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Fuertes contrastes en el panorama alimentario global

Por Betty Hernández Quintana*

La Habana(PL)El panorama alimentario global está marcado por severos contrastes en las estadísticas, pues, aunque el precio de los productos baje cada mes, las cifras de hambrientos permanecen casi constantes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce la necesidad de acabar con esta dicotomía, y también de frenar el desperdicio global de comida.

Los informes periódicos de ese organismo constataron que, de  manera general, los precios de los alimentos se mantuvieron a la baja desde el pasado enero, a excepción de un leve repunte en octubre, debido a las afectaciones meteorológicas en los principales países exportadores.

Según las estadísticas, desde inicios de 2015 hasta noviembre  el promedio de venta de los productos alimenticios básicos bajó de 178,9 puntos a 156,7.

Este índice de precios de la FAO se basa en un seguimiento del costo de los cinco alimentos básicos en el mercado internacional: cereales, carne, productos lácteos, aceites vegetales y azúcar.

El único mes del año en que se anotó un repunte en la comercialización de comestibles fue en octubre, en el cual la media subió de 155,3 a 162 puntos.

Según la FAO, el alza se debió a la preocupación por el suministro de azúcar y aceite de palma, y afectó también los precios de los cereales.

Expertos confirmaron que  esa repentina recuperación se debió a los temores en torno a las afectaciones meteorológicas relacionadas con el fenómeno ambiental llamado El Niño.

Según meteorólogos, este obedece a un ciclo natural cuya repetición varía entre períodos de dos y siete años, aunque los sucesos de intensidad extrema ocurrirán con mayor frecuencia a medida que aumentan las temperaturas.

Recientes investigaciones indican que el cambio climático podría duplicar el número de El Niño a extremos después de 2050.

Sobre el tema, la FAO reconoció que estos eventos ambientales podrán influir de manera negativa en la producción de cereales en zonas de África, Asia y Oceanía, así como en varios países de Centroamérica y el Caribe.

Sin embargo, hasta el momento El Niño no ha invertido la tendencia bajista en la comercialización de productos alimentarios internacionalmente.

La agencia de Naciones Unidas, en su último análisis semestral sobre el mercado de los alimentos, reconoció que se percibe estancamiento en la actividad, pues los precios internacionales de la mayoría de los alimentos están muy por debajo de los niveles records alcanzados en años anteriores y siguen bajando.

El descenso de los volúmenes del comercio y la mayor debilidad de los precios pueden dar lugar a una reducción interanual sin precedentes de la factura mundial de importaciones de alimentos en 2015, alertó la entidad.

De manera general, todos los grupos de alimentos continuaron perdiendo valor este año, excepto el azúcar, que registró en noviembre un promedio de 206,5 puntos, el máximo nivel alcanzado desde febrero de 2015.

Este incremento obedeció a la preocupación constante respecto a la demora en las cosechas por las excesivas precipitaciones registradas en las regiones productoras del centro-sur del Brasil, según reportes de la FAO.

Además, las noticias de daños provocados por condiciones meteorológicas adversas en otros de los principales países productores (la India, Sudáfrica, Tailandia y Viet Nam) siguieron respaldando al mercado, continúa dicha fuente.

MUCHA COMIDA, MUCHAS SOBRAS

Este año la FAO prevé una ligera disminución en la producción global de alimentos en relación con las cifras récords anotadas en 2014 en grupos como los cereales.

Para este tipo de comida, la organización espera que se alcancen los dos mil 530 millones de toneladas,  alrededor de 1,1 por ciento inferior  a los niveles récord del lustro anterior.

También prevé que la producción mundial de carne aumente moderadamente y se sitúe en 318,8 millones de toneladas,  3,5 millones más que el año pasado.

Los pronósticos vaticinan, además, que a nivel internacional  la  industria lechera crecerá en el 1,5 por ciento y facturará 801 millones de toneladas.

Sin embargo, la FAO espera que el comercio mundial de lácteos baje en el 1,7 por ciento a 71,3 millones de toneladas equivalente en leche, debido al debilitamiento de la demanda.

Por último, la producción pesquera total aumentará en el 2,6 por ciento a 168,6 millones de toneladas en 2015, estimulada por una expansión del cinco por ciento de la acuicultura a 78,0 millones de toneladas, y del 0,7 por ciento en la de peces silvestres, que alcanzará los 90,6 millones de toneladas, reportó la entidad.

Con esta superproducción de alimentos resulta casi insólito que en todo el planeta 795 millones de personas no tengan qué comer.

Peor aún resulta que, con esa altísima cifra de hambrientos, hasta un tercio de todos los productos  se estropee o se desperdicie antes de ser consumido por las personas, según datos de Naciones Unidas.

“El hambre sigue siendo uno de los desafíos más urgentes del desarrollo, pero el mundo produce alimentos más que suficientes. Recuperar tan sólo la mitad de lo que se desperdicia podría bastar para alimentar al planeta”,  insiste el organismo internacional.

Esta situación representa una pérdida de mano de obra, agua, energía, tierra y otros insumos utilizados para la obtención de esos productos, ponderó la entidad.

Puede ser accidental o intencional, pero en última instancia ese problema conduce a una menor disponibilidad de comida para todos, sentenció.

Datos oficiales constatan que las pérdidas por este motivo equivalen  a cerca de mil 300 millones de toneladas al año.

Dicho monto incluye el 30 por ciento de los cereales, entre el 40 y el 50 por ciento de las raíces, frutas, hortalizas y semillas oleaginosas; el 20 de la carne y los productos lácteos y el 35  de los pescados.     La FAO calcula que serían suficientes para alimentar a dos mil millones de personas.

Según la agencia, América Latina y el Caribe representa el seis por ciento de las pérdidas mundiales de estos productos; pues anualmente la región pierde o desperdicia alrededor del 15 por ciento de sus alimentos disponibles, a pesar de que 47 millones de sus habitantes aún viven día a día con hambre.

Estudios de la entidad constatan que con los desperdicios regionales sólo en el sector de venta al detalle, se podría alimentar a más de 30 millones de personas, es decir, al 64 por ciento de quienes sufren hambre en Latinoamérica.

Lo anterior representa sólo una fracción de las pérdidas totales, ya que esto ocurre  en todos los eslabones de la cadena alimentaria: el 28 por ciento a nivel del consumidor, otro 28 por ciento en la producción, el 17 en mercado y distribución,  el 22 durante el manejo y almacenamiento y el seis por ciento restante en el procesamiento.

La FAO señala que esta región es capaz de alimentar a sus ciudadanos y denuncia que la enorme cantidad de productos perfectamente sanos y nutritivos que se pierden o acaban en la basura es inaceptable mientras que el hambre afecta a casi el ocho por ciento de la población del área.

La comunidad internacional se comprometió este año a erradicar el hambre, y sin lugar a dudas, eliminar el desperdicio de comida es un paso fundamental para lograr ese objetivo.

Para los gobiernos de todo el mundo es imperativo adoptar medidas que eliminen los severos contrastes del panorama alimentario mundial.

 

* Periodista de la Redacción de Economía de Prensa Latina.

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