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El curioso héroe rico de los blancos pobres de EE.UU

Verónica Díaz Hung

Aunque Hillary Clinton era la candidata del gran poder transnacional, que impulsaba la globalización y el libre mercado, no logró vencer al excéntrico multimillonario, Donald Trump, que sin grandes antecedentes políticos, logró convertirse en presidente electo de los Estados Unidos el pasado 8 de noviembre, cuya victoria ha sacudido el “establishment” del planeta ante la posibilidad de que sus polémicas promesas electorales se materialicen.

Patrick Leet, internacionalista y profesor universitario, en su análisis de cómo Trump derrotó a Hillary Clinton y a los poderosos conglomerados mediáticos, considera que la larga y conocida carrera política de la candidata de los demócratas se transformó en su debilidad, porque fue percibida como parte de la élite corporativa de Washington y una continuación de lo mismo, cuando el candidato del “cambio” atacaba al “establishment” y prometía “Make America Great Again” (Hacer América grande de nuevo), reforzando con su eslogan de campaña los valores del nacionalismo blanco.

El internacionalista explica que después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se dedicó a levantar una arquitectura internacional, construyendo un imperio “hacía afuera”. La ONU, la OEA, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC), nacen en ese período, bajo la premisa de convertir la “Doctrina Monroe” como su estrategia internacional. Igualmente se expandieron las bases militares, obedeciendo a una política coherente imperial, que durante todos estos años no se ha modificado entre los gobiernos republicanos y demócratas. A la vez, en el mismo periodo, nace el neoliberalismo y mientras que “hacia adentro” el EE.UU fue desatendido.

Hillary Clinton es una leal reproductora, tanto de la lógica, la filosofía, como de la práctica de esta doctrina expansionista y neoliberal, incluso resultó ser más conservadora que el propio Barack Obama.

Trump, en cambio, durante su candidatura le habló a los sectores abandonados por el éxodo masivo de las corporaciones multinacionales que desde los años 70 instalaron sus procesos productivos en otros países, primero en México y en América Central, luego en Asia.

Ronald Reagan jugó un importante papel en la destrucción de los sindicatos, lo que debilitó la resistencia posterior a los ataques del neoliberalismo.

Patrick Leet se pregunta “¿hoy qué se produce en los Estados Unidos?…” y se responde, “muy poco”.

Por esa razón hay millones de personas sin trabajo o subempleadas que se sienten totalmente abandonadas por los demócratas y los republicanos.

“Trump hizo una maniobra discursiva y los colocó como élites”, analiza.

El candidato republicano, con su discurso de ultraderecha, acusó a los inmigrantes de robarle sus trabajos a esa clase blanca empobrecida por la lógica del neoliberalismo que defiende Hillary Clinton.

“Ese discurso le funcionó y logró captar y enamorar a millones de personas abandonadas por las políticas del neoliberalismo y el expansionismo imperial que poco se ocupa de la clase obrera norteamericana, porque Trump logró despertar sentimientos latentes”.

Sucedió entonces que grandes masas de la población blanca no urbana salieron a votar por el polémico candidato, singularmente satanizado por los grandes medios corporativos.

Patrick explica que en los tiempos de crisis la balanza se puede inclinar hacia la izquierda o la derecha. Por su parte, el senador demócrata por Vermont, Bernie Sanders, había ganado bastante popularidad con un discurso más afín a los sectores progresistas.

“Culpaba a las multinacionales, a la Bolsa de Valores, a la élite de Washington y no a los inmigrantes, ni a los musulmanes, negros o a los sectores de la izquierda”.

Pero fue derrotado en las primarias del Partido Demócrata, que apostó por Hillary Clinton. Entonces la balanza se inclinó irremediablemente hacia la opción de ultraderecha del candidato republicano, que también hablaba de “cambio” a su manera.

Un pueblo abandonado

Trump perdió el voto popular con casi 2 millones de votos menos, pero igual ganó según las reglas arcaicas de las elecciones presidenciales en los EE.UU., donde el voto para la presidencia no es directo: son los 538 miembros del colegio electoral, seleccionados en cada estado, quienes votan directamente por el presidente. Con un alto nivel de abstención, el candidato republicano obtuvo solo el 26,2% de los votos de la población votante.

Trump ganó el poder ejecutivo y en estas elecciones los republicanos obtuvieron también el senado y la Casa de Representantes, mientras que la Corte Suprema está conformada por magistrados vitalicios nombrados por el presidente y recientemente acaba de fallecer el magistrado Antonin Scalia, por lo que su sucesor será nombrado por el presidente entrante, lo que inclina la balanza a favor de Trump.

Donald Trump prometió impuestos para los productos fabricados en China y en otros países asiáticos e invitó a las corporaciones a que devuelvan a los Estados Unidos sus procesos productivos y prometió trabajo a un pueblo golpeado por el neoliberalismo.

“Fue un discurso populista de derecha que gustó en los sectores desempleados”.

En los años 50 Detroit era próspera fabricando automóviles. En 1960 era la ciudad con mayor ingreso per cápita de Estados Unidos. Su gente podía tener casa, dos carros, la esposa no tenía que trabajar y hasta se podía ir una vez al año de vacaciones a Disney. Era un clásico ejemplo del codiciado “sueño americano”, ofreciendo condiciones de vida digna para millones de familias.

Pero la fuga de empresas al extranjero y la crisis financiera de Wall Street convirtieron a Detroit en una ciudad en bancarrota.

Detroit tiene actualmente 700.000 habitantes, con 60% de niños en la pobreza, 50% analfabetos funcionales, 18% de desempleo y 140 millas de casas y escuelas abandonadas.

“Trump apelando a los sentimientos más reaccionarios, más retrógradas, más racistas, xenofóbicos, logró capitalizar ese descontento”.

