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La revolución bolivariana tras un nuevo bloque histórico para detener a derecha envalentonada (II y fin)

Por Carlos Machado Villanueva

Convocar hoy en Venezuela a un “Congreso de la Patria”, en un momento que la revolución bolivariana es asediada por sus enemigos históricos, el imperialismo y la oligarquía de este país, solo se justifica si entre sus conclusiones incluye  el cómo construir un nuevo bloque histórico que permita al chavismo recuperar la hegemonía electoral perdida el pasado 6 de diciembre frente a la derecha.

Pero también se justifica dicho cónclave bolivariano-chavista, si de su seno surgen los urgentes correctivos para detener el reflujo de masas revolucionarias acicateado por el descontento popular creciente.

Estado de ánimo  consecuencia, sobre todo,  de la escasez  y desabastecimiento de bienes y productos de primera necesidad inducidos (vía “bachaqueo” y contrabando de extracción) y a la inflación galopante de la brutal guerra económica referida en nuestra primera  entrega.,

Y que es necesario recordar e insistir en ello: no es sino el mismo tipo de guerra no convencional imperialista, más perfeccionada,  otrora aplicada en el Chile del presidente y mártir socialista  Salvador Allende.

Percepción mayoritaria

Lo que parece cierto es que, pese a los ingentes esfuerzos del Gobierno bolivariano, la percepción  mayoritaria prevaleciente es que esta guerra económica no termina de ser conjurada, mientras la derecha confía en sacarle partido de nuevo, bien  por la vía electoral, como ya sucedió el 6D (elecciones parlamentarias), así como en las que pudiesen venir llámese  referéndum, enmienda constitucional o elecciones regionales (venideras).

O incluso, por la vía golpista,  muy activa en estos momentos como alertan analistas, y denunciada con insistencia por el presidente Nicolás Maduro, y que no excluye una nueva modalidad: el inconstitucional golpe de estado parlamentario con careta constitucional, construida por la manipulación mediática en lo interno y externo.

Pero si alguna ventaja, y considerable, tienen hoy  las fuerzas bolivarianas para recuperarse electoralmente, e incluso para evitar que se consume la vía golpista, es el hecho de que con su visión estratégica de siete legua el desaparecido líder bolivariano, Hugo Chávez,  no perdió tiempo en sentar las bases, incluso jurídicas, para la instauración del poder popular.

Supo captar además que, en el caso de la bolivariana, se trataba de una revolución en tiempos de insurgencia y protagonismo de múltiples e incluso novedosos movimientos sociales de alta potencia de movilización no sólo en Venezuela sino a nivel mundial cuando de defender sus reivindicaciones históricas se trata.

Chávez los supo comprender y empoderar, y más importante aún: sin permitir que se contaminasen de las desviaciones burocráticas que aquejan sobre todo al Psuv, y mucho menos de las del Gobierno.

Un ejemplo de ello se aprecia en el movimiento por la defensa de la salud pública  y de su acceso universal, surgido sobre todo a raíz de la instauración hace 13 años de la llamada Misión Barrio Adentro.

Son 10 mil módulos de atención médica primaria diseminados hoy por barrios y aldeas populares del país, en torno a los cuales, activaría igual número de comités populares de defensa de la salud,  y más aún: prestos a  movilizarse ante la arremetida derechista  neoliberal.

No algo diferente estarían dispuestos a hacer los movimientos por la defensa de la vivienda digna, por el derecho a la tierra para el cultivo, o el derecho al estudio, por sólo nombrar algunos.

El último triunfo bolivariano

No obstante, particular atención hay que poner en el último triunfo bolivariano: las elecciones regionales de diciembre de 2013, cuando las fuerzas revolucionarias se alzaron con algo más del 70 por ciento de las 330 alcaldías y más del 95 por ciento de las 24 gobernaciones, y un 11 por ciento de ventaja en el total de votos obtenido sobre la derecha, un millón y medio de votos de ventaja.

Que los revolucionarios bolivarianos lograsen conjurar, primero, el reflujo de masas que sobrevino -podría decirse que de manera espontánea-, por la muerte de Chávez y luego la desmovilización electoral  ocasionada por una intensísima campaña contra el entonces candidato presidencial Nicolás Maduro, no puede calificarse sino de dramática.

