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CAR05. SAN CRISTÓBAL (VENEZUELA), 12/03/2014.- Un grupo de personas participa en una protesta contra el Gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, hoy, miércoles 12 de marzo de 2014, en San Cristóbal (Venezuela). Estudiantes de la oposición venezolana encabezan hoy una gran marcha en el país para recordar el primer mes del inicio de las protestas contra el Gobierno. EFE/Jorge Castellanos
CAR05. SAN CRISTÓBAL (VENEZUELA), 12/03/2014.- Un grupo de personas participa en una protesta contra el Gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, hoy, miércoles 12 de marzo de 2014, en San Cristóbal (Venezuela). Estudiantes de la oposición venezolana encabezan hoy una gran marcha en el país para recordar el primer mes del inicio de las protestas contra el Gobierno. EFE/Jorge Castellanos

Lo web-on se le ve en la cara

Pedro Gerardo Nieves

De entradita le aclaro que el texto que sigue tiene muy poco de internet, ni de Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTICs), que veces ocupan nuestros escribires cuando andamos de mejor humor.

No. Este título tiene el sesgo insolente que cualquier lector perverso podrá advertir; quiere decir (y excúsenos por la lunfardía): Lo pendejo se le ve en la cara. Está escrito desde el horror y la vergüenza que causa el racismo-fascismo en sus variopintas y estremecedoras manifestaciones criollas.

Porque aunque el docto Miguel de Unamuno haya sentenciado hace ya muchos años que: “El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”, a los dandys de la MUD a pesar de andar de la seca a la meca por todo el mundo en infinidad de actividades académicas y culturales que paga el mano floja de Uncle Sam, les cuesta Dios y su ayuda liberarse de atávicos odios que categorizan a los seres humanos por su fenotipo, orientación sexual, religión o billetera.

Para la historia venezolana de la infamia queda el programa de televisión donde la colombiana Beatriz de Majo, esposa del gurú neoliberal Gustavo Roosen (favorito de Empresas Polar), arremete en cayapa junto a una señora italiana contra un agraciado negrito llamado Wilmer Machado, conocido por todos como “Coquito”. Sí, el mismo carajito del Tío Simón.

La italiana y la colombiana, avencindadas ambas con mucha fortuna en Venezuela, en un alarde de agresividad que haría parecer tímidos a los Camisas Negras de Benito Mussolini, le restregan en la inocente cara del carajito toda laya de insultos contra las venezolanas y venezolanos.

Que si somos ladrones, bebedores de miche, flojos, ignorantes, era la retahíla que escupían las cacatúas contra un indefenso, o malinchoso Coquito, quien hacía maromas de autocontrol para mantener la compostura que, en cualquier caso, deslucía como patética y entreguista.

Hay que decir como tema positivo que en su momento la colonia colombiana e italiana condenaron mayoritariamente la componenda.

Dicen algunos que nuestra muy venezolana homogeneidad racial, cultural y religiosa de alguna manera nos vacuna contra los crueles conflictos que se verifican en otras latitudes. Sin embargo, el racismo es directamente proporcional a la instalación de maneras culturales que implanta el capitalismo, y en eso han avanzado.

En mi no tan lejana juventud, y aún todavía, los pobres y pendejos nos inhibíamos de ir a algunos sitios porque nuestra indumentaria, modales, fenotipo y forma de hablar nos delataba como pendejos de solemnidad. De hecho, un día todo veguerito pregunté a una señora en el reluciente CCCT de entonces, cuánto valían unos zapatos deportivos y esta contestó imperativa: ¡Ay mijo! No pregunte que eso es muy caro para usted.

No era raro, no es raro, ¡válgame Dios! ver a un pobre actuando como guardián mamporrero de los opresores. Mil veces fuimos echados por las palabras quedas de otro pendejo igual que nosotros que nos decía compasivamente: Chamo, váyase de aquí, que esto es para los ricos.

Hoy la vaina se ha puesto más compleja. Por obra y gracia de los medios de comunicación que elevan la frivolidad a la categoría de norma inapelable, no es difícil precisar a pobres que acusan a sus iguales de “tierrúos”; a oprimidos que operan como cortesanos y bufones de los ricos y a “bendecidas y afortunadas” que castigan a otras mujeres con el calificativo de “putas”.

Y cuando los pobres llegan al poder se monta la gata en la batea. Cuéntense entonces por millones los calificativos racistas y ofensivos contra Chávez y los chavistas desde que se inauguró en Venezuela esta etapa revolucionaria. Hoy es el Presidente Maduro la diana de los ataques ideológicos que vanguardiza esa cloaca que llaman lapatilla.com.

Entiéndase también que las descalificaciones no son solamente manifestaciones espontáneas del fascismo criollo, sino también, en mayor cuantía, sofisticados productos de laboratorios de guerra de IV Generación. Anótese por ejemplo que en su momento la CIA tuvo a más de 200 personas produciendo chistes, rumores e insultos contra el comandante Fidel Castro. Hoy, estas producciones del talento creativo al servicio del imperialismo devienen en memes que se distribuyen por bojotes en internet y redes sociales.

Porque hay mucho de colonialismo cultural en esos hechos. Si el bicho de J.J. Rendón aparece ridículamente disfrazado de samurai, cualquier desprevenido lo puede advertir como un “estudioso de las artes milenarias japonesas” y si Lady Gaga aparece vestida con pedazos de carne de res apresuradamente será celebrada como “artista vanguardista”. Pero si su esposa se pone una cayena en la oreja puede pasar como vieja anticuada, y si usted calza unas apureñísimas alpargatas guachareñas prepárese para ser tildado de anacrónico y “demodé”, además de pelabolas.

Por eso ¡PUM! saltaron de sus asientos los creativos transnacionales de la mentira contra Venezuela cuando Nicolás Maduro designó a Luis Salas, firifiro criollo de fenotipo venezolano que encima de eso (¡Oh my God!, claman los másters de Harvard) no usa corbata.

A partir de esta designación, ríos de bits, píxeles y megapíxeles han corrido por internet para desacreditar al chamo. Montajes de Salas como pandillero tatuado, como pelabolas o como ser desvalido se echan a rodar profusamente porque el asunto para los gringos es estratégico: hay que erosionar la confianza en el gobierno y sus acciones para que la guerra económica cumpla su cometido golpista.

Otro gallo hubiera cantado, o se les habría hecho un poco más difícil, si se hubiera nombrado a un gentlemen de la Revolución como Roy Chaderton, gallo corrido en 7 plazas internacionales y de celebrada elegancia, o un chamo como Héctor Rodríguez, quien pone a suspirar a damas chavistas, escuálidas y ni-nis.

Pero no. Nombraron a un chamo del pueblo que, como lo escupió un comentarista atrabiliario, “se le ve lo “won” en la cara” y por eso es atacado con saña, a lo Fuentovejuna.

¿Qué el chamo es un cráneo en economía? ¿Qué tiene un merecido reconocimiento académico, profesional e intelectual internacionalmente? ¿Qué tiene y ha demostrado tener tabaco en la vejiga para contribuir a que salgamos victoriosos como pueblo? Eso no importa a los gringos ni a sus ignorantes lacayos; solo nos importa a los venezolanos patriotas.

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