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La mayoría en Venezuela quiere paz, cuidado con subestimar las estrategias de guerra pentagonistas

Por Carlos Machado Villanueva

19/06/2018

Aunque es innegable que Venezuela padece una grave crisis económica -reflejada sobre todo en una hiperinflación que pulveriza los salarios y hace inaccesible bienes de consumo esenciales-, persiste en la mayoría de su población una voluntad de paz como único camino para su superación, aún así es clave no subestimar nunca una de las estrategias de la guerras contrainsurgente del Pentágono, como es la de lograr en el momento oportuno y con hechos de conmoción convertir un creciente malestar social en un estallido social de violencia política.

Quizá, y en ese sentido, nada mejor que la expresión del analista José Vicente Rangel para sintetizar la situación actual del estado de ánimo de las masas, cuando llamó recientemente a darle un “parao” al galopante deterioro del poder adquisitivo de la población por causa de una desatada y hasta la fecha incontrolable especulación con los precios de los bienes de primera necesidad, en particular con el de los alimentos y las medicinas.

Aun cuando hasta ahora no hay cifras oficiales sobre la inflación, algunas fuentes sostienen que cada 28 días se duplican los precios de los productos de primera necesidad en Venezuela, detectándose más recientemente que basta que el presidente Nicolás Maduro se refiera a esta situación en algunas de sus alocuciones para que inmediatamente ocurra un nuevo alza de los mismos.

Lo que pasó con el café…

Este fue el caso con el café, que hasta pocos días después de su reelección el pasado 20 de mayo marcaba 4 millones de bolívares, y una vez hiciera su primera alocución como Jefe de Estado reelecto, y al referirse a lo injusto de esta situación, el kilogramo del aromático grano molido pasó a costar 9 millones 600 mil bolívares, para hoy oscilar en los 12 millones de bolívares fuertes, ó 12 mil bolívares soberanos, según la reciente reconversión monetaria.

Conocido es el efecto tranquilizante de esta bebida aromática para muchos de las y los consumidores, y más aún por quienes son expertos en guerras no convencionales, cuando aumentar la masa crítica de malestar social para desestabilizar políticamente al país-objetivo se trata.

Más recientemente ocurrió algo similar con los huevos, pues una vez el presidente Maduro se refirió a la intervención de los mercados municipales del país para enfrentar la especulación en estos espacios públicos y lograr su saneamiento, el cartón de huevo pasó de un millón 800 mil a casi 4 millones de bolívares

Pareciera tratarse de una estrategia bien concebida por parte de los laboratorios de desestabilización y de la guerra económica cuyo fin no es otro que crear una matriz de opinión que sirva a los intereses golpistas de la derecha, que no cesan a pessar de las consecutivas derrotas sufridas por estos desde abril de 2002.

Esta no es otra que crear la sensación en la opinión pública que el Gobierno bolivariano perdió totalmente el control o gobernanza de la economía y lo más peligroso aún, que perdió la autoridad; de allí que lo que se busca es acelerar su desgaste y de esta manera estimular el incremento del descontento popular en su contra.

Y es que si algo claman mayoritariamente las y los ciudadanos una vez consultados, no es más que la aplicación de las leyes existentes sobre la materia, que permita frenar de una buena vez la especulación desatada y así detener la espiral inflacionaria de una vez por todas.

Es inaceptable, por ejemplo, que productores de café, que en su mayoría reciben apoyo gubernamental para sus sembradíos, a la final terminen vendiéndoles sus cosechas a supuestos compradores que llegan desde Colombia ofreciendo precios por quintal muy por encima de los acordados con las autoridades nacionales reguladoras del sector, o dolarizados.

Flotas sospechosas

En este orden de ideas, es ya común escuchar cómo caravanas de camiones de los llamados “350”, en su mayoría recién adquiridos, cruzan diariamente la frontera binacional llevándose de regreso al vecino país no sólo café sino también cualquier diversidad de productos agrícolas y pecuarios pagados en precios del llamado “dólar today” o “cucuteño (por lo de la ciudad de Cúcuta)”, el cual hoy supera la paridad cambiaria del dólar Dicom / bolívar (96 BS) en al menos 23 veces.

Hay quienes especulan no sin cierto grado de aproximación que así como EE UU y sus aliados europeos proveen no sólo de armas sino también de vehículos rústicos a los terroristas del ISIS en su empeño de derrocar al presidente de Siria, Bashar Al Assad, no es de extrañar que para el caso de Venezuela esta también es la estrategia empleada.

El coordinador de la misma sería el derechista y enemigo acérrimo de la revolución bolivariana, el derechista expresidentes colombiano Álvaro Uribe Vélez, quien cuenta como se sabe con un ejército de narco-paramilitares que desmovilizados por los acuerdos de paz en ese país actualmente, incluso desde hace ya algunos años, les giró órdenes de emplazarse en el eje fronterizo colombo-venezolano, precisamente para tareas de infiltración en nuestro territorio.

Recientemente y gracias al trabajo de inteligencia policial coordinado por Fredy Bernal en el estado Táchira, se detectó un mecanismo sospechoso de adquisición de estos vehículos de carga en una agencia de venta , cuando supuestos productores agrícolas acudían a retirar estas unidades ya previamente canceladas en su totalidad por un supuesto hacendado e inversionista apodado el “defensor del Táchira”.

Sólo dos vías nada más

Muchos en Venezuela comentan que de ser cierta esta estrategia, sólo hay dos vías para que esta flota de camiones entre y salga de Venezuela sin ser detectada, y ello sólo es posible por dos vías: una, la existencia de una amplia red de trochas o “caminos verdes” bien camuflados y estratégicamente distribuidos en los poco más de 2 mil kilómetros de frontera común. Algo nada difícil de creer vista la realidad en el territorio.

Por una parte, conocida es lo intrincado de la vegetación, con tupidas selvas, de bastas áreas fronterizas, lo que dificulta la vigilancia aérea e incluso satelital, menos aún si no se cuenta con tecnología de punta, hoy sólo en poder de países aliados como Rusia y China.

Por otra, la existencia aún de extensas haciendas de propiedad privada en territorio venezolano cuyos predios colindan con la frontera colombiana, aunque ciertamente en menor cantidad luego de ser incautadas varias de estas, incluso por orden del desaparecido presidente Hugo Chávez, al comprobarse su pertenencia a personas vinculadas al narcotráfico colombiano y muchas fugitivas de la justicia, sobre todo al sur el estado Táchira, y gracias a un trabajo de inteligencia y resguardo fronterizo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Cabe traer a colación aquí que recientemente fue descubierta por el ejército sirio y con ayuda de la fuerza aérea rusa una ciudad, al retomar controlada por los terroristas, una sofisticada red de túneles construidos por los terroristas que pasaban de una frontera a otra. ¿Por qué no puede estar sucediendo algo similar en Venezuela?, es la pregunta que surge inmediatamente.

La otra vía es una que ya es voz populis –sin peder de vista que parte importante de la estrategia desestabilizadora es golpear la unida cívico-militar, satanizando a la FANB -, y esta n es otra que la complicidad de algunos efectivos militares desmoralizados y corrompidos, como ha sido aclarado por sus máximas autoridades, apostados en las alcabalas terrestres y fluviales fronterizas y en las diferentes carretera nacionales.

Estos serían presa fácil de la alta capacidad de soborno de los paramilitares colombianos, algunos actuando como transportistas del contrabando de extracción harto denunciado, para lo cual, como es sabido y permanentemente denunciado a nivel nacional e internacional, cuentan con muchísimos dólares del Pentágono estadounidense y del narcotráfico uribista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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