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Macri y el retorno de la “mano invisible” del mercado

Fernando Vicente Prieto/ Cuatro F/

Mauricio Macri ganó el balotaje del 22 de noviembre con un margen del 2,7%. Cuatro semanas antes, en la primera vuelta, había obtenido el 34,15%. Sin embargo, apenas asumió el gobierno se lanzó a gobernar con políticas de shock, como si contara con una mayoría abrumadora.

Sus primeras medidas no dejan lugar a dudas sobre la orientación del gobierno. En pocos días, avanzó sobre la ley de Medios, intentó nombrar por decreto a dos jueces para la Corte Suprema, rebajó las tasas de exportación de los productos agropecuarios, desreguló el comercio exterior y liberó la cotización del dólar, que en una sola jornada trepó de 9,50 a 14 pesos. Más del 47%.

Estas últimas tres decisiones, en particular, suponen otorgarle enormes beneficios a las empresas más concentradas, que aumentarán su rentabilidad a costa de los mayores precios que pagará el conjunto de la población.

Así, por ejemplo, los tenedores de la tierra, junto a las compañías transnacionales que manejan el agronegocio, verán aumentado sus beneficios por partida triple. A la eliminación de regulaciones en el acto jurídico de importar o exportar, se le suma la eliminación de retenciones para el trigo, el maíz y la carne y la reducción de 5% a las retenciones para la soya, principal producto de exportación argentino.

Esto implica reducir el financiamiento del Estado nacional para aumentar el plusvalor del sector entre 4 mil y 8 mil millones de dólares, según estima Alfredo Serrano. Pero además hay que sumarle el efecto de la devaluación, que en un solo día, el 17 de diciembre -el primero sin el “cepo”-, les provee de ganancias adicionales de al menos un 47%. Un excelente fin de año para estos hombres de negocios.

Las consecuencias de esta política comenzaron a sentirse en el bolsillo de los argentinos incluso antes de asumir Macri: en espera de la devaluación, entre fines de noviembre y principios de diciembre aumentaron los productos básicos, especialmente alimentos y medicinas.

“La docena de empresas que controla el mercado de consumo masivo mandó listas de precios con aumentos de hasta el 30% a las cadenas de súper e hipermercados antes de que el ingeniero se calzara la banda presidencial”, señala el periodista Alejandro Bercovich en su columna del Diario BAE del lunes 14 de diciembre.

Por otro lado, el Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal estimó en su informe que varios productos tuvieron alzas de 20 a 40%. Analgésicos, antibióticos, anticonceptivos, y productos para tratamientos crónicos son los que más aumentaron. El mercado farmacéutico, al igual que casi todos en Argentina, se caracteriza por estar lejos del mito liberal de “la mano invisible de la oferta y la demanda”, sus principales decisiones están en manos de unas pocas grandes empresas, que ejercen el poder para mantener y acrecentar sus ganancias.

A este panorama hay que sumarle las inminentes subas en servicios públicos, como luz, gas y transporte, ya anunciadas por el ejecutivo de Macri y que se harán efectivas en los primeros mees de 2016.

Para hacer frente a la demanda de dólares y que la devaluación no se traduzca en un proceso hiperinflacionario, la estrategia macrista pasa por el acuerdo con los grandes exportadores -que ahora sí venderán sus productos retenidos- y con “el regreso a los mercados internacionales” de crédito, eufemismo que se utiliza para evitar las palabras “endeudamiento” y “grandes negocios financieros”.

Según relata Leandro Navarro, en un artículo de Notas –Periodismo Popular, el Banco Central otorgará garantías a grandes empresas para que abastezcan con dólares este primer momento de cambio. Según declaró el ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat Gay, un hombre ligado a JP Morgan, “bancos extranjeros, cerealeras y empresarios argentinos adelantarán fondos que tenían previstos para inversión”. Una muestra de confianza de los grupos económicos.

De quién es la palabra

Es interesante la semántica utilizada para legitimar este ajuste, construida desde prácticamente todos los medios de comunicación, excepto los medios comunitarios, alternativos y populares.

Para contrarrestar el previsible descontento, Macri es presentado como un presidente valiente, con personalidad, tomando decisiones. Macri actúa liberando a los mercados. En favor de la producción. Ahora existe la libertad de comprar dólares, porque fue “retirado el cepo cambiario”.

Desde la mirada de la derecha, es un avance estratégico que la mayoría de la población identifique con sus políticas a conceptos como democracia, libertad, progreso, desarrollo y en cambio los términos negativos –como restricción, cepo, controles- se identifiquen con otros modelos. Sin embargo, para que todo esto funcione es vital ocultar los efectos de estas políticas, por ejemplo los inminentes despidos por aumento de importaciones y menor demanda de producción nacional.

En este contexto está planteada otra batalla para el pueblo argentino, que tiene que ver con el negocio de los pulpos mediáticos, como el grupo Clarín, pero también con el derecho a la libertad de expresión. Se trata de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sancionada por el Congreso en 2009 luego de un interesante proceso de debates con participación de medios comunitarios y populares, que venían impulsando el reemplazo de la norma de la dictadura desde años atrás.

Desde el primer día de gobierno, Macri avanzó sobre la denominada “ley de medios”, al subordinar a la autoridad de aplicación –el Asfca- al Poder Ejecutivo, mediante un decreto. Desde ese momento se han realizado importantes movilizaciones de defensa de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que han sido invisibilizadas por los grandes medios de prensa: se niegan a mostrar las primeras manifestaciones de rechazo a un gobierno que consideran como propio.

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