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La guerra económica existe y es mundial

Modaira Rubio

Con una resolución redactada por Rusia y EE.UU, la Organización de las Naciones Unidas declaró la “guerra económica” contra el Estado Islámico. La medida comprende congelamiento de fondos o activos de personas, grupos, empresas que tengan relaciones comerciales con la organización terrorista. En este caso, se trata de un bloqueo financiero legal, establecido sobre el marco jurídico de la Carta de la ONU.

La política es la expresión de la realidad económica. Para derrotar al Estado Islámico hace falta más que bombardeos; se hace necesario exterminar su fortaleza que radica en la enorme y complicada red de tráfico ilegal de petróleo, divisas, bienes, armas y personas que han generado y de la cual obtienen sus grandes riquezas. Es decir, la guerra en términos militares es sustentada ahora en términos económicos. Se trata de asfixiar financieramente al Estado Islámico.

Esa es la política del imperialismo en el campo económico para “torcer el brazo” de sus enemigos. Las guerras como manifestaciones bélicas no comienzan en el campo de batalla, sino en los bancos.

Leer al pueblo

En el proceso de evaluación de los resultados negativos del 6 de diciembre, algunas voces críticas han cuestionado el uso del término “guerra económica” y le achacan a este lenguaje belicista, buena parte de los votos en contra que obtuvo la Revolución.

El asunto es más complicado. La contrarrevolución sabe que existe una guerra económica, porque es parte de ella, pero su campaña se basa en ocultarla, banalizarla y decirle a la gente que es un invento del gobierno para ocultar sus fallas.

La denominada “guerra económica”, no es otra cosa que una agresión imperialista multifactorial que incluye bloqueo económico y financiero no oficializado, así como intervención directa o indirecta de la distribución y producción de bienes a través de los grupos empresariales locales acompañada de un importante componente de operaciones psicológicas sobre la población.

Y estamos en la obligación de buscar la manera más pedagógica posible para explicárselo al pueblo, no solo al chavismo. Debemos leer e interpretar, como hizo Chávez, la sabiduría popular. Cuando el Comandante Chávez dijo: “Los que quieran Patria vengan conmigo”, resumió un sentimiento nacional de un pueblo que en ese momento buscaba la reafirmación de su identidad y de su soberanía.

En esa coyuntura era más importante para el pueblo lo simbólico, lo ideológico, la búsqueda de su identidad nacional colectiva, que resolver el problema material, porque la Revolución elevó la calidad de vida de las mayorías.

En este nuevo contexto, la búsqueda de la solución material es prioridad para la población ya que la agresión económica del empresariado nacional y del imperialismo financiero, está llevando al límite la capacidad adquisitiva del pueblo trabajador. Aquí es cuando debemos evaluar cómo percibe esta agresión el pueblo para poder generar una efectiva campaña que nos permita decir la verdad y que la gente se identifique con esa verdad.

Lo que sucedió el 6D es una expresión política de la realidad económica. La burguesía empresarial y comercial ha acumulado fuerzas, porque hizo muchísimo dinero con la inversión social durante estos 17 años. Ahora, la contrarrevolución se acentúa agresivamente. El sabotaje y el bloqueo económico velado forman parte de una conspiración transnacional para apoderarse del petróleo venezolano en medio de la crisis estructural del capitalismo mundial.

El presidente Maduro, que por cierto ha empezado a ser llamado “señor” Maduro en la prensa proimperialista para desconocer su legítimo cargo, señaló recientemente: “Venezuela desde hace tres años no puede refinanciar su deuda porque aumenta el riesgo país. Es un bloqueo indirecto, un boicot interno de distribución, comercialización y precios”, dijo durante la Plenaria del Congreso Extraordinario del PSUV donde se evaluaron los resultados electorales.

“Han decidido colapsar el modelo igualitario inclusivo de la Revolución, es una lucha de clases entre la élite burguesa parasitaria contra el pueblo”, puntualizó al tiempo que informó que el gobierno bolivariano ha pagado 27 mil millones de dólares por concepto de bonos de deuda externa y otros compromisos internacionales y, sin embargo, el bloqueo financiero internacional contra el país no ha cesado.

Lo último, las tasas de interés

En esta semana, la Reserva Federal de EE.UU, anunció el aumento de las tasas de interés a 0,25%. El objetivo claro de esta medida es afectar negativamente el mercado petrolero, debilitar a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y buena parte de las economías de países emergentes como Rusia y Brasil. Tras el anuncio, el precio del crudo fortaleció su baja en los mercados internacionales.

Los analistas señalan que esta medida afectará la vida de millones de personas en todo el planeta. En los próximos días la banca ajustará también sus tasas de interés para evitar la fuga de capitales hacia EE.UU; esto se traducirá en aumento también de los intereses que los ciudadanos de a pie pagan por sus hipoteca, tarjetas y créditos.

La gente va a sentir este aumento para mal en su cotidianidad. Y más en nuestros países que dependen de la renta petrolera. La situación económica se torna muy peligrosa, al punto de generar grandes riesgos para la estabilidad del país. La respuesta está en acelerar la transformación del modelo.

En ese contexto, solo la Revolución Bolivariana puede asegurar nuestra viabilidad como nación, de eso no nos cabe duda. La contrarrevolución con sus programas neoliberales nos conduciría a una guerra civil que sería nuevamente la última expresión política de un fracasado modelo económico que en el pasado nos llevó al hambre y la exclusión.

Si no producimos, no habrá paz

“No habrá paz en Venezuela si no unimos esfuerzos para el desarrollo económico”, dijo el presidente obrero Nicolás Maduro.

La prioridad ahora para todos los sectores del país debe ser superar el modelo rentista. Con el petróleo en picada y el mercado energético con gran volatilidad no es posible pensar en desarrollo. La transformación debe ser estructural.

La Revolución Bolivariana tiene el poder ejecutivo, y desde allí utilizará todos los recursos constitucionales para defender los avances sociales de estos 17 años. La misión más importante ahora es convertir la Patria toda en una enorme fábrica, regida por el control obrero y el poder popular.

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