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La distribución de culpas y las soluciones mágicas

William Serafino/Misión Verdad

Ante momentos adversos y coyunturas difíciles, la distribución acomodada de quejas y culpas siempre salen a relucir. A veces para blindar el ego y la prepotencia de quien las emite, otras para canibalizar cualquier intención de analizar las circunstancias actuales más allá de la vetusta barrera que impone la lógica política tradicional.

Argumentos como la “ineficiencia” del Gobierno, y por elevación la de Maduro, se esgrimen con ligereza al momento de señalar los rostros “culpables” de la derrota electoral.

Pero si por eficiencia entendemos (en términos políticos tradicionales) que el Gobierno tenía que construir el doble de viviendas en tiempo récord, que tenía que hacer el triple de mercados comunales aún con el precio del petróleo literalmente por los suelos, que tenía que inundar los anaqueles de champú y desodorante, que tenía que delegar cientos de miles de funcionarios de la Sundde para que en cada tienda de cada centro comercial se vigilara a los comerciantes especuladores, entonces, de plano, estamos aceptando que a Venezuela no se le está ejecutando una guerra brutal planificada por agentes externos; más bien por el contrario, todo dependía de la imperiosa necesidad de haber recurrido a los tecnócratas mejor preparados en el extranjero para que resolvieran “nuestros problemas”, los mismos que Maduro (quizás por su condición de autobusero nacido en El Valle) no ha podido resolver.

Si es así, entonces usted reconoce que el Departamento de Estado, sus ONGs, agencias mediáticas y el conglomerado de empresas transnacionales que boicotean la economía venezolana, no tienen responsabilidad en el resultado electoral más allá de aquella que respondía “racionalmente” producto de las “malas políticas” de un “gobierno ineficiente“, sin incluir acá todo aquello de la “violación de los DDHH“. Es decir, su cerebro fue ocupado por Luis Vicente León.

El Gobierno hizo todo lo que pudo en un contexto donde el ataque al ingreso nacional producto de la caída de los precios del petróleo, más el ataque frontal a los sistemas de distribución alimentarios, se orientaban a triturarnos el estómago y el cerebro para que saliéramos a votar desesperadamente por la MUD. Siendo así, a la luz de los resultados electorales del domingo pasado, donde una parte del chavismo prefirió abstenerse antes que votar por el enemigo, se demuestra que Maduro y Diosdado han logrado neutralizar la parte más importante del plan enemigo: doblegar al chavismo y captar su voto y voluntad.

Tampoco falta el gran lugar común de que si Chávez fuera presidente esto nunca hubiera sucedido. Si es así, entonces le estamos endosando cualidades mágicas a un individuo que tenía la capacidad de controlar a su gusto la Opep, que podía controlar un asedio internacional contra el país desde todos los frentes y que tenía una varita mágica para darnos casa, carro, tabletas y viajes al extranjero a todos los habitantes de Venezuela. Si es así, usted extraña a Chávez por su propia comodidad y según su propia interpretación, no por lo que significa su ejemplo, instinto y audacia en tiempos adversos.

Si bien la estrategia de las colas y la inflación cartelizada con fines políticos le dio saldos al enemigo, no es menos cierto que acusar a Maduro y Diosdado como responsables absolutos de ese flagelo es incoherente, ya que opaca las responsabilidades directas de la empresa privada (nacional y extranjera). ¿La culpa de la colas es solamente de la Sundde y de la Ley de Precios Justos? ¿La inflación tiene que ver con las “malas políticas económicas” del gabinete de Maduro? ¿El Gobierno es el responsable absoluto por ineficiente? Si es así, entonces usted está otogándole la razón a la MUD cuando propone derogar todas las leyes que limitan el libre ejercicio de especulación parasitaria, porque según esta lógica los empresarios no tendrían responsabilidad alguna debido a que solo ellos poseen la fórmula para resolver esta “crisis” provocada por la “ineficiencia” del Gobierno.

Si es así, entonces la culpa es de Maduro y Diosdado, ya que por el hecho de enfrentar directamente a Mendoza y Fedecámaras fuimos condenados al desastre de la especulación y del bachaqueo. Habría funcionado entonces la estrategia del enemigo al desaparecer de la percepción colectiva el relato de la guerra, quedando intacta su postura de víctimas y perseguidos por un gobierno que está decidido a no actuar según sus intereses.

Comprender la realidad post-electoral a partir de conceptos como “mala gestión” o “ineficiencia” refuerza la estrategia de la derecha de adjudicarnos a totalidad las culpas de lo sucedido. Seguir sumándole energía a ese argumento, sin entender el contexto de tres años de guerra sin cuartel, los limpia de su responsabilidad y de los costos políticos que deben asumir los agentes internos y externos producto de su guerra contra Venezuela.

Por otro lado, a lo interno de ciertos sectores del chavismo se reproducen (en la misma línea discursiva de no aceptar la guerra en curso contra Venezuela) grandes expectativas alrededor de soluciones mágicas que deben llegar ya para cumplir con la anhelada “rectificación” que se solicita con apuro y que no incluye al que la emite. Y es cómoda la exigencia, porque si una comuna, un medio alternativo, un gremio de trabajadores se queja por las “fallas del Gobierno“, ¿esa comuna, ese medio alternativo y ese gremio de trabajadores no han recibido recursos de todo tipo por parte del Gobierno? ¿No se hicieron consejos presidenciales para delegar las responsabilidades y asumir esos “reclamos” directamente? ¿Qué responsabilidad tiene Maduro sobre una fábrica recién expropiada que dejó de funcionar? ¿Maduro trabaja ahí? ¿Diosdado también? ¿Los directores, trabajadores y sindicatos de esas empresas o medios no tienen ninguna responsabilidad directa? ¿Quiénes son los responsables de hacer contraloría? ¿O la responsabilidad solo la otorga el cargo y no el ejercicio político revolucionario?

Ahora Maduro y Diosdado parecen ser la gran batea donde todos quieren liberar sus culpas y ganar reconocimiento. Los proyectos a héroes siguen esgrimiendo que, por culpa de ellos y solo por ellos, perdimos las elecciones. Nada tiene que ver con el enemigo. Ni yo ni mi responsabilidad. Nada.

No por casualidad estados como Apure, Delta Amacuro, Cojedes y Sucre, por tan solo detallar algunos territorios donde ganamos, son estados donde estos argumentos se vuelven trizas. No porque el que escribe este artículo viva allá o esté construyendo una comuna, sino porque quedó en evidencia que la gente votó no porque la situación está de pinga y porque el Gobierno ahora sí va a ser “más eficiente”: votó porque sabe que la única forma de mantener esta opción revolucionaria es combatiendo al enemigo, en el escenario que sea, como sea.

Decir lo contrario es trabajarle (y de paso gratis) al enemigo.

Fuente Misión Verdad

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