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David Bowie durante su etapa de Ziggy Stardust. Foto: Brian Duffy

El hombre que se adelantó al mundo

David Bowie, leyenda de la música inglesa, murió el domingo a los 69 años, víctima de un cáncer contra el que luchó los últimos 18 meses de su vida

Michel Hernández | michel@granma.cu

13 ene.- El año 1969  vio nacer el mito. David Bowie, un joven de ojos hundidos y con una rara delgadez, tras probar suerte en varios grupos sin futuro, irrumpe en las ondas inglesas con una enigmática balada sobre un astronauta que se pierde en el espacio. El tema era Space Oddity y era, también, su boleto para cimentar los primeros pa­sos de una leyenda que lo convirtió, con el transcurso de los años, en uno de los principales iconos de la música y la cultura popular en el último medio siglo.

David Bowie, nacido como David Robert Jones en un barrio popular de Inglaterra en 1947,  murió  el domingo a los 69 años, víctima de un cáncer contra el que luchó los últimos 18 meses de su vida.  Su partida deja huérfana a las vanguardias  musicales de una de sus figuras más transgresoras, provocadoras y prolíficas, de un camaleónico cantante y compositor que extendió su vida hacia todos los límites posibles y se mantuvo en una constante revolución que duró hasta el pasado viernes cuando publicó el álbum 25 de su carrera, Blackstar, coincidiendo con su cumpleaños 69.

La historia recogería Space Oddity como la primera gran apuesta del británico para convertirse en leyenda, pero no todo estuvo sobre rieles desde que puso en libertad su primer hit. El músico, que flotaba a finales de los años 60 en un ambiente sumamente creativo, marcado por la psicodelia, el movimiento hippie y la incursión de los genios precursores de Los Beatles, Jimi Hendrix o Los Rolling Stones, debió arrojar toda la carne en el asador para no regresar con las manos vacías a casa. Tanto, que se transformó en el abanderado de su propia revolución musical, el glam rock, que hizo furor en las calles londinenses durante la década del 70 (un movimiento bien reflejado en el filme Velvet Goldmine y que influyó particularmente en el nacimiento de bandas como Queen y, sobre todo, en su vocalista Freddie Mercury).

El glam, con toda su carga explosiva de irreverencia estética, ambigüedad sexual y apoyado en canciones iconos como Life on Mars o Starman, del propio Bowie, provocó que la conservadora sociedad británica se llevara las manos  a la cabeza al observar cómo este músico, vestido con ropajes coloridos y alucinantes, cantaba libremente sobre la sexualidad en todas sus dimensiones, la vida en el espacio exterior, invasiones extraterrestres, alienígenas,  y sobre todas aquellas cosas que obligan a que uno les tape los oídos a sus hijos pequeños y los envíe a dormir.

Bowie descubrió que la senda hacia el éxito consistía en liberarse por completo de sí mismo y dar luz verde a todas las ideas que circulaban a velocidad de vértigo por los anchos pasillos de su cerebro, un cerebro, todo sea dicho, que no funcionaba  en la misma dirección que el del resto de los mortales. Es decir, Bowie siempre andaba un paso por delante de la época en que se movía, ya  fuera la década del 70, de los 80, de los 90 o de los 2000. Cinco discos, publicados desde 1969 a 1973, confirmaron que el mundo estaba entonces ante un músico único en su especie: Space Oddity (1969), The Man Who Sold the World (1970), Hunky Dory (1971), The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars’ (1972) y Aladdin Sane (1973). También estableció una química infranqueable con otro genio creativo, Brian Eno, con el que creó discos ya célebres co­mo He­roes, incluido en su famosa trilogía de Berlín, integrada ademas por Low y Lodger.

Bowie, ganador de varios Grammy,  se adentró en el cine, en el teatro, cambió la faz del pop (definiendo importantes pautas para artistas como Ma­donna), incursionó en la música electrónica, el new wave,  el jazz, entre otros muchos estilos, y continuó publicando discos que, aunque en alguna ocasión no estuvieran a la altura de los anteriores,  perfilaban definitivamente nuevos rumbos en  la escena musical.

El creador de Ziggy Stardust, andrógino personaje con que David Bowie  mostró su rostro más catártico, irreverente y atronador y que pasó a ser un símbolo estético del underground de la década de los 70, no perdió su innnata inteligencia para las innovaciones musicales a pesar de sus largos problemas de salud (había sufrido un ataque al corazón hace algunos años y su último concierto fue en el  2006 en Nueva York). Desde principios de siglo vol­­vió a sorprender con discos como Reality (2003) y The Next Day (2013), que mantuvieron su habitual capacidad para mutar, experimentar y poner en pie obras que, como siempre en su carrera, apuntaban hacia una época que todavía hoy no existe.

 

Tomado de: http://www.granma.cu/cultura/2016-01-11/el-hombre-que-se-adelanto-al-mundo-11-01-2016-22-01-14

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