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¡La Patria de Bolívar se respeta!

Por Charles Giuseppi

Si EE.UU se está acercando como el lobo a la caperucita, es porque más que intenciones, tiene intereses

Atrás quedaron los aciagos días en los que Washington amedrentaba incesantemente la democracia venezolana y al gobierno legítimamente constituido del presidente Nicolás Maduro. La visita en días pasados a nuestro país de Thomas Shannon, sub secretario de asuntos políticos del Departamento de Estado de EE.UU, así como la reunión sostenida entre John Kerry y Delcy Rodríguez hace apenas unos días, parecen confirmar esta tendencia de la diplomacia regional. Sin duda, la visita constituye un importante logro diplomático, estratégico y geopolítico, porque salimos relativamente bien posicionados sin claudicar en nuestros derechos constitucionales y sobre todo en la innegociable soberanía nacional.

La reunión entre el Presidente Maduro y el vocero del Señor Obama, Thomas Shannon, se desarrolló en un clima de gran cordialidad, de respeto y de acuerdo mutuo entre dos gobiernos con voluntad expresa de diálogo y entendimiento. Sin embargo, se hace impostergable una revisión exhaustiva de esta visita, porque más allá de la pretendida agenda de cooperación con nosotros, y de sus ofertas “tapa amarilla” como gestores de la mal llamada crisis institucional venezolana, lo que ventilan se perfila más bien como un cambio de estrategia de la superpotencia imperial hacia nuestro país.

Hablemos claro, si EE.UU se está acercando como el lobo a la caperucita, es porque más que intenciones, tiene intereses.

Sus intereses pueden ser variados, desde la necesidad de la Casa Blanca por mantener las cosas en calma para garantizarle a la saliente gestión de Obama un clima de tranquilidad en la región, hasta las asociaciones estratégicas de orden económico en tiempos en los que el arco minero de Venezuela, tiene carácter ministerial. Una salida institucional pareciera ser la mejor carta de la Casa Blanca en el incesante mantenimiento de su hegemonía regional y global. No olvidemos que en la hermana Cuba, la estrategia del amigo cercano, del protector que interviene benévolamente, está dando resultados.

Temprano entendieron que una intervención mediante el desgastado Almagro, vía aplicación de la Carta Democrática era inviable. “Quisieron hacer una cacharro, pero estaba malo el barro y eso fue lo que salió”.

Se han querido presentar como los gestores de la “crisis”, como los mediadores, los árbitros del partido que dicho sea de paso, no hace falta. Aquí los árbitros mejor parados son el CNE y las instituciones venezolanas, las nuestras, que con todas sus imperfecciones son las que hemos venido creando y consolidando como Estado soberano e independiente. Venezuela debe estar atenta en extremo a las “ayudas” de EE.UU, ya que su política injerencista no ha cesado, ni por lo pronto cesará. De forma intrépida y suspicaz EE.UU juega a ser el actor principal del entramado ajedrez geopolítico creado por ellos mismos con ayuda de la oposición, (EE.UU, Almagro, Parlamento Europeo, gobierno de España y el paramilitarismo uribista). Su apoyo para una eventual salida “democrática” a la crisis debe ser tomado con acuciosa claridad por la diplomacia local, sopesando así cualesquiera sean sus verdaderas intenciones con tan “noble” gesto.

Incluso con las posiciones tuteladas de algunos países hemisféricos, el consenso general ha sido de apoyo a la democracia y la institucionalidad del país y de deploro a las acciones opositoras, quienes abiertamente proponen y promueven una eventual intervención en Venezuela. Sino miremos la deplorable actitud de Ramos Allup, quien con una corte de cadáveres políticos, títeres de toda suerte y menesterosos del poder político local llegaron a la sede de la OEA en Washington para pedir la invocación de la Carta democrática y salieron con las tablas en la cabeza. La OEA, entendió igualmente que incluso en los momentos difíciles que atraviesa nuestro país, la única salida viable para evitar un conflicto de mayor escala a nivel regional es auspiciar el diálogo entre los sectores en disputa. Por esta vía, la OEA mandó un mensaje claro a los opositores criollos, todo dentro de las reglas de juego, ¡fuera de la Constitución venezolana, nada! Crear las condiciones para una intervención por esa vía, sin duda sentaría un muy mal precedente para la ya maltrecha credibilidad del organismo regional.

Por su parte, los EE.UU dirigen su política exterior con más estatura estratégica que la oposición venezolana, y pronto entendieron que no llegarían a mucho con los despojos opositores, prefirieron mandar a sus mayores oficiales a una batalla que para nosotros apenas comienza. Así reinauguran una estrategia de acercamiento que perfile más la coexistencia pacífica temporal, que garantice tanto a EE.UU como a los intereses de los vecinos regionales representados en la OEA un clima de tranquilidad para el buen desarrollo de sus inversiones, de sus asociaciones estratégicas, y en último caso, de la estabilidad de los acuerdos de integración regional de los que nuestra nación forma parte. Venezuela atraviesa una convulsa situación geopolítica propiciada por factores externos y sobre todo internos que debe ser vista con riguroso cuidado, así como el incipiente acercamiento tratado con no menos riguroso tino, para finalmente anotarnos el laurel de la victoria en una guerra diplomática de la que hasta ahora hemos ganado todas las batallas.

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