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El carácter lumpenburgués de Empresas Polar

Para los que se rasgan las vestiduras por este oligopolio

Ingrid Sánchez Lugo

Sólo basta revisar por encimita la producción propagandística de Empresas Polar para darse cuenta de los cuantiosos esfuerzos narrativos y mediáticos que ha destinado dicha organización para convencernos de que verdaderamente existe una carga genética proveedora de infinita “genialidad”, “brillantez” e “inventiva” corriendo de generación en generación por la sangre de la familia Mendoza.

Por más que Empresas Polar busque desesperadamente posicionarse como la organización empresarial pionera en la “producción” de alimentos, dirigida ayer y hoy por “excelsas personalidades” del mundillo universitario caraqueño, la historia económica venezolana del siglo XX les arrebata las alas de cartón piedra y los sienta de nalgas como corresponde.

En ninguna publicidad de Empresas Polar se dice, por ejemplo, como Eugenio Mendoza consiguió ser el principal accionista venezolano de la transnacional gringa Cargill mediante la captación fraudulenta de la renta petrolera. Tampoco dicen que la monopólica infraestructura agroindustrial que exhiben en la actualidad (molinos, empaquetadoras, etc.), publicitada durante los años 60 y 70 como el logro empresarial más importante de la época, estuvo íntimamente relacionada al saqueo estructural de la renta petrolera, a la definitiva (y estilizada) dependencia tecnológica, a jugosos contratos de importación de materias primas e insumos y al abandono absoluto de la producción agrícola.

Mencionado proceso de neocolonización económica tuvo como principal figura al diplomático y lobbysta comercial Luis Alejandro Mendoza Fleury (pionero de Empresas Polar), quien entre los años 1942-1955 estaría relacionado en ciudades como Philadelphia y New York con emporios transnacionales (Cargill, General Mills, Standard Oil, etc.), diseñando y planificando como se entregaría sin chistar, durante la segunda mitad del siglo XX, la renta petrolera a cambio de chatarra agroindustrial, insumos tecnológicos y materia prima agrícola.

El operador interno de este pacto económico fue Eduardo Mendoza Goiticóa (hermano de Eugenio Mendoza), quien asumió la jefatura del Ministerio de Agricultura y del Ministerio de Fomento durante el gobierno de Rómulo Betancourt. Fueron desde esas posiciones de poder, y en nombre de la “industrialización venezolana”, que el constante (y casi absoluto) flujo de la renta petrolera fue a parar en Estados Unidos en pro de la consolidación de contratos de importación, concesiones financieras y atractivas exoneraciones fiscales que ya venía macerando Luis Alejandro Mendoza Fleury. Una familia comprometida con la entrega del país.

Un sembradío de chapas y botellas

Empresas Polar durante este proceso histórico se posicionó en el espectro económico venezolano como el principal cartel de importación, procesamiento, empaquetado y comercialización de agroconfeti extranjero. La actividad parasitaria de dicho emporio nunca planteó dentro de su diseño económico incentivar por cuenta propia la siembra nacional de maíz, girasol, arroz, tomate, entre otros rubros necesarios para que Empresas Polar se autoabastesca y siga manteniendo la vorágine constante en sus líneas de empaque.

Optaron por la solución más lucrativa: sacarle el máximo provecho a la renta petrolera en detrimento de la agroproducción

La decisión (estratégica) de Empresas Polar dirigida a no propiciar la producción nacional de rubros agrícolas indispensables fue vorazmente estimulada por el deseo infinito de conseguir ganancias superlativas con el menor esfuerzo posible. Esta es la “inventiva” y la “brillantez” a la cual se refieren.

Invertir capital en producción, en tecnología de punta y en la ampliación de las capacidades productivas del campo venezolano, incluso desde la lógica contaminante del monocultivo patentada por Monsanto, significaba para Empresas Polar perder tiempo, y el tiempo es dinero. Optaron por la solución más lucrativa: sacarle el máximo provecho a la renta petrolera, con el firme propósito de favorecer desmesuradamente la megaimportación de maíz, girasol, arroz, pasta de tomate, trigo, aceites vegetales, lomo de atún, estabilizantes, compuestos químicos, maquinarias, nuevas líneas de empaquetado y cualquier tuerquita, fusible o bombillito que necesite el castillo de naipes para verse reluciente.

La verdad duele tanto como las expropiaciones

En el año 2005 fueron expropiados en el estado Barinas los silos de Empresas Polar (bajo el nombre de Promabasa) por incurrir en prácticas de sabotaje y desestabilización económica.

Cinco años más tarde, en el estado Lara se expropiaron 21 hectáreas de terreno propiedad de Empresas Polar. En dicho espacio se encontraban enormes depósitos y galpones en condición ociosa, donde aparcaban de vez en cuanto tres o cuatro gandolas haciendo el paro de que ahí entraba y salía infinidad de mercancías.

Si bien estas dos importantes expropiaciones favorecieron a que la Corporación de Abastecimiento y Servicios Agrícolas (Casa), adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Alimentación, colocase bajo absoluta rectoría pública la administración de los silos más importantes del país, el dato que está de fondo es mucho más doloroso para Empresas Polar: quedó en evidencia ante el país que tienen grandes silos para almacenar materia prima importada, monumentales plantas para procesarla y empacarla, pero no tienen ni una mínima hectárea sembrada.

El Estado: el único que siembra en Venezuela

La orfandad agrícola y la exorbitante dependencia de las importaciones alimentarias que dejó Empresas Polar tras 50 años de operaciones en Venezuela es abismal. Tanto así que durante la era puntofijista y el califato tropical de la familia Mendoza, el PIB agrícola no superó la microscópica cifra del 7%.

