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La dictadura mediática en estos tiempos, o cuando el descuido se paga caro

Por Carlos Machado Villanueva

Ya no cabe duda del deletéreo impacto en la conciencia  de las masas de la  cada vez mayor capacidad de manipulación de la realidad ejercida sin límites por los medios privados  de comunicación para impedir el surgimiento y afianzamiento de modelos  alternativos más equitativos y democráticos  en lo económico y en lo político al capitalismo neoliberal, por lo que cualquier descuido o debilidad en la capacidad de movilización y defensa del pueblo de sus avances en esta dirección, de quienes se dicen vanguardia política revolucionaria,  puede costarles caro a los pueblos, como hoy vemos en Argentina, Brasil y Venezuela.

Tan poderos es este influjo mediático en la psquis colectiva, que incluso  impide a los ciudadanos detenerse un momento a reflexionar si es víctima o no de la manipulación de la realidad que le circunda, dado que su capacidad de discernimiento es  anulada casi del todo por una avalancha diaria de propaganda disfrazada de información, o si se prefiere, información dirigida.

Razonamiento elemental

Es preocupante que a estas alturas una gran porción de  venezolanos  y venezolanas no pueden  hacer al menos un razonamiento  tan elemental  sobre cómo es que  una fuerza política como el chavismo – en cuyo programa de lucha se plantea como estrategia conservar la hegemonía electoral el mayor tiempo posible- , de pronto comete tantos  errores en su desempeño económico y político en tan poco tiempo (los últimos 3 años),  y pierde  por tanto su elevado caudal electoral, el mismo  que lo llevó a ganar 18 de 20 elecciones  desde su llegada al gobierno en diciembre  de 1998 hasta ahora.

Ello no quiere decir que  las fuerzas bolivarianas -sobre todo el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), el de mayor votación-  no hayan cometidos errores, no pocos de éstos graves, como pudiera ser precisamente su tardanza en reaccionar con un  buen plan de contraataque, aunque este adjetivo  pudiera asignársele a la Gran Misión Abastecimiento Soberano.

Pero  si algo queda  cada vez más en evidencia, ello es que la crisis  económica  de Venezuela es atribuible sobre manera  a un plan milimétricamente concebido de dislocación y caotización  total de la economía, sólo posible de concebir en un laboratorio como el que diseñó la guerra económica contra el presidente Salvador Allende en 1973, que, al igual o peor que en Chile,  ha generado en nuestro país un proceso de inflación-especulación que hasta ahora luce indetenible  y que impacta sin duda alguna la emocionalidad política  de la población.

Y lo que es peor aún, lleva a una parte importante de ésta a volver  su atención hacia los ofrecimientos de sus verdugos neoliberales, incluso de la manera más dócil, cuando, como es sabido, atendió el pasado 6 de diciembre a una simplona consigna de la oposición derechista,  “Haz la última cola para que se acaben las colas por alimentos”, que hoy le permite el control total de la Asamblea Nacional con 109 de un total de 163 diputados.

El voto castigo

Debemos reconocer que como consecuencia de este  cuadro, si las fuerzas bolivarianas debieran medirse electoralmente en las próximas semanas, las posibilidades de sufrir otra derrota con el voto castigo serían altas. Y no es que el Gobierno del presidente Nicolás Maduro no esté haciendo actualmente e un importante esfuerzo para revertir esta tendencia, pero aún así, todo indica que el poder mediático de sus enemigos tanto internos como externos  siguen ganándoles esta pelea.

Una prueba de ello, quizás la más evidente, es la de la conformación de los llamados comités locales de abastecimiento y producción (Clap). Una vez se conformaron éstos, la canalla mediática desató una campaña feroz para demonizarlos y hoy sería insensato asegurar que la mayoría de los ciudadanos le atribuyen  más beneficios que dificultades a este mecanismo de distribución de alimentos intentado desde abajo, desde la comunidad organizada y emponderada constitucionalmente.

Ha bastado que se evidenciaran algunas fallas del arranque de los llamados claps, pero sobre todo las consabidas medias verdades sobre su mal funcionamiento, para que la máquina de sobredimensionamiento de éstas hayan ya posicionado una matriz de opinión nada favorable respecto a este mecanismo de distribución de alimentos  de primera necesidad que prentendía combatir el desabastecimiento inducido, vía contrabando interno y externo,  por la guerra económica y/o no convencional  que enfrenta nuestro país.

Ante esta situación, no pocos analistas se preguntan cada vez con más insistencia, si es justo que se obligue a un país determinado a realizar unas elecciones cuando éste se encuentra sometido a un proceso de manipulación y desestabilización cuyo objetivo primordial de sus promotores es provocar un cambio en la individualísima soberanía político- electoral de las y los ciudadanos.

Y lo más graves, es que de triunfar de nuevo la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD),  como ya lo ha demostrado en la Asamblea Nacional, favorecerá  los intereses de los grupos fácticos de poder económico tanto nacionales como internacionales interesados en ponerle de nuevo  la mano a las ingentes riquezas estratégicas como lo son la petrolera y minera en general.

Así vemos cómo las  reformas a las leyes aprobadas por  la mayoría opositora en estos 7 meses apuntan al desmontaje de los beneficios económicos  sociales logrados en 17 años de revolución bolivariana-chavista.

Debilidades

En este mismo orden de ideas, si alguna debilidad ha demostrado el liderazgo chavista ante esta coyuntura, esta es su poca capacidad anticipatoria  de la táctica y estrategia opositora y de los laboratorios de desestabilización, sobre todo estadounidenses.

A estas alturas y ya con experiencias como la de la satanización contra los círculos bolivarianos al inicio del primer gobierno del presidente y el paro-sabotaje petrolero de 2002-2003m ha debido preverse este tipo de campañas para poder contrarrestarlas con éxito.

La siembra en las comunidades, desde arriba – aunque al parecer estos nacieron desde abajo en una comunidad provincial en el estado Yaracuy-  de los llamados claps,  debió partir de un experiencia piloto lo suficientemente monitoreada, de manera de hacerle todos los ajustes que garantizasen una implantación más efectiva desde el principio.

No haberlo previsto así es lo que le ha permitido a la canalla mediática sobredimensionar las fallas de los claps,  que es normal que surjan  -se trata de seres humanos quienes participan en su conformación-, infringiéndoles una herida mortal justo cuando, en la humilde opinión de este escribidor, el tiempo apremia, y la oposición sabrá desde el punto de vista propagandístico-mediático,  cómo  canalizar ésta frustración de la población  hacia una conducta electoral que les favorezca nuevamente.  Pero sobre todo, la de sus electores o “voto duro”, quienes serán conducidos a descargarla en unas venideras elecciones, como pudieran ser las regionales, se realicen o no este año.

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