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A clerk counts Venezuelan bolivar banknotes after selling goods to a customer at a fruit and vegetable store in Caracas July 10, 2015. A debilitating recession and a drop in oil prices have harmed the OPEC nation's ability to provide dollars through its complex three-tiered currency control system, pushing up the black market rate at a dizzying speed. The bolivar sank past 600 per U.S. dollar on Thursday, compared with 73 a year ago, according to anti-government website DolarToday. REUTERS/Marco Bello

Inflación y controles de precio: un par de aclaratorias

Por Luis Salas

Por estos días estalló en Chile el llamado “escándalo del confort”. Confort le dicen allá al papel tualet. El caso es que dos empresas, CMPC y SCA, se pusieron de acuerdo para fijar los precios y repartirse el mercado. Dicho cartel operó durante toda una década abarcando al 90% del mercado. Y aunque los perjuicios causados a los consumidores son difíciles de estimar, se calcula que entre ambas se embolsaron unos 460 millones de dólares durante toda la década por ganancias extraordinarias

No es el primer caso de este tipo descubierto en Chile: ya pasó en el sector farmacéutico y varias veces con alimentos. No hace mucho LAN –la línea aérea de Sebastián Piñera- tuvo que pagar una multa por similar razón.

En 2012 estalló en Londres el escándalo de la manipulación de la Tasa Libor. La Libor es la tasa de interés que los bancos se cobran para prestarse dinero. Pero afecta a todo el mercado de valores y deuda, ya que se emplea a nivel mundial para fijar tasas de todo tipo de préstamos, tarjetas de crédito e hipotecas, todo por un monto de entre 360 a 800 billones de dólares. En teoría, la Libor se calcula promediando los diversos tipos de interés ofrecidos por los bancos que- en teoría también- compiten entre sí. Sin embargo, ahora se sabe que eso no pasa. Son los dueños de los bancos y no “el mercado”, quienes se ponen de acuerdo todas las mañanas sobre el precio que debe tener.

Lo que estos casos demuestran es que la discusión sobre la existencia o no de los controles de precios no tiene sentido. No hay alternativa al control, es decir, no existe el “no control”. En la práctica, los controles de precio siempre existen: en aquellos lugares en que no los controla el Estado junto a la ciudadanía organizada, los controlan los comerciantes y particularmente los más especuladores. El tema es que en este último caso se le llama eufemísticamente a dicho control “economía de mercado”.

Igualmente sin sentido es el argumento de hay que eliminar un control de precios porque no cumple con su cometido, hace que suban más los precios, se cree un mercado negro, contrabando o fuga de divisas. Es tan absurdo como decir que hay que eliminar las cárceles porque existe impunidad. Si el control de precios no funciona bien, está mal diseñado, complementado, aplicado, etc., hay que mejorarlo pero no quitarlo, pues así no se soluciona el problema. Si el Estado no controla los precios los precios serán controlados por los productores y comercializadores tácita o concertadamente en perjuicio de los consumidores y de otros comerciantes más pequeños, menos concentrados, etc.

inflacion

Por lo demás, y ya en el caso venezolano específicamente, la historia sobre la efectividad de los controles de precio merece ser reescrita. Y es que contrario a lo que reza el lugar común, la historia demuestra que en materia de precios nos va mejor con controles que si ellos. En la gráfica anexa puede verse. La línea punteada roja divide al chavismo en el poder de los últimos años de la Cuarta República. La flecha roja descendente señala la tendencia histórica a la baja de la inflación durante el chavismo con respecto al período anterior, el más inflacionario de la historia venezolana. Las partes sombreadas corresponden a los períodos de levantamiento de los controles de precio y cambio contenidos como parte de las medidas de “equilibrio” macroeconómico de los respectivos planes de ajuste “acordados” con el FMI: el Gran Viraje en 1989 y La Agenda Venezuela en 1996.