En el año 2013, el estado Portuguesa, como consecuencia de la efectiva política de apoyo técnico y financiero a productores agrícolas por parte del Gobierno Bolivariano, rompió su propio récord del año 2010 en producción de maíz y arroz con un total de 1 millón 665 mil 417 toneladas.

A finales de ese mismo año, la producción agrícola en general subió en 10,6% en comparación con el 2012.

La fábrica Pronutricos, rescatada de la quiebra por el Gobierno Bolivariano hace varios años, y encargada de fabricar harina de maíz, también rompió su propio récord de producción con 12 mil toneladas puestas a la disposición de la población en la red pública de comercialización.

Este intensivo nivel de productividad agrícola se mantuvo durante el año 2014. La producción de arroz específicamente aumentó en un 20% al cierre del año en cuestión y la producción de maíz se estabilizó en la inédita cifra presentada arriba.

Durante el año 2015 se prevé mantener estos altos niveles de producción agrícola con la puesta en marcha del Plan Siembra Soberana, el cual tiene como eje operativo cultivar 960 mil hectáreas de distintos tipos de cereales, además de ofrecer 26.000 toneladas de semillas y asistencia técnica a medianos y pequeños productores.

Por su parte, la producción de girasol, debido a las diversas inversiones que realiza el Gobierno Bolivariano en el estado Portuguesa, agregará mil toneladas adicionales al consumo interno, lo cual supera con creces las expectativas del año 2013.

El Estado venezolano, administrado primero por el Comandante Chávez y ahora por Nicolás Maduro, es el único actor económico que ha invertido seriamente en la producción agrícola, consolidando inversiones a la largo plazo, reforzando sistemas integrados de abastecimiento, almacenaje y asistencia técnica, elevando la productividad en fábricas y plantas rescatadas de la quiebra, fiscalizando el transporte de alimentos; en fin, un organigrama efectivo de políticas públicas dirigidas a reducir paulatinamente las importaciones alimentarias.

El Estado venezolano, cuando Chávez y ahora con Maduro, es el único que ha invertido seriamente en la producción agrícola

Polar no invierte nada

Empresas Polar no desea invertir sus ingentes recursos financieros depositados en el extranjero en la siembra de rubros agrícolas estratégicos para el país. Su actividad consiste, única y exclusivamente, en procesar, empacar y comercializar el maíz, el arroz, el girasol y otros rubros que produce el Estado venezolano de vital importancia para que Empresas Polar extienda su condición de indigencia económica.

Empresas Polar también importa, procesa, empaca y comercializa productos a base de trigo, lomo de atún y pasta de tomate, y no lo hace con recursos financieros propios, sino con las divisas que genera el Estado venezolano a través de Pdvsa.

Empresas Polar es, simple y llanamente, una bodega de proporciones industriales que subsiste a partir de lo que producen los demás, en este caso, el Estado venezolano. Y aún con esta innegable realidad económica que pesa sobre su lomo, Lorenzo Mendoza, el bodeguero responsable del castillo de naipes, todavía tiene el caretablismo de decir que el Gobierno Bolivariano no estimula la producción privada, cuando todos sabemos que necesita desesperadamente del Estado para seguirse batiendo una de empresario en New York.

Pero ese caretablismo viene incluido en su bozal de genes atiborrados de “genialidad”.

Al igual que su padre y abuelo, la “brillantez” e “inventiva” de Lorenzo Mendoza radica en su compulsiva agromitomanía, pues en verdad él cree que tanta Harina Pan empaquetada y vendiéndose en comercios es producto de “su esfuerzo” y no de las divisas que le entrega el Estado venezolano, y ni qué decir de las gandolas llenas de arroz y de maíz que se le expenden desde los silos de la Corporación de Abastecimiento y Servicios Agrícolas (Casa).

Cachetada final

Las principales marcas de Alimentos Polar dependen a totalidad de la importación realizada a través de las divisas preferenciales entregadas por el Estado venezolano y del potencial productivo en el área agrícola que ha impulsado el Gobierno Bolivariano en 16 años.

Harina Pan, Arroz Primor, Mazeite y Mantequilla Mavesa dependen del maíz, del arroz y del girasol producido, almacenado y distribuido por el Estado venezolano, como también de las divisas que éste último genera para suplir las parasitarias necesidades procesadoras de Empresas Polar a través de importaciones subsidiadas.

Pastas Primor, Pampero (salsa de tomate), Atún Margarita, Rikesa y Migürt dependen de materias primas y estabilizantes artificiales que no se producen en Venezuela, por lo cual es necesario que venga nuevamente el Gobierno Bolivariano, aquel que supuestamente no le da estímulos a la empresa privada, a entregarle los dólares que no producen para que puedan realizar sus importaciones. Sólo así podrán seguir siendo parte de esa casta de inútiles llamada “empresariado nacional”.

La misma mecánica ociosa, improductiva y fraudulenta se pone de manifiesto cuando sólo por medio de los dólares de Pdvsa, Cervecería Polar, puede importar cebada y lúpulo para fabricar cerveza, o cuando la inmensa gama de bebidas Pepsico, administrada por Empresas Polar, exigen con exactitud el mismo malacostumbrado procedimiento.

Polar nunca se interesó (ni se interesará) en producir alimentos. Y tanto es así que esa misma lógica improductiva llegó hasta tal punto que hasta el plástico con el que envuelven la Harina Pan, la botellita de Pampero y el frasquito de Migürt, también son importados con dólares que les otorga el Gobierno Bolivariano. Los pequeños detalles que ratifican el carácter lumpenburgués de Empresas Polar.

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