De hecho, el presidente Maduro obtuvo una victoria  ocho meses antes (14 de abril de 2013) ajustada, pues la ventaja fue de apenas algo más de 200  mil votos (7.587.579 contra 7.363.980), frente al mismo candidato derechista, Henrique Capriles, al que Chávez, seis meses antes (7 de octubre de 2012), aventajaría por un millón y medio de votos (8.191.132 contra 6.591.304).

Estos resultados debieron encender  las alarmas en el alto mando de los bolivarianos, particularmente en el Psuv, partido surgido del constante llamado del presidente Chávez a la unidad -hay que volverlo decir con él: lograr la concreción de una nueva síntesis histórica revolucionaria para avanzar en las nuevas condiciones políticas, económicas y sociales, ¿o es que no cambió nada en nuestro país en estos 17 años?-,  algo que, por la derrota sufrida por éstos el pasado 6 de diciembre en las parlamentarias, al parecer no sucedió.

Llama pues la atención que una fuerza política revolucionaria que fue capaz de obtener unas 19 victorias electorales consecutivas en 15 años, incluso siempre operando con desventaja en el plano comunicacional-mediático frente a la derecha, no haya avizorado a tiempo lo que se le venía, claro que no se puede obviar el poder comunicacional y por tanto movilizador de Chávez y lo que en este sentido podía provocar su ausencia definitiva.

Correctivos con emergencia

Le corresponderá entonces al Congreso de la Patria debatir al respecto y tomar los correctivos con urgencia, pues estamos al parecer en una nueva fase de reflujo de masas revolucionarias como consecuencia, ya dijimos,  del descontento popular por la escasez de bienes y productos de primera necesidad y la inflación galopante.

Coyuntura ésta que, a pesar de los esfuerzos del Gobierno bolivariano, no termina de ser conjurada, y a la cual la derecha le sacará partido como lo viene haciendo, bien sea por la vía electoral (referéndum, enmienda constitucional y/o elecciones regionales venideras), o por la vía golpista, que parece muy activa en estos momentos.

Esto, sin mencionar situaciones que acrecientan la  incertidumbre y la desesperanza  prevaleciente en la población, como el de la inseguridad ciudadana y la corrupción, donde también los esfuerzos gubernamentales  parecen a veces rebasados.

Ello, sin dejar de considerar el silencio mediático privado en torno a los avances del ejecutivo bolivariano en ambas materias, por un lado; y por el otro, el sobre dimensionamiento de estos morbos sociales con fines desestabilizadores, a lo cual se suma que al menos el 80  por ciento de los medios de comunicación están en manos privadas, alineadas con los planes desestabilizadores de la derecha, agrupada en la llamada Mesa de la Unidad Democrática.

Ya lo vimos

Por lo visto, lo deseable ante la actual coyuntura que atraviesa la revolución bolivariana es que se produzca cuanto antes una nueva síntesis revolucionaria, tanto en el plano organizativo -sectorial-territorial, partidos y movimientos sociales movilizados de modo ubicuo ( por todas partes) y en tensión todas sus fuerzas y capacidad agitativa.

Y  en paralelo a ésta, otra síntesis en el aspecto comunicacional-propagandístico. Por lo que luce como inconveniente privilegiar una sola plataforma de producción y difusión de contenidos revolucionarios, llámese digital o multimedia, o como se llame.

Ya lo vimos el pasado 6D, cuando se nos hizo creer que por el número de tuiter`s enviados por usuarios de redes sociales afectos a la revolución bolivariana, que virtualmente teníamos ganadas  las elecciones parlamentarias, lo que no se correspondió finalmente con la realidad.

En este momento, pues, parece crucial que hablen no sólo las pantallas de dispositivos móviles (celulares y tabletas) y los mensajes lanzados a las , sin duda alguna, potentes redes sociales, sobre todo si se analiza su poder de penetración en la juventud, sector en el cual se ha cebado la campaña de manipulación  mediática opositora.

Deberían también cobrar mayor presencia otras fórmulas comunicacionales y propagandísticas no menos efectivas, como el mural, la pinta, la hoja volante, la agitación de calle. Pero mejor aún: la presencia de la o el líder revolucionario junto al pueblo.

Aprendiendo ambos el uno del otro, precisamente de ese también proceso de síntesis que es deber de todo revolucionario verdadero hacer diariamente en su análisis de las experiencias de lucha,  y en su entorno inmediato de acción.

Así lo hacía el desaparecido Comandante eterno, entendía  pues que dejar de hacerlo tiene un costo muy alto para la revolución bolivariana, como vimos el pasado 6D.

 

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