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El partido… el partido, y el punto de no retorno

Por Carlos Machado Villanueva

27/08/2018

No tengo  la menor duda de que en las últimas elecciones en Venezuela  el factor decisivo  para el triunfo  de las fuerzas bolivarianas ha sido el voto del chavismo duro, en particular las presidenciales adelantadas del pasado 20 de mayo;  y menor duda tengo de que este destacamento de electores  “patria o muerte”  desaparecerá definitivamente  si no encuentran en lo adelante  razones de consciencia profunda  para la militancia partidista organizada.

El tempranamente desaparecido  presidente Hugo Chávez reflexionó en algún momento, de los tantos cruciales que ha vivido la revolución bolivariana, que si algo fue decisivo para que las ideas de Bolívar no  se mantuvieran vivas,  ello fue que  después de s muerte no hubo un partido unido que retomara sus banderas y las enarbolara y defendiera para siempre.

Fue la experiencia de los analistas de la CIA y de los laboratorios de guerra no convencional –de más de 70 años  desestabilizando gobiernos populares-, en relación a cuánto puede dificultar la poderosa fuerza movilizadora  de las ideas de un verdadero líder de masas,  su misión de acabar con todo proyecto antiimperialista,  que una vez asesinaron a Chávez se montaron inmediatamente en la tarea de desmoralizar a las y los seguidores de su proyecto político socialista.

El líder bolivariano,  consciente del peligro  que encerraba para la continuidad de la revolución bolivariana no contar con un verdadero partido revolucionario -que no es otra cosa que un partido bien organizado-, insistía cada vez que podía  sobre la necesidad de trabajar en esa dirección.

Hoy y en el marco del cuarto congreso del Psuv,  el presidente Nicolás Maduro  vuelve sobre estos mismos pasos. Si lo hace es porque ha sentido  en carne propia al igual que Chávez  lo necesario que es  un partido acerado en el combate organizado contra la oligarquía parasitaria que opera en Venezuela desde hace 200 años y hoy  bajo las órdenes sus amos del Norte.

No ha sido tarea fácil en este último lustro de intensificación de la  guerra económica  -ya ésta venía operando con Chávez en vida- , en el que ha correspondido al joven presidente bolivariano capitanear la nave de la patria en una grave coyuntura de derrumbe de los ingresos petroleros, y más difícil aún ha sido no contar de modo certero con un partido de cuadros con elevado liderazgo y prestigio en el seno del pueblo, consustanciado con sus dolores y esperanzas de un mañana mejor para los suyos.

Es hasta a tal punto cierta esta apreciación  que su Gobierno y la dirección política colectiva que le acompaña debió echar mano a iniciativas de emergencia y hasta cierto punto audaces para reconquistar ese liderazgo fuertemente golpeado por la campaña de desmoralización que siguió a la muerte del máximo líder histórico.

Pudiésemos citar entre estas los comité locales de abastecimiento y producción (Clap),  de donde se espera nutrir las filas de cuadros combativos de un  Psuv que necesita, urgentemente, reconquistar el entusiasmo del pueblo sobre su condición de partido verdaderamente revolucionario y que lo acompaña en sus luchas diarias por sus derechos históricos de clase mayoritaria, llámense trabajadores, campesino, y pequeño y medianos productores el campo y de la ciudad.

No obstante, no son pocos  los ejemplos de supuestos cuadros del Psuv que hoy aún  actúan a contra vía de esta idea fuerza  revolucionaria,  y por el contrario lo que hacen es ganarse el desprecio de las masas y provocar que el Psuv se lo gane también, actuando así como  agentes “mata votos” como lo definió el intelectual Luis Britto García.

Un muestra de ello es lo que sucede,  por ejemplo,  en un municipio de los Valles del Tuy en el estado Miranda en el que un supuesto “cuadro revolucionario”, nombrado a dedo  por el alcalde de turno, que a su vez es jefe del partido –¿hasta cuándo esta peligros distorsión?-,  suelta cada vez que puede “prendas” como que,  “ Yo no voy a entregarles cajas de Clap a este poco de escuálidos…”, al referirse a los habitantes de un urbanismo clase media de esta localidad, sin entender que este segmento social es golpeados como todos los venezolanos por la guerra económica.

Que un cuadro político del Psuv no entienda a 20 años de la revolución bolivariana lo estratégico para su supervivencia y continuidad  lo que significa arrebatarle a la canalla apátrida el control sociopolítico y psicológico-propagandístico que ha ejercido y aún ejerce fuertemente sobre este segmento social, es muy grave.

Ni qué decir del sectarismo en el seno del Psuv, que llega incluso  al extremo de impedir y hasta satanizar a un cuadro revolucionario que aun  viniendo de otras organizaciones revolucionarias y bolivarianas, o de un movimiento social progresista, es satanizado y se le trata de aislar por cualquier vía una vez comprobada  su eficiencia en el trabajo de masas, cuando por el contrario el “deber ser” es acompañarlo y sumarse en unidad para obtener los resultados políticos a favor de la revolución  anhelados, siendo el más importante de todos el de alcanzar el punto de no retorno.  ¿Seguirá siendo esta nuestra tragedia…?

 

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