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Luciano Vasapollo: Relanzar el conflicto de clase desde abajo para la superación del capitalismo

Por Luciano Vasapollo

La actual es una crisis irreversible para el capital internacional que va más allá del agotamiento de un modelo de acumulación capitalista, como ha sucedido en el ’29, que provocó una profunda ruptura, también en términos de relaciones políticas abre grandes posibilidades de cambio no del simple modelo de producción sino de las mismas perspectivas generales de la humanidad, porque se rompe definitivamente la aspiración a las relaciones y al devenir otro sujeto de clase. Entonces la respuesta a la crisis no puede ser otra que aquella del refuerzo político del conflicto de clase internacional, en sus diversas formas de representación social y política.

Se realiza entonces aquello que en varias ocasiones hemos denominado el así llamado keynesianismo del “privado”, que en última instancia significa la misma salida por vía de la socialización de las pérdidas. Esto significa sustraer porciones considerables de recursos del gasto público en salarios, en welfare, para dar socorro a aquél sistema criminal de los bancos que después del desastre provocado vienen sostenidos con dinero público, esto es, con impuestos y tasas sustraídos al gasto social y destinados en aquella forma de privatización que es la de la “deuda soberana”. Se trata simplemente de incrementar la deuda pública mediante el salvataje del sistema privado de bancos y financieras.

Es evidente que en se encuentra en ejecución un verdadero y propio ataque político y especulativo de los mercados financieros internacionales dominados por los grandes Bancos y Fondos de Pensión y de Inversión, para desacreditar el rol del Estado. Por tanto hoy, crear en la opinión pública que los Estados están al borde del colapso, significa ocultar la crisis económica general de acumulación del sistema capitalista, el desastre de los mercados crediticios y financieros, creando al mismo tiempo la necesidad de la socialización de las pérdidas del sistema bancario a través del dinero de los impuestos y tasas de los trabajadores, el recorte del Estado Social y del costo del trabajo.

Son en consecuencia los Bancos, que realizan la mayor parte de las transacciones en los mercados de los productos financieros derivados; son los bancos y los fondos de pensión y de inversión, los mayores especuladores, y la crisis financiera no ha hecho disminuir las transacciones de estos mercados, sino que los ha multiplicado de modo frenético.

Por ejemplo han sido los bancos en Europa que con la fuerte reducción de las tasas de interés, han financiado las burbujas especulativas de los precios de los inmuebles; son los bancos los que han cerrado el accesos al crédito para las empresas y hacerlo más oneroso para las familias. No obstante ello, son los bancos quienes han recibido la ayuda pública del keynesianismo “privado estatal”, las ayudas fiscales, finalmente beneficiando el carry trade, esto es, han obtenido dinero de los Bancos Centrales a menos del 1% de tasa de interés, para recomprar los títulos de la deuda pública a más del 5%; y el Banco Central Europeo no compra deuda pública pero acepta de los bancos privados los títulos de la deuda pública para continuar a recibir liquidez y así comprar deuda pública.

Para comprender esto, como hemos evidenciado ya en nuestros escritos desde hace más de diez años, es necesario retornar a la modalidad de construcción del polo imperial europeo, que se ha realizado en torno al eje franco-alemán, aunque en función específica de los intereses de Alemania. No es casualidad que los criterios de estabilidad hagan referencia al déficit fiscal, a la deuda pública, a la inflación y a las tasas de interés; esto significa referir a todas las variables que deben ser tenidas bajo control para favorecer las exportaciones.

De aquí se comprende claramente porqué Alemania controla estas variables, en cuanto su crecimiento está centrado en las exportaciones y porqué  necesita el déficit de los países europeos del área mediterránea, los denominados PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) incluida también Francia, en cuanto la adquisición por parte de Alemania de los títulos de la deuda pública de estos países, representa una forma de inversión del excedente germano acumulado. En definitiva, el superávit de la balanza comercial alemana, hace redituable la inversión en la deuda de los países europeos con balanza comercial deficitaria. Y es el propio sistema bancario alemán que gestiona tal excedente, incluidos aquellos de otros países del norte de Europa.

Por otra parte, operaciones similares son  realizadas en los mercados financieros internacionales para resolver los problemas de liquidez de los Estados Unidos, y financiar su gigantesco déficit de la balanza comercial debido a la enorme exposición en las importaciones.En este caso, el sistema de operaciones financieras es gestionado por bancos de inversión estadounidenses, suizos, franceses y alemanes.

En la práctica, salvar a la Unión Europea, y por tanto, salvar el modelo de exportación alemán, significa simplemente destruir la posibilidad de autonomía de desarrollo de los países europeos del área mediterránea. En este sentido es que se interpreta que la acción de la Unión Europea, no dotada de una autónoma capacidad política, impone a los países deficitarios, las mismas reglas de los planes de ajuste estructural que el FMI ha aplicado en los últimos 30 años para hacer “usura” sobre los países de América Latina y condicionar las modalidades del desarrollo. Se hace así jugar ahora en Europa como antes en América Latina, un rol central a las reglas del Banco Mundial además de aquellas del Fondo Monetario Internacional ; y por tanto en tal sentido, el movimiento de los trabajadores no puede y no debe ser elemento cogestor de la crisis, sino encontrar en la misma crisis los elementos para el reforzamiento de su subjetividad enteramente política.

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