. Éstas llevaron a cabo una actividad pedagógica llamada “Juego de Guerra” que consistía en la simulación de una invasión del occidente de Venezuela desde Colombia y Panamá dirigida por EE.UU, que debía intervenir porque estábamos a las puertas de una guerra civil. La situación se había tornado tan grave que el Consejo de Seguridad de la ONU autorizaba la incursión. En el pensum se “aclaraba” con el mayor cinismo: “El planteamiento del ejercicio presenta una situación ficticia, producto de la evolución de unos acontecimientos imaginarios aunque parezcan adaptados a una situación real”.

Prácticas similares se llevan a cabo siempre que se pretende invadir cualquier país a fin de preparar psicológica y militarmente a los ocupantes. En este caso los “estudiantes” debían planificar operaciones armadas por aire, tierra y mar. El líder de la operación, EE.UU, era identificado como el País Azul; Colombia, su peón, como el País Blanco; Panamá, su protectorado, como el País Cian, y Venezuela, el “Estado fallido”, como el País Marrón con una “zona de guerra” de color Negro. Los colores no son casuales. Las simulaciones se llevaron a cabo y se consideraron todos los escenarios para lograr el objetivo. Al final los cursantes fueron sometidos a rigurosas evaluaciones llevadas a cabo por grupos de expertos entrenados por la OTAN.

Un oficial venezolano estaba haciendo el curso. Era parte de la estrategia imperial: buscaban gente capaz de traicionar a su patria. Pero este militar se indignó por el “juego de guerra” en el que Venezuela era atacada. Vio como el puente sobre el Lago era derribado, los aeropuertos inhabilitados, los pozos petroleros incendiados, los puertos bloqueados, los cuarteles asaltados y la población masacrada. “Cuando ya estaban devastadas las bases militares del país, un avión civil surca las aguas del Caribe y es derribado. El oficial venezolano preguntó por qué, y le respondieron que allí iba el líder del país marrón. Más claro, imposible”. Las protestas del venezolano no fueron tomadas en cuenta y las clases continuaron. Cuando esto se supo en Venezuela, Chávez advirtió: “no se equivoquen, porque si algún día se les ocurre la loca idea de venir a invadirnos, aquí los haremos morder el polvo defendiendo la libertad de nuestra tierra. Que no se olviden los gringos que aquí están los hijos de Bolívar dispuestos a ser libres”.

Ahora, en tiempos constituyentes, llegan noticias acerca de la reactivación del Plan Balboa. Los actores son los mismos: Estados Unidos que dispone de gran poderío económico, mediático y militar; Colombia que mantiene en su territorio siete bases militares gringas alrededor de nuestro país , y acaba de firmar la paz con las fuerzas revolucionarias internas, lo que le deja las manos libres para apretar el gatillo contra Venezuela; Panamá que, entre otras, dispone de “La Base Howard”, que en los juegos de guerra del pasado fue la base para centenares de salidas de aviones hacia Venezuela; finalmente España, que aún no supera la frustración por la paliza que le dimos durante la lucha por la independencia y que, desmemoriada como es, olvida que EE.UU le hizo injustamente la guerra en 1898 y le arrebató sus posesiones. Ahora se incorpora el Reino Unido que pretende arrebatarle más territorio a Venezuela.

Para la aplicación del nuevo Operativo Balboa, EE.UU necesita un acto de rebelión real o simulada en las filas de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Esta es la razón por la que supuestos militares atacan nuestros cuarteles a nombre de un hipotético sector descontento de la oficialidad. Este es el motivo por el cual filman comunicados públicos y divulgan la grabación en las redes sociales. Con estos ataques se activa nuevamente el Plan Balboa. Renace también el espíritu libertario de Chávez y de Bolívar. Como dijera el Comandante: “¡No se equivoquen!”

Fuente Cuatro F

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