Como es meridianamente claro, la inflación durante estas épocas no solo no fue controlada sino que escaló a sus picos históricos. CAP en su segundo mandato, siguiendo los consejos de sus “expertos” (Hausmann y compañía), decretó la muerte de los controles de precios y cambio. Resultado: una inflación de 81% el primer año de aplicación de la medida, una explosión social con miles de muertos y desaparecidos y un 80% de pobreza. Más tarde le tocó el turno a Rafael Caldera. Resultado: 103,2% de inflación en el primer año de aplicación de la medida (1996). Luego en efecto” bajaría” por el “éxito” de la política aplicada: y es que tras tres años de congelamiento salarial y liberalización de precios, la mayoría de la gente simplemente dejó de consumir y comprar hasta los más elementales bienes. De tan altos, la gente no pudo con los precios y entonces estos detuvieron su crecimiento.

El actual control de precios surgió como respuestas del presidente Chávez ante la especulación que los sectores económicos nacionales y transnacionales. Es lo mismo que pasó con el control de cambios que, como el de precios, arrancó en 2003 para luchar contra la fuga de capitales. Así las cosas, la historia verdadera es al revés de cómo no las cuentan los “expertos”: no es el control de precios causa de la inflación y el desabastecimiento sino consecuencias de estos, el control de precios es una respuesta a la inflación especulativa y al acaparamiento. Y decimos “una respuesta” porque no ha sido la única sino que ha estado acompañada de otras como la defensa y promoción del trabajo digno y formal, del salario justo, de la producción, la democratización de la propiedad, etc. Y diga lo que se diga, fue y ha sido una política exitosa cuando se considera todo lo avanzado en materia económica en estos años: desde la disminución de la pobreza, la desnutrición y el desempleo, hasta el aumento del ingreso familiar, el poder adquisitivo, el disfrute de los derechos socio económicos y de la propia inflación.

Y es que en efecto, la inflación durante el chavismo medida por promedio anual, ha sido la mitad de lo que fue durante la época en que se aplicaron las medidas que en la actualidad nos dicen los “expertos” debemos tomar para controlarla. Incluso el último año -2014- el más alto durante la década chavista, está aún lejos de los valores a que se disparó tras la aplicación de “saneamiento antiinflacionario”. Por otra parte, también queda claro que los brotes inflacionarios durante el chavismo responden más a factores externos antes que a su política económica, siendo el sabotaje oposicionista y la voracidad especulativa de los sectores económicos los principales responsables.

La excepción de los dos últimos años lejos de desmentir esta hipótesis la reafirma: en momentos en los que se han reforzado los controles y fiscalizado su acatamiento, la tendencia alcista de los precios se detiene y revierte. Y en momentos en que se relajan, estos escalan. Entre octubre de 2013 y diciembre del mismo año, los meses de la primera Ofensiva Económica del gobierno, los precios no solo detuvieron su tendencia alcista sino que la inflación retrocedió de 5,1 a 2,2. Y lo mismo pasó a fines de 2014.

Así las cosas, en conclusión, dada la evidencia empírica, no solo no es verdad que los controles causan inflación, sino que es justo lo contrario: la inflación ha bajado y ha sido como tendencia más baja cuando hay controles de precio y cambio. Y a su vez, se ha disparado y sido más alta cuando se levantan. Por otra parte, la receta ortodoxa que ha resultado ineficaz para controlar la inflación en el mediano y largo plazo, solo puede hacerlo en el inmediato a costo de deprimir el poder adquisitivo de la población y generalizar la pobreza. Por el contrario, la política económica del chavismo, que ha sido más efectiva para controlarla y reducirla, lo ha hecho democratizando el consumo, aumentando el poder adquisitivo, reduciendo la pobreza y con mayor expansión económica. Toda política de precios actual no puede despegarse de este libreto pues ni funcionará y más bien nos retrotraerá a épocas ya superadas.

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