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FIDEL SIEMPRE

Freddy J. Melo

Absuelto por la historia y acunado en su memoria para siempre, acaba de cambiar de residencia Fidel Castro Ruz, reconocido como el último gigante, quien, rebosante de espíritu martiano y bolivariano amasado con la impronta de Carlos Marx y sus discípulos, auscultó las fuerzas subyacentes de la revolución y las puso en movimiento.

    El pueblo cubano, que ama a Fidel con probada y siempre renovada devoción, y seguro de su condición de sujeto soberano de su proceso revolucionario, se acongoja, por supuesto, con el cambio ocurrido, pero está preparado para empinarse sobre el dolor y seguir adelante, y lo hará sin falta, pues no aceptará que nadie le arrebate el bien ganado protagonismo con que acompañó a su líder ni le desbarate lo que ha construido con supremos esfuerzos, enfrentando a un enemigo prepotente, despiadado y artero.

  Como en prueba de valores vemos esa actitud humana y viril contrastando con la euforia grotesca de quienes en Miami, aunque yanquizados hasta los tuétanos, remueven como un resto de ilusión la vuelta a una Cuba cipayizada y neocolonia.

      Lo construido bajo fuego enemigo se expresa en contundentes índices medibles en educación, salud, empleo, seguridad social, alimentación, vivienda, ciencia básica y aplicada, arte, deporte, recreación y otros, y en los inmedibles de dignidad a toda prueba, conciencia política de la población, alcance teórico y político de su ejemplo, proyección solidaria, cultivo de la justicia y despliegue de esperanza y alegría.

  Esta hazaña del pueblo cubano deriva de sus grandes cualidades, su capacidad de lucha, organización, patriotismo e interiorización de la memoria de Martí, Gómez, Maceo, Céspedes, Mella y los otros próceres de quienes se enorgullece; pero el catalizador de todo eso, el que recuperó al Apóstol como guía inmortal y sobre su huella trazó los caminos de la liberación nacional y social y asumió la carga mayor de los combates, ha sido, como todo el mundo sabe, el legendario Fidel Castro Ruz, del  cual es imposible trazar una semblanza en pocas líneas. Hoy, cuando él ha entrado en la dimensión de la eternidad, intentaré sintetizar algunos rasgos de su prodigiosa residencia terrestre (válgame el préstamo nerudiano).

Fidel y la revolución se encontraron, según su propio testimonio –y porque ya su sensibilidad venía tocada por el dolor de su pueblo– en los rebeldes pasillos de la Universidad de La Habana. Comenzó el estudiante de Derecho su denuncia de la farsa democrática en que se debatía la seudorrepública, cuya vida política, económica, social y cultural estaba férreamente mediatizada por la hegemonía imperial del Norte, y tocó al novel abogado enfrentar la dictadura con que a partir del 10 de marzo de 1952 el imperialismo, por la vía del antiguo sargentón Fulgencio Batista, trató de conjurar la crisis general que sacudía a la Isla. Los viejos políticos, exceptuando a los comunistas y otros sectores y personalidades martianos, jugaban, tanto en la “democracia” como en la dictadura, al enriquecimiento propio y la conservación del inmoral orden existente.

Cerrados los caminos pacíficos, Fidel, con sus compañeros más cercanos, advirtió que sólo les quedaba la vía de la lucha armada ligada a la acción de masas. El Moncada (26/7/53), la prisión y La historia me absolverá; excarcelación (15/5/55) y Movimiento 26 de Julio; exilio en México (7/6/55) y el Ché Guevara; el “Gramma” (2/12/56) y la gesta guerrillera de la Sierra Maestra; fuga de Batista y conato de golpe de Estado (31/12/58), denuncia y llamado a la huelga general, derrumbe del poder oligárquico-imperialista y triunfo del Ejército Rebelde (1/1/59); entrada triunfal en La Habana (8/1/59), reformas agraria y urbana e intentos desviacionistas (Cardona y Urrutia); arremetida imperial, reducción de la cuota azucarera, voladura de “La Coubre” (julio del 60); bombardeo de La Habana (15/4/61), proclamación del carácter socialista de la Revolución (16/4/61), Playa Girón (17-19/4/61); formación del PCC y más de medio siglo de resistencia, creación, solidaridad y gloria.

    Para realizar tales hazañas Fidel reveló, además de excepcional talento, dotes inmensas de persistencia y capacidad de superar las dificultades y sobreponerse a la adversidad: es la marca de los grandes. Por eso fue el mayor líder latinoamericano del siglo XX y uno de los colosos revolucionarios de la historia. Y entró en los albores del milenio como el más sabio estadista viviente.

¡Gloria eterna al Comandante en Jefe de la Revolución Nuestramericana!

 

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