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La cara más bonita del 23 de enero en Venezuela

Por Ibis Frade*

Caracas (PL) No es lo mismo llegar a un país donde no se conoce a nadie, que llegar a uno donde se tienen amigos y si esos “panas” viven en el 23 de enero en Venezuela, pues mucho mejor.

Si usted toca a la puerta de esos amigos, puede estar casi convencido de que se sentirá como en una casa cubana. En Caracas, lo más cercano a pisar un barrio de La Habana popular es visitar precisamente el 23 de enero, donde los niños retozan en las callecitas estrechas y los adultos juegan dominó en las esquinas.

La vecina de los altos le pide a la de los  bajos sal y harina para hacer arepas a, y las personas de una misma cuadra se saludan y conocen de toda la vida.

Para algunos de afuera, puede parecer un peligro: los de adentro lo ven como un refugio. A quien recién llega, a veces lo miran con recelo porque “no es del barrio”, pero suelen abrazar a la gente de Cuba porque se parecen a ellos mismos.

Allí radican varios consultorios médicos donde viven y trabajan los cubanos, y como con el roce surge el amor, ya hay varias parejas Cuba-Venezuela.

En el 23 de enero escuchan música con bastantes decibeles, la salsa, la cumbia, el merengue, el reguetón… hasta que algún vecino pide a gritos que la bajen un poco… La gente habla alto, pero se tratan con cariño.

Y si pierde el resuello subiendo por esas lomas empinadas, siempre habrá alguien que le brinde un vaso de agua bien fría cuando llegue a su destino.

No es un barrio de recorridos turísticos, es de gente humilde, con sus zonas calientes como todos los barrios y con sus banquitos en algunas esquinas para sentarse a coger un poco de aire.

Los que saben, aseguran que los mejores “pepitos” de toda Caracas se comen en el 23 de enero, solo basta tomar el metro hasta la estación de Aguas Salud, cruzar el puente lleno de vendedores y llegar al parquecito…

Hay varios kioskos donde venden los tan famosos panes con carne troceada, mucha salsa y abundante sabor. No valen ni McDonald´s ni Burguer King frente a esos “pepitos”.

En los amigos del 23 de enero también puede encontrar la brújula para no perderse en una Caracas caótica llena de distribuidores y elevados. Además, escuchará la palabra amable y los consejos de supervivencia más elementales al estilo venezolano.

Los de esa comunidad son espontáneos y no ven con buenos ojos las maneras “sifrinas” de quienes andan con la nariz hacia arriba como si no existiera el piso… quien camine así, puede tropezar…

En esa localidad radican varias agrupaciones de luchas sociales, como La Piedrita y Abrebrecha. Mientras, algunos colectivos vigilan ciertas zonas del barrio para mantenerlo tranquilo.

Hasta fue el primer lugar de Venezuela en ser declarado territorio libre de analfabetismo. A sus casi 50 años, Haydée Valero -que vive en el barrio desde hace más de 20- descubrió finalmente el significado de las letras.

“Gracias a Hugo Chávez hoy sé escribir mi nombre, puedo leer, soy una persona más preparada y sigo estudiando. Antes nadie se preocupaba por nosotros, cómo vivíamos, qué necesitábamos…”

LE CORBUSIER AL ESTILO VENEZOLANO

En los inicios del 23, se pensaba crear una urbanización para unos 60 mil habitantes. Un monstruo de bloques y cemento, como muchos otros en la capital venezolana.

En la Caracas de inicios de 1950, al comienzo de las “vacas gordas” del boom petrolero, la ciudad crecía en todas direcciones, trepaba hacia los cerros que rodeaban el valle, bordeaba las montañas, les daba vueltas y volvía a bajar.

Ante la explosión demográfica, el entonces presidente Marcos Pérez Jiménez -que llegó al poder tras dar un golpe de Estado a Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948- buscaba una vía fácil para arreglar el problema.

Entonces, decidió mandar a construir grandes bloques de apartamentos que desafiaban la verticalidad justo en las laderas de las montañas.

El proyecto era bastante bueno, pero los métodos no fueron los más felices. Desalojaron a las familias que vivían en las precarias casitas del lugar y destruyeron sus “ranchos”, como llaman aquí a esas viviendas construidas con mínimos recursos.

Querían cambiar el paisaje urbano con altos y modernos edificios. El arquitecto venezolano Guido Bermúdez se basó en el famoso modelo de “la Cité Radieuse”, creado por Le Corbusier.

Ese concepto que el arquitecto suizo nunca pudo realizar del todo en el centro de Paris como soñó, se exportó a varias naciones latinoamericanas como México y Venezuela.

Tratando de poner un poco de orden al crecimiento de Caracas, surgieron en el suroeste unos 40 bloques de edificios de 15 pisos, con más de nueve mil apartamentos. Además de guarderías, comercios, escuelas, mercados…

La idea era entregar esos nuevos hogares a los trabajadores de clase media y baja, pero el 23 de enero de 1958 las viviendas aún no habían sido entregadas. La inconformidad por la promesa rota calentaba los ánimos, y entonces fueron invadidos más de cuatro mil apartamentos.

Después, el barrio poco a poco estableció su propia organización para velar por la seguridad y los desplazados volvieron a reclamar su espacio y a instalarse progresivamente en las áreas verdes de donde los echaron a la fuerza.    Alrededor de los edificios ocuparon su lugar, en los cerros de casitas apretadas, una al lado de la otra, con sus calles sinuosas y estrechas, donde a veces un vecino puede tocar la mano del de enfrente si ambos la estiran fuera de la ventana…

LAS HISTORIAS DE LUCHAS DEL BARRIO

Bajo el espíritu de Le Corbusier nacieron los primeros edificios del 23 de enero, que inicialmente se iba a llamar Urbanización 2 de Diciembre, para rendir homenaje a la fecha en que Pérez Jiménez llegó a la presidencia.

Sin embargo, su nombre actual lo dio el mandatario Rómulo Betancourt, para recordar el día en que los caraqueños derrocaron finalmente al dictador Pérez Jiménez.

Parece que el barrio se impregnó de esa esencia redentora y años después fue uno de los primeros focos de disturbios en los sucesos del Sacudón o Caracazo, del año 1989.

Cuando en diciembre de 1998, Hugo Chávez (1954-2013) ganó las elecciones presidenciales, la gente del 23 de enero -un barrio tan cercano a Miraflores- salió a la calle a celebrar el triunfo.

Desde entonces se sintieron custodios de esa casa de Gobierno y su ejecutivo de izquierda. El 11 de abril de 2002 fueron los primeros en salir a protestar frente al Palacio presidencial exigiendo el regreso de Chávez, a quien secuestró un grupo de derecha en un intento de golde de Estado.

El 13 de abril volvió el líder, rodeado de mucho pueblo y de la gente del barrio del 23 de enero, allí descansa ahora el mandatario socialista, en el mismo cuartel desde donde encabezó la rebelión del 4 de febrero de 1997.

*Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela.

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