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El paquete-shock opositor

Pedro Gerardo Nieves

La vaina no es paja, gallo. Viene un mamarrúo y tenebroso paquete escondido en las enaguas de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). El plan es lógico, habida cuenta del asedio económico con que pretenden cargarnos arriaos a los venezolanos. Los personajes han aparecido y, que quede claro como denuncia, van en serio y no andan jugando carrito.

Es tan serio el asunto que la sombrilla articuladora de dicho golpe contra la Patria, el Estado y la población venezolana es nada más y nada menos que el tenebroso Fondo Monetario Internacional (FMI).

La venganza de los zombies

Una de las principales viudas del paquete que pretendió imponer el fallecido Carlos Andrés Pérez durante su turbulento mandato, Ricardo Hausmann, se yergue del cementerio político y sale de las cómodas aulas de las universidades gringas para tramar con el Riky Ricón venezolano, Lorenzo Mendoza, cómo obtener una “ayuda sustancial” del FMI para reconstruir al país (por supuesto de la devastación que ellos mismos causarían) mientras aprovechan el viaje para ganarse una comisión por traicionar a su Patria.

Como diría cualquier edulcorado yúnior: resulta y acontece que los traviesos hombres de saqueo, que digo, de finanzas, fueron grabados y toda Venezuela, incluyendo tirios y troyanos, escuchó atónita la vulgar y oprobiosa negociación.

Pero lo bueno de todo esto es lo malo que se está poniendo.

Los dos cacos, mutua y recíprocamente, poniendo la más hermosa y lisa cara de tabla no lo negaron, ni mucho menos. Al contrario, con la cara más dura que pueda documentar la historia del saqueo patrio, dijeron que sí, que ellos estaban intercambiando opiniones sobre economía y que la conversación era un asunto privado entre dos preocupados venezolanos.

Pero eso no es todo, diría un infomercial. A Ricardo Hausmann poco le faltó para gritar como un pran “empistolao” y rodeado de su carro: “¿Cuál é y cuántos son caallero?”.

Sin ningún miedo de hacerse en las elásticas, Ricardo Hausmann, mondo y lirondo, declaró con posterioridad a un periodista colombiano (¡qué casualidad!) que, efectivamente, se está preparando para negociar con el Fondo Monetario Internacional y que tiene “amplísimas” relaciones con los agiotistas internacionales desde hace 32 años. No dice, pero lo inteligimos por la grabación previa, que aprovechó la conversa para preguntarle a los catires como mansa paloma: “¿Cuánto hay paéso y cómo quedo yo ahí?”.

Además, se fue de yoyo y tiró pa´la calle a Obama y Hollande echando la grama respectiva al decir que ellos: “Me habían dicho “con este gobierno no podemos trabajar porque ellos no reciben una comisión del Fondo desde el año 2004”. Han estado en violación del artículo 4 que obliga a los gobiernos a conversar con el FMI todos los años”.

¡Venezuela en violación del artículo 4 porque está obligada a conversar con el FMI todos los años! Daría risa tamaño acto de abyecta genuflexión, si no fuera porque el asunto principal es grave. Gravísimo.

El FMI es una plaga

El Fondo Monetario Internacional es uno de los aparatos de dominación financiera mundial más crueles y saqueadores de pueblos. Como entidad ejecutora de las políticas imperiales tiene como misión “poner orden” en las finanzas internacionales, es decir, perpetuar las relaciones de subordinación entre los países pobres o emergentes y las grandes potencias económicas que se saquean en el mundo sin mostrar ni una gotica de arrepentimiento. Y tiene como tarea prioritaria atender colonialmente el espinoso y vergonzoso tema del manejo de la deuda de los países desarrollados con el encargo de hacer más ricos a los buchones y más pobres a los flaquitos. ¿Qué eso cueste muertes, violencia, enfermedad y hambre? Daños colaterales, respondería cualquier general Kelly.

No abrumaremos a nuestras lectoras y lectores con el memorial de agravios, males, daños y desgracias que ha significado a la humanidad el terrible sometimiento a las recetas o paquetes del Fondo Monetario Internacional.

Sí podemos decirle en el más absoluto español que el préstamo de US$ 50 mil millones que ya “tramitan” Ricardo Hausmann, Lorenzo Mendoza, los dirigentes de la MUD, y el gremio de apátridas en general, significará para Venezuela, y para usted y para mí, la más espeluznante, agobiante y dolorosa tragedia que pueda sucederle a un país cualquiera. De hecho, el protocolo que suelen aplicar tiene un nombre que le pone los pelos de punta al más guapo: se denomina “Terapia de Shock”.

Shock pa´ ti, pa´ mí: pa´ todos

Se llama así, Terapia de Shock, porque aplica de inmediato medidas criminales contra el pueblo, en simultáneo con el saqueo acelerado de todas las riquezas de nuestro país. Si usted anda justificadamente disgustado por calarse una cola para adquirir alimentos baratos, apriétese los pantalones porque lo que vendría sería candanga con burrundanga, chimó y ají chirere.

Será tan devastadora la ruina general, que los malandros de Dolar Today parecerán frailes franciscanos y los bachaqueros especuladores seguramente morirán de mengua.

Cientos de miles de empleados públicos serían puestos de patitas en la calle; todo tipo de pensión para abuelas y abuelos, estudiantes, madres, personas con discapacidad, etcétera, serían eliminadas de un plumazo; los consejos comunales quedarían también borrados del mapa y los servicios públicos como el agua, la electricidad, la telefonía, el aseo urbano, y pare usted de contar, se entregarían a transnacionales que incrementarían groseramente su costo.

La clase media desaparecería y se abriría una gran brecha entre unos poquitos ricos y un catajarral de pobres hambrientos y enfermos.

Nuestras riquezas naturales, que hoy se convierten en beneficios para el pueblo, serían privatizadas, saqueadas y desguañangadas.

¿Misiones sociales? ¿viviendas? ¿Mercales y Pedevales? ¿salud para todos? ¿educación gratuita en todos los niveles con canaimitas y tablets? Bórrelo, olvídese de todos sus derechos y lleve rosca.

Hoy, lo comprueba la evidencia, se cocina un paquete económico por parte de la oposición venezolana, cuya primera estación son las elecciones a la Asamblea Nacional.

¿Quién se atreve a votar por quien lo va a llevar a la ruina?

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