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Entre Santos te veas

*Miguel Ugas

El pasado lunes 21 de septiembre se llevó a efecto, en la ciudad de Quito la tan esperada reunión entre los Presidentes Nicolás Maduro de Venezuela y Juan Manuel Santos de Colombia, con el propósito de dirimir la compleja y difícil situación fronteriza presente entre los dos países, bajo los auspicios de la UNASUR y de la CELAC, representadas ambas, respectivamente, por sus presidentes pro-tempore, Tabaré Vázquez, de Uruguay y Rafael Correa de Ecuador.

Una frontera de paz

Maduro y Santos, se hicieron acompañar de sendas calificadas delegaciones y luego de una tensa e intensa discusión, que se llevó más de 5 horas, arribaron a un Acuerdo de 7 puntos, ampliamente difundidos por la mediática nacional e internacional, que significó el establecimiento de un estatus quo que ha de conducir a la normalización progresiva de la relación fronteriza, a decir del Presidente Maduro, en un lapsus de entre 6 meses a un año, según lo vayan determinando el logro de metas, evaluadas mensualmente, que permitan la transformación de la frontera.

El gobierno venezolano ha manifestado su aspiración, que es la de la mayoría de nuestro pueblo, de concretar una nueva frontera de paz, en la que se garantice unas nuevas relaciones, una economía sana y libre de paramilitarismo

Entre Colombia y Venezuela, históricamente, se ha mantenido una estrecha inter relación humana, económica, social, cultural y de toda índole, en la que no estaba exento, por supuesto, el contrabando de productos diversos y otras manifestaciones delictuales a las que no escapan las relaciones fronterizas en ninguna región del mundo.

Pero a raíz del advenimiento del Comandante Chávez en el escenario político nacional (en los albores del presente siglo) con su Proyecto Bolivariano de transformación social y su ímpetu e impacto integracionista en la región latinoamericana y caribeña, no se hizo esperar la reacción de la derecha local venezolana y de la internacional, incluyendo, naturalmente, la colombiana santandereana, sempiternas usufructuadoras de las riquezas nacionales y explotadoras de los respectivos pueblos, en contubernio con el imperialismo estadounidense, erigido en guardián continental de sus intereses hegemónicos, prácticamente desde que nuestras naciones se constituyeran en repúblicas o “republiquetas” independientes.

Y esa reacción de la derecha de neto corte desestabilizador no se hizo esperar, a lo interno no han cejado en su empeño de derrocar a los gobiernos bolivarianos (Chávez y Maduro) apelando a los más diversos métodos y recursos, incluyendo la vía electoral; y en lo externo haciendo uso de todo el poderío político, diplomático, económico, financiero, mediático y de toda índole para perturbar, obstruir y destruir el Proyecto Bolivariano Venezolano; sólo que hasta la fecha, al cabo de 16 años, no han obtenido más que rotundos fracasos.

Estrategia de múltiples variables

Estando situada, principalmente, en términos prácticos, esa orquestación imperial y derechista internacional en la caliente frontera colombo-venezolana, desde la cual han venido montando todo un enmarañado tinglado que apunta a desarticular la economía nacional y a afectar el tejido social venezolano.

Desde y a través de la frontera han desatado una estrategia de múltiples variables, siendo una de ellas, la inducción del fenómeno del paramilitarismo con toda su carga de criminalidad y efecto perverso sobre la psiquis colectiva (haciendo la salvedad, que en Colombia, el paramilitarismo, fue tal su desarrollo que llegó a tener una expresión propia como actor político, mientras que el exportado a nuestro país no ha sido más que un instrumento del despropósito político y criminal de la derecha local e internacional para sembrar miedo y terror colectivo); por otra parte, la agresiva campaña en contra de la moneda y la economía nacional a través del malévolo dispositivo cambista, el contrabando de gasolina y de toda una diversidad de productos, que significa una incesante y creciente sangría a la producción, la distribución y a la economía venezolana, dentro del propósito de generar profundos y nefastos efectos sociales y políticos en el bravo pueblo bolivariano.

Todo ello acompañado de una implacable campaña comunicacional en la que se pretende hacer ver una supuesta culpabilidad del gobierno venezolano en el tratamiento de los derechos humanos a los nacionales colombianos que han sido deportados a consecuencia de las medidas del cierre de la frontera, tomadas por el gobierno nacional como acción defensiva para forzar a la contraparte colombiana a construir unas nuevas reglas de juego que hagan viable una nueva frontera, libre de los vicios ya señalados.

Santos varones

Campaña comunicacional en la que tienen un destacado papel tres derechistas ex presidentes colombianos (Gaviria, Pastrana y Uribe Vélez), además de otros, también, de corte derechista, de otros países, pero, igual de complacientes con los requerimientos imperiales. Estos ex presidentes colombianos ya se adelantaron a declarar su inconformidad con los resultados de la reunión de Quito porque en los Acuerdos que allí surgieron no se señala preocupación por la “crisis humanitaria y la violación de los derechos humanos de los ciudadanos repatriados”, cuando ciertamente es así, que no hay tal alusión a esos hechos, simplemente, porque no existieron.

Estos son tres “santos” varones de la derecha colombiana, en cuyos respectivos gobiernos hubo violación constante de los derechos humanos del hermano pueblo neogranadino, en los que se instauró y se propagó la terrible práctica de las fosas comunes, de los falsos positivos o crimines masivos de ciudadanos de a pie, absolutamente inocentes de los cargos que se le imputaban. Llama la atención que el Santos actual fue ministro durante esos desgobiernos, particularmente, en el de Uribe Vélez, en el que se “mamó” cuatro años en el significativo puesto de ministro de defensa, ni más ni menos; por eso Nicolás debe guiarse por lo que dice nuestro amigo llanero: a Dios rogando y con el mazo dando…

 

*miguelugas@gmail.com

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