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La Revolución que salva vidas

Rubén Fariñas/Cuatro F

Una máxima que hemos escuchado constantemente, es aquella que reza: “en Revolución lo extraordinario se hace cotidiano”. Sin embargo, para referirnos a un tema como salud, sin duda, la labor merece mucho más que analizar cuadros estadísticos de atención, y debemos, como en efecto lo hicimos, sentarnos a escuchar historias como la que ocupa estas páginas.

Carlismar juguetea por toda la casa de su abuela, sonriente, con una particular simpatía hacia los visitantes. Su tez morena, y su deslumbrante mirada ilumina la modesta habitación de esta familia Guanareña, su risa contagiosa inunda los espacios. Hace poco cumplió 3 años, algunos rasgos al momento de su nacimiento alarmaron a la familia, y a los 2 meses le fue detectada una patología que la mantuvo recluida en el Hospital Universitario “Miguel Oraá” de Guanare.

Amarilis Yépez, (Madre de Carlismar Correa), nos recibe en la sala de su casa, algo nerviosa, pero con una actitud serena, amena, típica de la mujer portugueseña, a sus 19 años, ya vivió la angustia de una madre que lucha por la salud de sus hijos, su voz se quiebra al contar la historia y recordar las largas horas de espera: “Naguará, me preocupaba mucho que no notara mejoría en su salud con el tiempo, la trataron en una clínica privada y dieron con el diagnóstico de un soplo cardíaco de 8.5 centímetros”. Ya, gracias a Dios, está bien, refiere. Hay tranquilidad en sus rasgos, clava la mirada en las manos de su niña.

Como en muchos casos, Amarilis y su familia no cuentan con los recursos necesarios para tramitar una operación cardiológica infantil, y su desesperación crecía a medida que el cuadro de síntomas, hacia ver cansada y retraída a una niña que apenas comienza a vivir.

Luego de algunos periplos, su preocupación la lleva pedir un “plast-ducter” (catéter utilizado para operaciones cardiológicas), a las oficinas de la Dirección Regional de Salud en Portuguesa. “Allí me atendió el licenciado José Gregorio Hernández, y me habló de la posibilidad de que desde allí se remitiera a mi hija al Hospital Cardiológico Infantil, y eso hicimos”, sostiene.

La historia comienza a tomar otro rumbo cuando Carlismar es recibida en el Centro Asistencial fundado por el Comandante Chávez. “Allí la atención es increíble, la operaron, y su vida cambió para siempre. Antes, llegué a escuchar allí, las madres de Venezuela debíamos “esperar” por un lapso de 10 años si nuestros hijos vivían o morían”.

Entre sonrisas, con el cafecito de Biscucuy difuminando el aroma que acompaña a todas las casas de Portuguesa, le hago una pregunta, de tan fácil respuesta para ella, que la honestidad parece nacer de un sentimiento puro y lleno de satisfacción, que sobrepasa los límites del momento, la grabación, las páginas y el tipeo. ¿Qué le dirías a Chávez si lo tuvieras al frente en este momento? “Muchísimas gracias Comandante, te estaré eternamente agradecida, y con Dios primeramente”. A lo que Carlismar, agrega en su inocencia infantil, un “amén”, que enmudece y hace brotar los poros de los presentes.

Esta historia, como millones de otras, son la muestra del alto compromiso del Comandante Chávez con la salud del pueblo, desde estas páginas rendimos tributo a su memoria compartiendo el testimonio de esta familia guanareña, que gracias a las políticas de inclusión social impulsadas por la Revolución, hoy tienen la esperanza de ver crecer y reír a la bella Carlismar, digna hija de la Patria que Bolívar soñó.

Gracias a la Revolución Bolivariana, día a día médicos llegan a donde nadie llegaba, tenemos Centros de Diagnóstico, Bases de Misiones, y un gran compromiso por seguir avanzando.

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