Esta vez la balanza se inclinó hacia la derecha, como también ha ocurrido en algunos países europeos en donde la derecha se ha fortalecido en respuesta a las desigualdades generadas por el neoliberalismo.

“Porque en esos países la izquierda no logra posicionarse, generar referencias orgánicas, ni movilizar a las masas”.

Trump representa los intereses de grandes sectores económicos, pero se trata de un grupo distinto al que ansiaba que Hillary Clinton ocupara la Casa Blanca. El republicano es uno de los hombres más ricos del mundo, incluso durante la campaña electoral prometió en varias ocasiones renunciar al salario de 400 mil dólares si llegaba a la Casa Blanca, lo que ratificó luego de ser electo.

Según la Comisión Federal Electoral, Trump en 2015 reportó ingresos por más de 557 millones de dólares. Mientras que una investigación de la revista Forbes sostiene que la riqueza total del magnate ronda los 3,7 billones de dólares, fortuna que amasó con programas de televisión, hoteles, casinos y negocios inmobiliarios.

“Es un héroe curioso de la clase obrera, siendo multimillonario”, acota Patrick Leet.

Proteccionismo

Lograda la independencia del Reino Unido de la Gran Bretaña, la nueva nación que surgió el 4 de julio de 1776 creció con medidas proteccionista a través de aranceles e impuestos a las importaciones que fomentaron el desarrollo de una burguesía norteamericana.

Patrick Leet explica que el modelo mutó y hoy las líneas que se envían a través de la OMC y del FMI, son exactamente antagónicas a aquel proteccionismo primigenio, porque el neoliberalismo abre las fronteras a la inversión extranjera.

“Yo leí hace años que el país que con más lealtad ha seguido los lineamientos del FMI y el Banco Mundial es Haití, y ¿dónde está Haití en este momento? ¿es un país altamente industrializado y desarrollado? no, todo lo contrario”.

Trump representa un regreso a la lógica proteccionista, lo que se opone al liberalismo fomentado por las grandes corporaciones.

“Si tu eres presidente de una corporación multinacional, el proteccionismo no te interesa, ya tienes 30 años produciendo en América Latina o en la China, y te sale mucho más barato, por lo que tus ganancias son mayores. O tienes maquilas en el norte de México, con leyes muy flexibles gracias al TLC, no te interesa regresar tus procesos productivos a los Estados Unidos”.

Explica que en el norte de México un trabajador gana 3 ó 5 dólares al día por 8 horas de trabajo, mientras que en Estados Unidos se pelea por subir el salario mínimo nacional a 15 dólares la hora, lo que lo ubicaría en 120 dólares diarios. Esta diferencia brutal, además de explicar el fenómeno del éxodo de las corporaciones de los EE.UU., también ayuda entender la inmigración, dada la desigualdad tan fuerte entre vecinos tan cercanos.

Cárceles y armas, los beneficiados

La noche que Trump ganó la Bolsa de Valores sufrió una abrupta caída, porque perdía la candidata del “establishment” neoliberal que había prometido favorecer a las grandes corporaciones multinacionales.

En cambio Trump representa el proteccionismo económico.

Pero al día siguiente se inició la recuperación del sector armamentístico, porque aunque el nuevo presidente se ha manifestado en contra de las aventuras bélicas en el extranjero, es defensor de la modernización y actualización del equipamiento de las Fuerzas Armadas de ese país.

Igualmente repuntaron espectacularmente las acciones de la industria de cárceles privatizadas, que se incrementaron en un sorprendente 40%.

Hay cerca de 11 millones de indocumentados en Estados Unidos. Es muy difícil suponer que toda esa cantidad de personas puedan ser deportadas. No obstante, propone deportar de 2 a 3 millones de inmigrantes “criminales” y se requieren cárceles para aquellos en espera de ser expulsados.

Se estima que el nuevo presidente de los Estados Unidos impulse leyes para aquellos deportados que regresen, a quienes se le aplicarían penas de hasta 2 a 5 años.

“Y si de un día para otro necesitas encarcelar a 3 millones de personas, indudablemente se genera un impacto que beneficia a las multinacionales de ese sector, porque habrá sustanciosos contratos, tanto para construir cárceles como para administrarlas, y es una forma, si quiere perversa, para generar trabajo”.

Geopolítica imperial

Patrick es de los que piensan que la llegada del nuevo inquilino a la Casa Blanca no implicará cambios radicales en la política exterior norteamericana, pero en la transición se generarán contradicciones interesantes.

En Siria, por ejemplo, la estrategia con Obama fue la incursión militar. Hillary estaba a favor de fortalecer la presencia militar, no solo en Siria, sino en todo el mundo, obedeciendo la lógica de la guerra fría.

Hasta ahora de Trump solo se conocen sus declaraciones, ya que no tiene los antecedentes políticos de su contrincante, pero se ha mostrado a favor de retirarse de la OTAN, del TLC con México y ha dicho “vamos a dejar que los rusos se encarguen de los terroristas en Siria”. Eso ha generado un escándalo en el “establishment” de Seguridad Nacional en los Estados Unidos, porque según la lógica de la guerra fría, Rusia sigue siendo un adversario importante, por lo que fue muy simbólico que una de las primeras llamadas del nuevo presidente fuera para Vladímir Putin. Trump propone, además, que los países con bases miliares norteamericanas comiencen a pagar por su mantenimiento.

“Eso es una concepción de imperio muy distinta”.

Pero Patrick se pregunta cuál es el poder real que tiene Trump ante las fuerzas a las que se está enfrentando. Esa respuesta definirá el futuro de la política imperial y expansionista de los Estados Unidos y una parte del mapa geopolítico del planeta.

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