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Profesor Carlos Ramírez. Foto Jesús Vargas

La irreductible apuesta de Venezuela a la paz

Por Carlos Machado Villanueva/ Foto Jesús Vargas

El día miércoles 30 de septiembre hubo un ataque a una importante planta eléctrica del país, que fue ejecutado por un motorizado con parrillero, quienes arrojaron una bomba, explicaría el presidente Nicolás Maduro, quien relató que durante su estadía en Nueva York fue notificado de cada detalle acerca de los ataques con granadas que fueron efectuados recientemente. “Mientras yo estaba en la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas, defendiendo la soberanía y la paz del país, me reportaron desde el puesto de comando presidencial los ataques con granadas a los policías”.

“Es locura y terrorismo. Este nuevo modus operandi no es propio de Venezuela. ¿De dónde viene esta modalidad?, No respondo”, dijo.

Pero advirtió “aquí no va a pasar lo que pasó en Libia o en Siria, a los terroristas los vamos a atajar tempranito y los castigaremos con mano de hierro. Un país con justicia profunda evita males mayores con grupos paramilitares y terroristas”.

En opinión del profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) Carlos Ramírez, mantener la paz en Venezuela requiere el manejo de alguna serie de elementos asociados a cómo las fuerzas revolucionarias bolivarianas confrontan las diferencias con sus adversarios políticos y cómo en un momento determinado se tienen que utilizar los mecanismos creados por la Constitución para evitar un escalamiento conflictivo “que lleve a algo que nosotros no queremos, que es una especie de guerra interna, una guerra civil”.

Más aún, destaca, si se tiene muy claro que desde la llegada al poder de la Revolución Bolivariana hay una intencionalidad, además de interna, también externa, de unas fuerzas hegemónicas en lo político, militar y económico, encabezadas por EE.UU y sus países aliados agrupados en la OTAN, para que la confrontación chavismo-oposición entre en una espiral de violencia política, de lo cual “han habido pruebas contundentes”.

El biólogo y docente universitario con doctorado en genética humana expuso en el marco de la celebración de los 70 años de la fundación de la ONU que, como lo recordó el presidente Nicolás Maduro en su intervención ante el máximo organismo, nació precisamente con el fin de preservar la paz, meta que todavía no ha logrado.

Armas para la paz

Según Ramírez ha sido “el dolor de cabeza” del liderazgo chavista en estos últimos 16 años evitar la instauración en nuestro país de una situación de violencia política con posibilidades de escalamiento, encontrando mecanismos constitucionales, el referéndum revocatorio incluido, como la mejor manera de impedirlo.

“El referéndum marcó un hito”, expresa, “pero las elecciones también, y el respeto a los resultados electorales” que operan como muro de contención ante una siempre latente posibilidad de desborde de la violencia para dirimir las diferencias políticas, acicateada por no pocos medios de comunicación privados, tanto nacionales como internacionales.

El académico explica que en Venezuela se hicieron una serie de ensayos superiores de escalamiento del conflicto, incluso buscando un enfrentamiento interno. Es evidente que desde el punto de vista del pueblo venezolano, que ha avanzado una política, ha podido desarrollar armas para enfrentar modelos de guerra no convencionales, armas que están relacionadas con reconocer las diferencias y, desde el punto de vista muy democrático (valga la redundancia), el juego democrático, incluso desde la óptica de la representatividad nada más; sin incluir el concepto bolivariano que propone la evolución hacia la democracia protagónica.

Ramírez complementa que en Venezuela se ha logrado una madurez política en muchos aspectos, sobre todo en el seno de pueblo llano, madurez que considera ha producido un período de estabilidad política “independientemente de todos los ataques que haya sufrido el gobierno revolucionario”.

Carne de cañón

El académico considera importante destacar que como los bolivarianos están en contra de una hegemonía total y de un absolutismo de pensamiento, tales ataques de quienes pretenden perpetuar esta situación en el mundo “van en contra vía de lo que se hace en la Venezuela bolivariana”.

“Por lo tanto, como no se puede hacer una guerra directa como tal, hay elementos que hacen que se produzcan otras alternativas muy bien planificadas que tienen que ver con la guerra de baja intensidad. Los elementos que tienen que ver con lo comunicacional, producen algunos componentes de alienación en ciertas capas de venezolanos que se vuelven indudablemente en carne de cañón para que se produzcan otros escalamientos”.

Ramírez rememora que el gobierno bolivariano presidido por Nicolás Maduro pretendió negociar con muchos de esos elementos, ello en referencia al diálogo que convocado a principios de 2014 con alcaldes y gobernadores de oposición y luego con la dirigencia de la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), porque entendía que una “cosa importantísima es mantener la estabilidad interna para producir realmente lo que nosotros queremos, que es mantener internamente la paz”.

No solo paz interna

El también coordinador nacional de investigación de la UBV aclara que esa paz a la que aspira el liderazgo bolivariano, no está supeditada solo al escenario nacional sino que además tiene que ver con el plano incluso “de nuestros vecinos próximos”.

“Relacionados evidentemente con el tema de fronteras y con los intereses que se manejan en la frontera. Ya sabemos que hay intereses, no solamente en lo político, sino en lo económico, que también ha sido un factor importante”.

Tanto en el caso de la situación en la frontera colombo-venezolana, y del diferendo limítrofe sobre el territorio Esequibo entre Venezuela y Guyana, Ramírez considera que no se trata solo de un asunto regional, sino que se puede convertir en cualquier momento en un problema global dependiendo de los elementos que entren en juego.

Al respecto, destacó la importancia de que gracias a la intermediación del presidente Rafael Correa y del presidente Tabaré Vázquez, representantes de la Unasur y la Celac, se llevó al diálogo las diferencias fronterizas entre Venezuela y Colombia, lo que indudablemente constituye una victoria para el irreductible camino de la paz que ha elegido Venezuela.

Fuente Cuatro F

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