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¿La culpa, de Chávez y Maduro, o de la burguesía parásita?

10/01/2017

Carlos Machado Villanueva

Fue gracias a una entrevista al dirigente político Alí Rodríguez Araque que muchos en Venezuela nos enteramos que nuestro signo monetario arrastra una sobrevaluación respecto al dólar desde 1936, cuando un representante de la burguesía financieraimportadora de entonces, en su condición ministro de finanzas incumplió un acuerdo de autoridades financieras internacionales de la época de devaluar la monedas nacionales en un 10 por ciento.

Por el contrario, Vicente Lecuna (fundador del Banco de Venezuela hoy nacionalizado) revaluó nuestro Bolívar, iniciándose así a la destrucción de una aún incipiente economía capitalista productiva, cuyas consecuencias, con la caída de los precios petroleros, hoy han quedado al desnudo.

Pudiera entonces deducirse de esta proposición que lo que ha hecho el Gobierno del presidente Nicolás Maduro, no es sino cumplir con lo que Rodríguez lanzó como una premonición de inevitable ocurrencia: una significativa y dolorosa devaluación del bolívar frente al dólar para ubicarlo, ahora sí al parecer, en la realidad cambiaria actual de al menos 600 a uno, según la tasa Dicom vigente de manera oficial.

Esta realidad no parece ser otra que la de un país que a estas alturas no sólo es que no produce muchos bienes con valor agregado nacional (exclusividad tecnológica, y competitividad) y altamente exportables, que le permitan satisfacer las necesidades de sus habitantes; sino que además no los produce a escala de exportación requerida.

Lo que, dichos sea de paso, le permitiría a Venezuela acudir al mercado internacional con sus excedentes y venderlos, y de este modo obtener dólares por vías no rentista, como venia sucediendo hasta el crack petrolero inducido por EE.UU. dirigido a arruinar las economías de sus principales enemigos ideológicos y geopolíticos de hoy: Rusia, Irán y Venezuela. Sí, Ve-ne-zue-la.

Una burguesía “quiste”

Pues bien, esa masa de dólares por exportaciones que en un “momentum” del circuito monetario pasan a fortalecer nuestras Reservas internacionales (capacidad de pago) es, según los criterios básicos de macroeconomía, uno de los factores claves, junto al de la Balanza de pagos) que le dan la fortaleza, y la paridad cambiaria justa, a nuestra moneda frente a cualquier otra, y en particular frente al dólar.

Como es sabido, la divisa estadounidense domina, sobre todo luego de romper los acuerdos de Bretton Woods (1943) e imponer en 1971 el llamado Consenso de Washington, el mercado cambiario internacional.

Aunque hoy cada vez más el Yuan es vista como una divisa de intercambio comercial que justiprecia el valor de las moneda de países con economías que, aunque también emergentes como la China socialista, no alcanzan ni remotamente los niveles relativos de productividad y de exportaciones logrados por el gigante asiático.

Venezuela es, pues, lamentablemente uno de esos países, gracias al afán importador y agiotista-acumulador de una burguesía importadora y parasita asentada, o mejor dicho, enquistada en su territorio.

Esta se dedico en los últimos 100 años al jugoso negocio de importar hasta el bien más insignificante, o baratija -por su relativo bajo costo de producción en el exterior, fundamentalmente, EE UU-, para luego revenderlo a precios especulativos en nuestro país y así capturar y acumular en mayor proporción la renta petrolera, cuando lo procedente era producirlo en éste y desarrollar así nuestra industria manufacturera aguas abajo.

Algo que de paso le era menos difícil a un país con bastante hierro y aluminio en el subsuelo, además de petróleo y energía eléctrica baratos.

Una prueba simple de esta afirmación es que nuestro país aún hoy no produce una herramienta tan elemental cuando de producir algún bien manufacturado se trata: un simple martillo; o incluso, uno un poco más potente, como es una mandarria de mano, de esas usadas en talleres metalmecánicos, y que no es otra cosa que una masa de hierro colado y moldeado al cual se le incorpora un mango de madera.

Desde siempre

Quizá lo anterior sirva para graficar la dimensión de la tragedia de nuestra economía que, según cifras de algunos especialistas, está al menos en un 70 por ciento en manos privadas, no desde hace 17 años que lleva el proceso bolivariano, sino desde siempre.

Pero como bien alguien se encargó de recordárnoslo recientemente, la consolidación de esa burguesía exportadora y apátrida como casta dominante en el hecho económico venezolano, y peor aún, en el plano político, comenzó cuando aquellos mantuanos criollos –venezolanos descendientes en su mayoría de españoles conquistadores-, operó en el transcurrir de estos dos siglos de existencia de la republica.

Inició por lo visto cuando de agentes viajeros y empleados de las empresas aduaneras extranjeras que manejaron las importaciones y exportaciones de la Venezuela colonial, la Casa Guipuzcoana y los Welsares, aquellos criollos con estructura mental colonizada -por razones obvias-, pasaron luego a ser agentes de ventas de, por poner un ejemplo -de los cientos que se pudiesen esgrimir-, de poderosos conglomerados transnacionales, como pudiera ser el fabricante de herramientas “Stanley, para seguir en la línea de las herramientas.

Audacia diletante

Ahora a donde se quiere llegar. No entender esta realidad y pensar que el proceso bolivariano podía superarla en 17 años, como pretendían algunos que aun dicen ubicarse en la izquierda “revolucionaria”, es bastante audaz; como no lo es menos, el esgrimir un argumento como el de que el Gobierno de Nicolás Maduro ha traicionado el proyecto chavista, y peor aun, ha engañado al pueblo al imponerle una política de shock fondomonetarista en materia cambiaria y de endeudamiento externo.

Muchos de éstos diletantes de hoy son los que se rasgaban las vestiduras en el pasado reciente defendiendo la tesis de la “Nueva Economía Política” de Lenin –“Tomemos lo mejor del capitalismo para construir el socialismo”, habría dicho-, que planteó la necesidad de la Rusia soviética de 1920, acosada y bloqueada . ¿No este el caso nuestro?-, de promover un desarrollo de las fuerzas productivas que garantizasen la producción de bienes suficientes para satisfacer la demanda de la población, lo cual pasaba por estimular con apoyo del gobierno revolucionario y socialista a empresarios capitalistas ganados para tal fin.

Sí, capitalistas, pero de esos con espíritu nacionalistas y disposición de asumir riesgos -no parásitos mercachifles, que aún dominan nuestra economía.

Ganados, por tanto, para establecer una alianza ganar-ganar, entendida ésta como que hoy es perfectamente la coexistencia de un Estado socialista bolivariano de justicia social y de derecho, además de inclusivo, con un sector empresarial capitalista corresponsable y con aspiraciones  sensatas de ganancia, y sobre todo respetuoso de la institucionalidad democrática y socialista bolivariana.

¿No es algo parecido a eso a caso lo que intentó Chávez y ahora intenta, más aún con el alborear del 2017 y con el horizonte político-económico más despejado, el presidente Nicolás Maduro, aun y la persistente guerra económica y no convencional, no declaradas, contra su Gobierno? Ah, si lo logró China, ¿por qué no lo podemos lograr nosotros? El debate está abierto.

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