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Esta guerra se combate sin balas

Por Modaira Rubio/ Cuatro F /

En su último programa del año pasado, el abogado y periodista José Vicente Rangel, denunció la existencia de un gran centro de desinformación mundial vinculado al Departamento de Defensa de EE.UU, actuando en contra de la Revolución Bolivariana.

Rangel lo explicó entonces magistralmente, existen empresas de comunicación privadas que reciben financiamiento para generar operaciones de desinformación con fines desestabilizadores. De este modo, la contrarrevolución impuso la idea del “cambio” dentro del esquema del golpe parlamentario: emocionalmente se manipuló a la población descontenta para hacerle creer que las elecciones del 6 de diciembre eran una suerte de referéndum revocatorio. También impulsan la fórmula de una aventura golpista que reedite otro 11 de abril.

Para ello, advirtió Rangel en su momento, el Pentágono cuenta con un presupuesto de más de 160 millones de dólares para “propaganda y guerra sucia”.

También ha empezado a buscar actores que lleven a cabo esa tarea. Es así como un especialista en el área, el Vicealmirante Kurt W. Tidd, fue designado nuevo Jefe del Comando Sur de EE.UU. Un “cuadro” de confianza de John Kerry y un especialista en el llamado “Poder Inteligente”.

El Poder Inteligente combina la diplomacia con la labor militar. Después de los atentados del 11 de septiembre, la estrategia de defensa estadounidense dio gran prioridad a esta área que resulta vital en estos momentos para un gobierno como el de Barack Obama, involucrado directa o indirectamente en más de 200 conflictos bélicos en todo el mundo.

El Poder Inteligente persigue alianzas tácticas con instituciones, construcción de relaciones con minorías, comunidades extranjeras, sectores juveniles, intelectuales y periodistas, bajo la excusa de promover “la integración económica, el intercambio tecnológico y el desarrollo global”.

Su propósito es que las masas se muevan por motivaciones menos complejas como la esperanza, la fe, el sueño de un futuro mejor, las soluciones facilistas, antes que por valores como la ética, el amor por la Patria, la solidaridad, el trabajo, la justicia social.

En los últimos días, hemos podido ver el rostro del fascismo en la nueva directiva contrarrevolucionaria de la Asamblea Nacional. El irrespeto, la destrucción de las imágenes y cuadros del Padre Libertador Simón Bolívar y del Comandante Eterno Hugo Chávez, así como de nuestros símbolos patrios, el escudo y la bandera de 8 estrellas, son una agresión simbólica.

Quieren enviar un mensaje: el chavismo se acabó y a su vez, amedrentar al pueblo. Cuando alguien es capaz de profanar los símbolos patrios, es capaz de todo. También buscan provocar al pueblo, ya que estas acciones fueron rechazadas por personas que incluso votaron por la opción contrarrevolucionaria, pero no está de acuerdo con el irrespeto a la identidad nacional.

La contrarrevolución quiere ahora hacer creer que el gobierno bolivariano busca una confrontación de poderes y trata de obstaculizar todo lo que ellos quieren hacer para lograr el cambio, colocando al país en una fuerte tensión política.

Ellos desacatan al Tribunal Supremo, ultrajan a la Patria, pero responsabilizan de la tensión al gobierno revolucionario, en una clara técnica de propaganda fascista: culpar al enemigo de tus propias fallas.

En el plano real, no solo el gobierno bolivariano, la Revolución como un cuerpo todo, deben hacer los mayores esfuerzos por buscar soluciones a corto y mediano plazo ante la emergencia ocasionada por la guerra económica. La población debe sentir que se está actuando acertada y oportunamente. Pero esa tarea debe ir acompañada de una gran cruzada nacional por la Patria, que reviva los valores de la solidaridad, el humanismo, el trabajo honesto, el amor al prójimo, junto al reimpulso del bolivarianismo y el chavismo.

El imperio más poderoso del mundo, enfila sus “tanques pensantes” para destruir nuestra esencia misma como pueblo, nuestra venezolanidad. Es una guerra tecnológica, psicológica, financiera, económica. Aquí no se han lanzado los misiles, pero estamos en riesgo permanente.

Más allá de los medios de comunicación convencionales, de la elaboración de una política de información y comunicación acertada para divulgar las acciones de la gestión política y de gobierno, la Revolución Bolivariana -y en esa tarea deben participar el PSUV, el Gran Polo Patriótico, los movimientos y frentes sociales- debe consolidar mecanismos de contrainteligencia popular para desmontar los discursos y los ataques simbólicos de la contrarrevolución. Es imperativo en este momento, o el enemigo tratará de dormir al pueblo para dominarlos por cinco siglos más.

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